
De regreso en tren, miras por la ventanilla del vagón y te das cuenta del movimiento de la vida y te conviertes en espectadora del paso del tiempo. Y pasan coches, pasan árboles, pasan montañas y, de pronto, se abre el telón, y pasa mi vida por delante de mí y me pregunto dónde estoy, a dónde voy, de dónde vengo. Y me encuentro con mi historia, repasando mi vida como un cuento, con un discurso estructurado que tiene coherencia. Y ese relato que me cuento es mi GUIÓN DE VIDA, un programa inconsciente lleno de mensajes parentales que se han convertido en mandatos obligados a cumplirse.
Ese guión de vida se aprende en la infancia, cuando más vulnerable e indefenso estás y te sientes. Y son principalmente los padres los encargados de escribir los primeros capítulos de nuestra vida y aunque no podemos dudar que cualquier padre quiera lo mejor para su hijo porque se esfuerza, lucha y pelea para que tengas una buena educación y una buena vida es posible que lo haga al margen de las necesidades emocionales del hijo; como son el cuidado, la atención, la autonomía. Está centrado en sacar adelante a la familia y no se da cuenta que, además de las necesidades del adulto de pagar la hipoteca, las actividades extraescolares o las notas, hay un niño que necesita que le miren, le escuchen, le dediquen tiempo para que se sienta importante, cuidado, atendido y valorado. Es posible, con esta lectura, que puedas estar conectando con tus necesidades emocionales infantiles y comprendas que aunque tus padres hicieron lo que tenían que hacer, sin cuestionar la querencia, sientas la carencia de algunas de estas necesidades básicas. Y puede ser que se abra tu telón y te preguntes, con lo recibido en mi infancia, ¿cuál es mi guion? ¿Qué título le pondría a la película de mi vida?
Por supuesto, pidiendo permiso a mis pacientes, me encuentro con mi joven Ángela que tiene el guión “Piloto automático” y le van sucediendo actualmente cosas para las que no cree tener el control de su destino. O mi adulta Carmen que no disfrutó de su madre porque trabajaba todo el día y sigue creyendo con su guión “Estoy en peligro” que a través de la enfermedad y la ansiedad tendrá irracionalmente a su madre. O con Sara que se cree “soy una mierda y no soy importante” porque su padre prefirió dedicarle más tiempo a su nueva relación que a ella. Guiones diferentes, pero con resultados parecidos de impotencia, angustia o decepción que van a condicionar la vida y las relaciones posteriores. O vivo depresiva y perdida; o vivo con ansiedad y en alerta o vivo autodestructiva simplemente porque percibí por la forma de relacionarse mis padres conmigo que mi vida tiene que ser así. Y si no me planteo nada diferente, me comportaré según ese guión.
Para no ser derrotista, que no va conmigo, todos tenemos a nuestro alcance el PROYECTO DE VIDA. Es la capacidad de volver a decidir sobre nuestra vida para no repetir patrones, con nuevo título que llevará a nuevas conductas saludables antes de que se baje el telón. Sólo me tengo que preguntar, qué quiero para mí y volver a decidir sobre mí y sobre mi futuro. Sólo yo puedo escribir lo que quiero vivir. Solo mi adulto puede darle a mi niño interior lo que necesita para sentirse suficientemente validado.
Interesante para la buena autoestima de mi hijo y para su guion de vida dedicarle tiempo para sentirse importante, escuchar lo que te tiene que decir, cuidarle sin protegerle para que sea una persona autónoma, respetar sus opiniones, y en general sentirse aceptado incondicionalmente. Se cierra el telón aunque este cuento no se ha acabado.
Hasta la próxima conexión digital. Un abrazo.


