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ENTRE TÚ Y YO

Hoy, 11 de septiembre

Chona Martínez Viernes, 11 de Septiembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

Era agosto, recibí una llamada de mi cuñada Marta.

 

- ¡Riiin, riiin¡¡riiin, riiin!

 

- Hola Marta, ¿qué tal?

 

- Hola Chona, te llamo para organizar un viaje juntos a Nueva York.

 

- ¿Y eso?

 

- Ya sabes que mi hermano está allí y me ha comentado que podemos hospedarnos en su casa de Queens, que tiene sitio para nosotros.

 

- Me pillas fuera de juego, pero lo comento y te vuelvo a llamar.

 

Un par de semanas más tarde esperábamos el vuelo para cruzar el charco. Rellenamos los impresos necesarios para entrar en Estados Unidos y con la tarjeta de embarque en la mano tardamos poco en acomodarnos en nuestros asientos para empezar a disfrutar del viaje.

 

Durante el trayecto recordé la primera vez que fui a la Gran Manzana. En aquella época era casi como hacer un viaje espacial a pesar de la canción de Mecano, que animaba a ir a Nueva York con el dólar devaluado y la botella de Fundador. Fue un viaje de amigas inolvidable, repleto de anécdotas y aventuras, donde Ana fue nuestra anfitriona y cicerone en su pequeño apartamento en el Soho. Nunca le agradeceremos lo suficiente su hospitalidad para poder realizar un sueño.

 

Disfrutamos de la ciudad más fotografiada y filmada del mundo en plena juventud y con ganas de no perdernos todo lo que nos pudiese ofrecer la ciudad que nunca duerme. Conocimos los iconos turísticos y descubrimos que sí había marcha en Nueva York.

 

Y por supuesto, visitamos las Torres Gemelas.

 

 

Tuvimos un buen vuelo y mejor aterrizaje.

 

Con una temperatura maravillosa del mes de septiembre, pateamos la ciudad en todas direcciones, todo seguía en su sitio, pero la energía que desprende la ciudad siempre es diferente. A la vanguardia de todo, como escaparte mundial, hace que los lugares cobren una nueva perspectiva. Repleta de ebullición en todos sus parámetros, en vertical, los rascacielos siempre tienen actividad mañana y noche, en horizontal, cientos de personas en todas direcciones por sus amplias avenidas y en el subsuelo, siempre abarrotado de gentes saltando de línea a línea del metro. No falta ninguna raza ni color en esta metrópoli donde los neoyorquinos son un número insignificante en comparación con los extranjeros residentes y los miles de turistas dispuestos a no dejar ningún rincón sin fotografiar.

 

Visitamos todos los lugares imprescindibles e incluso el edificio de la ONU, donde trabajaba nuestro anfitrión, y disfrutamos del diseño y mobiliario original de Le Corbusier y comer en su restaurante con unas impresionantes vistas sobre East River fue un sueño cumplido.

 

Y por supuesto, visitamos las Torres Gemelas.

 

Volvimos el 9 de septiembre, con el buen sabor de un viaje maravilloso y aún con el jet lag en el cuerpo, apareció en la televisión una de las imágenes más impactantes que aún conservo en mi memoria. Sin saber qué pensar y sin dar crédito a lo que estaba viendo, entró el segundo avión en la torre sur.

 

Solo entendí una cosa, a partir de entonces habría un antes y después.

 

Lo demás ya lo sabemos todos, el mundo cambió desde ese momento.

 

Hoy, viernes 11 de septiembre quiero rendirle un sentido homenaje a todas aquellas personas que perdieron la vida en aquel terrible atentado cuyo fin era demostrar a la humanidad que somos vulnerables. Una vulnerabilidad que nadie pudo distorsionar ni ocultar porque fue a la vista de todos.

 

El próximo viernes, más.

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