
Me llamo Alma y hasta hace dos días formaba parte de los humanos vivos, pero eso ha cambiado…Ahora lo veo todo desde otra dimensión.
Tras el cristal de la ventana “indiscreta” por la que Violeta se asomaba cada día, se visualizaba una actividad desenfrenada. Ejecutivos que llevaban el paso acelerado, mamás que empujaban sus carritos, médicos que iban hacia sus consultas, albañiles que se dirigían hacia sus obras, policías que velaban por la seguridad...
- Margarita, ¿me acercas mi rebeca por favor? Esta mañana hace frío.
- Claro Violeta, si es que por esa ventana entra mucha humedad. Toma, abrígate bien - la aleccionó la atenta cuidadora.
Violeta tenía aspecto de tener muchos años, su piel mostraba muchos signos de vejez y las marcas y surcos de su cara, evidenciaban su elevada edad. Me había detenido en aquella casa cuando vi desde fuera a Violeta mirando por aquel mirador al exterior como si observando lo que ocurría a través de su ventana, fuera a arreglar el mundo.
- Hoy cumplo cien años Margarita y como cada día me gusta reflexionar sobre el significado de la vida. Mirar hacia fuera y ver lo que acontece, me ayuda a mirar hacia dentro y ver lo que guardo - compartió sus pensamientos en voz alta con su fiel cuidadora. Ya sabes que he tenido tres hijos y una vida feliz - continuó diciéndole.
- Sí Violeta, claro que lo sé, son muchos años junto a ti y conozco mucho de tu vida, de lo que muestras y de lo que albergas en tu interior, de lo que cuentas y de lo que callas, y sobre todo de lo que eres - le dijo Margarita mientras le tapaba las piernas con una mantita.
Continuó diciéndole: Violeta estoy aquí muy a gusto y estaría toda la mañana contigo, pero tengo que terminar mis tareas y sobre todo tu tarta para cuando vengan tus seres queridos a compartirla con nosotras.
Violeta (y yo), nos quedamos allí sentadas mirando la vida pasar, como si aquel cristal que separaba el interior del exterior fuera un indicador de dos extremos perfectamente diferenciados: la actividad desenfrenada en contraposición a la calma más absoluta de aquella habitación en la que únicamente se escuchaba el tic tac del reloj y la respiración de ella (puesto que yo ya no respiro).
Sobre su regazo tenía una libreta y una pluma, y comenzó a escribir:
31 de diciembre del año en el que cumplo un siglo; Mi vida ha sido feliz, muy feliz. Nunca he intentado aparentar menos edad de la que realmente tengo. Los años son sólo eso, tiempo, y por más que a veces uno se empeñe en que no avance, lo sigue haciendo, así es que eso está aceptado. Tampoco nunca he intentado dar la imagen de algo que no soy, lo que llevo dentro es lo que se ha visto fuera, así es que, en cuanto a este tema, tampoco tengo nada que contar.
- Querida, ¿Estás bien? - gritó Margarita desde la cocina.
- ¡Sí! Muy bien. Reflexionando. Sigo en mi rincón inspirador y además me siento acompañada, como si siguieras aquí. Tranquila - contestó Violeta.
Yo también me sentía acompañada y además en paz, la compañía de alguien que cumple cien años y muestra esta serenidad debe ser lo más parecido al cielo (pensé). Alguien que es capaz de transmitir tan maravillosas sensaciones sabiendo que mucho no le puede quedar, es el claro ejemplo de la satisfacción.
Mi más preciado tesoro son mis hijos por los que me he sentido viva continuamente, por los que daría mi vida si hiciera falta. No puedo imaginar mi mundo sin ellos. Quererlos ha sido mi objetivo principal - prosiguió escribiendo.
Sonó el timbre y se escucharon voces y risas en la puerta. David entró en la salita donde nos encontrábamos y abriendo los brazos de par en par se dirigió a su madre cantando al mismo tiempo el cumpleaños feliz.
- ¿Cómo está la madre más guapa del mundo?
- Muy bien cariño mío y ahora aún mejor. Llama a Margarita y dile que traiga la tarta. ¿Y tus hermanos? Vamos a soplar las velas - dijo impaciente Violeta buscando con la mirada a sus otros dos hijos.
Fue emocionante ver cómo entraron a la sala sus hijos, sus nietos y su fiel compañera.
- Venga sopla abuelita- le dijo Susana, su nieta más pequeña.
- Soplo 100, dijo ella. El 1 por esa vida rotunda maravillosa que he vivido junto a vosotros, el primer 0 por el comienzo de mi nuevo año y el segundo 0 porque nada nos separe.
Todos aplaudieron con efusividad y ella volviéndose hacia la ventana hizo una última reflexión: mientras transcurre la vida fuera yo me quedo dentro. No necesito más de lo que tengo.
¡Qué palabras tan sabías las de aquella mujer que con tantos años se sentía viva, feliz y plena! Le sobraban las prisas, lo material y lo superfluo. La llenaban las sonrisas, los abrazos y la cercanía de sus personas importantes.
Cuando me toque irme lo haré agradecida, dijo dirigiéndose hacia donde me encontraba. Dio media vuelta y disfrutó de lo que tenía. Abrazó a su familia y se fue a dormir.
¡Hasta pronto y feliz semana!



