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ENTRE TÚ Y YO

Cadenas de amor

Mariate Almela Viernes, 18 de Septiembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

Me llamo Alma y hasta hace dos días formaba parte de los humanos vivos, pero eso ha cambiado. Ahora lo veo todo desde otra dimensión...

 

Hay equipos de trabajo que son más que un grupo de personas que tienen un objetivo común. A veces pasa y esto ocurre cuando además de perseguir todos un mismo fin, hay compañerismo, empatía, igualdad de trato, sinceridad, integridad, humanidad ... y un sin fin de subjetivos que elevan al grupo a la categoría de equipo.



- Susi, ¿puedes venir? - dijo Alberto con una voz suave, pero firme. 



- Sí claro, voy - contestó ella al mismo tiempo que se levantaba.



- Necesito tener esto a tiempo, me han llamado de la fábrica y me han metido mucha prisa - comentó Alberto a su empleada. 



Susana salió del despacho con dos carpetones grandes y una sonrisa entre los labios. Sus compañeros la miraron y una de ellas le preguntó: - pero Susi, ¿eso es para hoy? Son las cinco ya. 



- Eso te va a llevar mucho tiempo- comentó Ángela. Y prosiguió diciéndole: me quedo contigo y te ayudo.



- ¿De verdad harías eso por mí?, ¡eres un cielo! - dijo emocionada a su compañera. 



- Pues claro que sí, vamos a ello - la alentó Ángela como si acabaran de comenzar su jornada.



Yo admiraba aquel comportamiento desde la mesita donde me había instalado cuando tras escuchar cuchicheos a través de una pared, tuve la curiosidad de adentrarme en aquella oficina y observar que estaba ocurriendo allí. 



- Pues yo también me quedo - dijo Juanito que era el único chico del equipo a parte del jefe Alberto - traigo café y unas magdalenas que me hizo mi madre esta mañana y nos las comemos a la salud de ella y de lo rapidico que vamos a terminar.



Al fondo había otra chica que los miraba atónita: - pues sí que tenéis ganas de liaros... pero vamos que yo si hay dulces me quedo también; ¡ala! reparte trabajo Susi. 



Comenzaron a separar las copias, y rápidamente se ingeniaron una cadena en la que Ángela fotocopiaba, Juanito encuadernaba, Susi ordenaba y Paquita empaquetaba. Alberto esperaba paciente para hacer el envío.



Algunas lágrimas cayeron rodando de mis ojos e increíblemente mojaron la última copia encuadernada. Todos miraron a Susi y la abrazaron.



- Sabemos que las magdalenas están de muerte compi, pero no llores, ja, ja, le dijo Juanito para aliviar su estado de emoción. 



- No estoy llorando chicos, lo que sí estoy es muy agradecida. Nunca podría desear compañeros más grandes que vosotros, sois estupendos. Sin vuestra ayuda habría estado aquí hasta mañana por la mañana - Susi sonrió a cada uno de ellos, los besó y dibujó algo sobre aquella copia mojada.



Claramente en aquella oficina no había lugar para otra cosa que no fuera lo que yo estaba viendo, integrantes de un grupo de trabajo que tenían ese “algo más" que convierte a una plantilla en un equipo de personas especial. 



Un rato antes de que esto pasara había escuchado (que es lo que me hizo entrar a aquella oficina) a una persona externa a aquella sección criticando abiertamente a dos de las trabajadoras que allí se encontraban e intentando enemistar a Paquita con las otras dos.  Atravesé la pared con esa fuerza que fluye del interior y le dije al oído: “si aquí hay amor esas palabras que dices se volverán contra ti”. Es imposible que me escuchara porque desde que pasé al otro lado solo personas especiales han captado mi presencia, y ella no lo era, pero cuando entré dejó de hablar y se retiró. Y como había amor todo fluyó como acabo de contar.



Me acerqué a la mesa en la que habían colocado las copias, cogí la última sobre la que derramé mis lágrimas de emoción, en la que Susi había dibujado unos preciosos eslabones con el nombre de los cinco y floté hacia donde se ubicaba la mujer X, para que cuando llegara al día siguiente se convenciera de que no tenía nada que hacer frente a aquella cadena de amor que intentaba deshacer.



¡Muchas cadenas de amor os deseo queridos lectores!

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