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ENTRE TÚ Y YO

Así fue la vida de muchas familias en este país...

Sandra Roca Jueves, 01 de Octubre de 2020 Tiempo de lectura:

 

Las familias, cada uno con la suya y sus peculiaridades, teníamos que estar confinados, algunos en su habitación de casa.


Todos vivimos bajo el mismo techo. Y nos queríamos como siempre; es decir, muchísimo. Pero jamás las familias han estado tan alejadas los unos de los otros y sin embargo vivíamos muchas horas bajo el mismo techo, como nunca habíamos vivido.



La culpa la tiene el maldito coronavirus. Si algún miembro de la familia tenía síntomas de contagio por  coronavirus, llamaba a ese teléfono habilitado por las autoridades sanitarias españolas para ser atendido.


Cronología de un coronavirus en casa:



Se producía una llamada a ese número y le comentaba al facultativo que le atendía que tenía tos, que se sentía cansado, con dolor muscular y, sobre todo, que había perdido completamente el sentido del gusto y del olfato, el diagnóstico era rotundo: "Tiene usted síntomas propios del coronavirus".



Ese diagnóstico es fatal. Y eso que, hasta ahora, ese miembro de la familia no había tenido fiebre ni problemas de insuficiencia respiratoria. Cada tres horas se ponía el termómetro, tal y como le indicó la doctora, pero por fortuna siempre tenía una temperatura normal. Y cruzaba los dedos para que la cosa siguiera así.



Aislado tras una puerta


Desde el momento del terrible diagnóstico, y siguiendo las recomendaciones de su doctora, este miembro de la familia permanece aislado, encerrado en completa soledad, en una habitación de su casa.



El núcleo familiar no podemos tener contacto con él, para tratar de evitar que nos transmita el virus. Y ese encierro tiene que durar 15 largos días con sus noches…


Por suerte, nuestra casa en un campo de Golf es amplia. Así que este familiar no solo dispone de una habitación para él, también le hemos dejado uno de los dos baños con que cuenta nuestra vivienda para su uso exclusivo.



Le dejamos una bandeja con la comida en la puerta, algo incompresible hace tan solo unas semanas...

 

Las preguntas:


"¿Qué tal, ¿cómo te encuentras?", le preguntamos cada mañana, siempre a través de esa puerta cerrada que nos separa como una barrera infranqueable.

La misma puerta a cuyos pies le dejamos a diario sobre una bandeja el desayuno, la comida y la cena, tengo la sensación de vivir con un preso o mucho peor un preso, contagiado. Él la devuelve al mismo sitio cuando termina de comer y cierra inmediatamente la puerta.



Desinfectar todo lo que toca



Come en su propio plato, con sus propios cubiertos, bebe en su propio vaso… Hemos destinado algunas piezas de vajilla a su uso exclusivo.


Y, después de cada comida, me enfundo los guantes para retirar su bandeja y lavo cuidadosamente todos esos utensilios con lejía y mucho detergente, como recomiendan las autoridades sanitarias que hagamos.
Solo miradas, nunca pensé que una mirada diría tanto, y tan poco.



Se desinfecta a conciencia todas las superficies que ha tocado, se friega a conciencia el suelo con agua y un buen chorro de lejía. Y me llevo la bolsa, con cierre hermético, en la que tira los pañuelos desechables y las servilletas de papel que utiliza.


También saco la bolsa en la que echa su ropa sucia. Genera bastante, porque cada día hay que cambiarle las toallas y lavar toda su ropa.


Por seguridad, la bolsa con su basura la meto dentro de otra bolsa de basura y la deposito en el cubo de nuestro edificio (tarea para la que me pongo otros guantes). Y así cada día hasta pasar la maldita cuarentena.



"Confinamiento dentro del confinamiento"



Se afronta esta situación con bastante resignación.



Sus expresiones: “Llevo ya cuatro días encerrado en una habitación. Y tendré que estar 15 días en total tras haberme diagnosticado que tengo 'el bicho'", como se refiere él con humor al coronavirus.



"La verdad es que es un poco aburrido, pero mantengo algunas rutinas: me levanto a la misma hora que si tuviera que ir a trabajar, me ducho, me afeito y me visto como si fuera a salir a la calle. Nada de estar todo el día en pijama. Pero los días pasan despacio; hay que rellenar el tiempo, y aunque no estoy trabajando porque estoy de baja, sí leo los correos del trabajo y estoy en contacto por teléfono o videoconferencia con mis compañeros", cuenta.


Afortunadamente toca el piano y tiene un teclado en la habitación que puede tocar a cualquier hora (con auriculares, claro), y esa es la ocupación a la que más tiempo le está dedicando estos días.
Reconozco que en esta situación es una suerte tener un hobby como este, que te permite desconectar y dejar de dar vueltas al coronavirus.


Sin duda, las 20.00 horas es uno de los mejores momentos, el minuto de agradecimiento a esa hora, la inmensa mayoría de los españoles nos abalanzamos a nuestras ventanas y balcones para aplaudir durante un minuto a nuestros equipos sanitarios por la titánica tarea que están haciendo para salvar vidas a pesar de los pocos medios de los que disponen.


Toda la familia, salimos a aplaudir al balcón del salón y, unos siete metros más allá, ahí está él, aplaudiendo desde el balcón de su habitación.


No lleva mascarilla, yo tampoco. Y nos podemos sonreír.


Es, sin duda, el mejor momento del día, es el momento.

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