
Hoy ha saltado en mi teléfono el recuerdo fotográfico del viaje que realizamos a Sri Lanka, hace ya un año.
No, no se me había olvidado, muy al contrario, lo sigo teniendo muy presente y saboreo muy a menudo muchos momentos mágicos que pasamos allí.
![[Img #75422]](https://murciaeconomia.com/upload/images/10_2020/2832_img-20201008-wa0008.jpg)
Esta era mi segunda incursión a un país asiático, y si el primero había sido una experiencia inolvidable, esta fue un sueño.
Conocer este país de sur a norte, desde Galle hasta Jaffna, pasando por Kandy y Dambulla es descubrir un abanico de culturas y religiones claramente diferenciadas que simplemente me conquistó.
Comenzamos nuestro viaje en la capital, una ciudad vibrante, ruidosa y caótica, rumbo al norte con un chofer que nos hacía de guía y aunque las carreteras son buenas, la forma “liberal” de conducción de los ceilandeses hace más “emocionante” cualquier ruta. Poco a poco vas entendiendo su código de circulación un tanto kamikaze, solamente posible por la ausencia del consumo de alcohol.
![[Img #75423]](https://murciaeconomia.com/upload/images/10_2020/2151_img-20201008-wa0009.jpg)
Me vienen tantos recuerdos que se me amontonan los temas. Templos budistas, templos hinduistas, budas gigantes, naturaleza exuberante, playas infinitas, turismo no masificado, una sabrosa comida, plantaciones del mejor té, manadas de elefantes, ruinas y una lista interminable de lugares recomendables.
Pero si tuviese que resaltar algo, no sería otra cosa, que la calidad humana de sus gentes a lo ancho y largo de “la lágrima de la India”. La seguridad para pasear por sus ciudades, la amabilidad en el trato y su hospitalidad es infinita. Zonas en las que percibes pobreza van acompañadas de dignidad, no de miseria ni mendicidad.
Es inspirador su colorido en los mercados de frutas, en los puestos de especias, en sus saris y en sus flores.
![[Img #75424]](https://murciaeconomia.com/upload/images/10_2020/5652_img-20201008-wa0010.jpg)
La propuesta que os traigo, está relacionada con todo ello. Me enamoraron sus delicados arreglos florares a la puerta de los templos y en las recepciones de los hoteles a modo de bienvenida. Están en pequeños estanques o pilas de piedra con agua, con flores naturales flotando, de diferente naturaleza y color, formando dibujos geométricos, como un movimiento de caleidoscopio. Así que decidí adaptarlo a mi modus vivendi y he cambiado en muchas ocasiones jarrones con flores, por cuencos amplios decorados con flores estacionales de diferente color. En este caso, buganvillas y jazmines.
Natural y auténtico como este país, donde aún no impera “made in China”
Cuando volví me pregunté cómo no había ido antes y ahora me pregunto cuando podré volver.
Con vosotros...el próximo viernes.

