
El impulso creador surge de una necesidad. Pensemos como ha sido desde el principio de los tiempos. Creamos el fuego porque sentimos frío durmiendo en las cavernas. Creamos la rueda para mover grandes bloques de piedra. Dibujamos en las paredes de las cuevas para avisar de que había alimento. Da Vinci creó la servilleta para no ensuciarse las manos al comer. Guttenberg creó la imprenta porque necesitaba reproducir más rápidamente los manuscritos y así satisfacer la creciente demanda de comunicación. Todo proceso creador lleva en su interior la satisfacción de una necesidad. El proceso es el siguiente: me doy cuenta de que tengo una necesidad, percibo la sensación física, me preparo para arrancar, paso a la acción, tomo contacto con mi realización y me siento satisfecho por mi logro.
Hasta el año 1000 la música se trasmitía oralmente. Imaginemos la dificultad de memorizar largas líneas melódicas, sin saber además de qué tono partir. Fue entonces, atendiendo a la necesidad de escribir la música para facilitar su trasmisión, cuando se dio el gran salto de la memoria al papel. Guido de Arezzo, monje benedictino, inventó lo que supondría un hito en la historia de la música occidental: la línea roja. La primera línea de lo que con el tiempo sería el actual pentagrama. Guido era maestro de canto en la catedral de Arezzo. En su trabajo sentía las limitaciones que suponía hacer llegar a sus alumnos cantidades ingentes de notas. Esa necesidad de escribirlas fue la que le llevó a inventar un método lineal de música revolucionario. Comenzó trazando una línea roja horizontal a la que llamó FA.
Este hecho, que ahora puede parecernos simple y sin relevancia, constituyó un cambio sustancial a la hora de cantar la música, ya que era un punto de partida de la altura del primer sonido y un punto de referencia para el resto de sonidos. Más adelante creó una segunda línea superior amarilla que llamó DO, y más tarde dibujó tercera línea entre la amarilla y la roja que denominó LA. Los espacios entre ellas eran las notas SOL y SI. Este sistema, precursor del tetragrama vigente durante la Edad Media en los cantos gregorianos y posteriormente del pentagrama, está basado en un principio de líneas paralelas equidistantes que permite representar las diferentes ALTURAS del sonido.
Una necesidad satisfecha nos lleva al inicio de un nuevo ciclo de satisfacción de necesidades impulsado por la satisfacción de la anterior. Una vez resuelta la manera de escribir los sonidos había ahora que nombrar dichos sonidos. Guido recurrió al Himno a San Juan Bautista de donde seleccionando la primera sílaba de cada verso obtuvo: UT, RE, MI, FA, SOL, LA. Siglos más tarde se introdujo la nota SI combinando las iniciales del último verso “Sancte Ioannes”. Como UT se hacía difícil para el canto, posteriormente se cambió a DO.
En 2020 estamos viviendo un nuevo ciclo de necesidades a las que dar respuesta. Existen necesidades básicas, fisiológicas y existen también necesidades culturales y de autorrealización. La pandemia generada por el covid-19 ha puesto de manifiesto las enormes carencias y desigualdades del sistema que hemos construido. Hasta ahora, las tapábamos con mayor o menor sutileza, pero en este momento vital han quedado al descubierto y no se pueden negar. El primer paso del proceso creador es ser consciente, darme cuenta individual y colectivamente de que tengo una necesidad. Si vivimos en una sociedad negadora no podemos generar un cambio.
De ahí que la frase que más se escucha en la actualidad es el deseo de “volver a la normalidad”. ¿De verdad queremos volver a la vida anterior? ¿Podemos pensar en crear un mundo mejor? ¿Vamos a aprender de los errores y vivir este momento como una oportunidad de cambio? Necesitamos personas creativas capaces de liderar un cambio, capaces de escuchar las necesidades y de ponerse en la acción para ofrecer soluciones que satisfagan dichas necesidades. Necesitamos una línea roja que sea un punto de partida para un cambio y un punto de referencia para el futuro.
Un abrazo sonoro
Soledad Hernando



