Queda mucho por hacer
Con mayor frecuencia de la deseable recibimos con sorpresa el mensaje institucional sobre lo mucho que queda por hacer para recomponer la economía nacional.
Se puede discutir el mensaje y decir que no queda mucho por hacer, alegando seguidamente desinformación -no cuela, dados el alcance y la efectividad actual de las tecnologías de la información y comunicación-, o pérdida repentina del sentido común -muy creíble, dada la evidencia de lo contrario-, incluso con enajenación mental transitoria. Lo extraño del mensaje es que -viniendo de quien viene- desconcierta que recoja lo obvio -ya conocido por todos- y no incluya nuevas y rigurosas medidas correctoras con extrema diligencia, dada la complicada situación que vivimos. Y no se discute que se han hecho muchas cosas antes de ahora. Pero si queda mucho por hacer, ¿a qué esperamos?
Nuestra Asociación lleva más de dos años poniendo de manifiesto la destrucción de empleo en las empresas de ingeniería y la necesidad de no paralizar la inversión productiva y austera, que dinamizará la economía. ¿Resultado? Continúa la destrucción y el cierre de empresas, al no existir inversión productiva. ¿Y en otros sectores de actividad? Numerosos cierres de empresas -temporales o definitivos-, debidos a las pérdidas económicas, a la baja demanda de los productos y servicios que ofrecen, al incumplimiento de la Ley de Morosidad por parte de las administraciones públicas, a la escasa eficacia en la respuesta de nuestras administraciones públicas ante el cambio de modelo económico, así como a otras posibles causas. Queda mucho por hacer. Eso, más mensajes institucionales, que no nos hemos enterado.
Son tiempos de austeridad -se nos dice-, de paralizar el gasto para controlar el déficit público. El crecimiento llegará más tarde, una vez controlado el déficit. ¿Más tarde, cuando ya no queden empresas de ingeniería o de otras actividades productivas? Es verdad que queda mucho por hacer cuando vemos que la inspección laboral ha detectado 4.500 trabajadores que cometían fraude en el cobro del desempleo, 40.000 empleos sin contratos, 800 empresas ficticias y 14.000 contratos falsos. Y cuando en conocidas Fundaciones se producen delitos de malversación de fondos públicos, estafa, apropiación indebida y fraude. Y cuando desde la política o la judicatura se niegan a dar cuenta de los llamativos gastos en los que incurren con frecuencia y que son soportados siempre con fondos públicos, aportados por los administrados. Y cuando las Empresas y Administraciones Públicas no tienen trabajo ni función conocida, pero mantienen sus equipos y perciben sus salarios como si desempeñasen actividades productivas.
Queda mucho por hacer, efectivamente.
Pues adelante, manos la obra. Pero sin marear más la perdiz, ni demorar la adopción de medidas que puedan suponer un remedio para la grave situación actual. No nos digan que el año próximo -o el siguiente- puede que tomemos medidas. O no, ya veremos.
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Queda mucho por hacer, efectivamente.
Pues adelante, manos la obra. Pero sin marear más la perdiz, ni demorar la adopción de medidas que puedan suponer un remedio para la grave situación actual. No nos digan que el año próximo -o el siguiente- puede que tomemos medidas. O no, ya veremos.
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