
El decreto de noviembre de 1810, de libertad de imprenta, aprobado por las Cortes de Cádiz, significó la posibilidad de difundir libremente ideas, pensamientos, sentimientos e informaciones sin necesidad de pasar por el filtro de los censores, lo que facilitó la aparición de un conjunto de periódicos de corte liberal, jaleados posteriormente por la Constitución promulgada el 19 de marzo de 1812. Los conceptos de igualdad y libertad vencían a un periodo absolutista y dibujaban un escenario esperanzador. Hacia 1814 la mitad de la prensa gaditana era liberal, con El Clarín de la libertad, El Conciso, El Duende de los Cafés, El Semanario Patriótico o El Robespierre Español, entre muchos otros, en oposición a un número decreciente de periódicos absolutistas. Marqueses y Condes compartían espacio con parlamentarios e intelectuales en la nueva ola de libertad con artículos de política, interior, exterior, provincias, variedades, sección local y religiosa, actos oficiales, itinerario de correos, y en general sobre los problemas cotidianos de los ciudadanos. Los españoles comenzamos entonces a adoptar el liberalismo en un amplio abanico de ideas políticas, desde el liberalismo progresista hasta el liberalismo conservador pasando por el liberalismo republicano, haciendo del liberalismo y la libertad una idea transversal.
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Con el regreso de Fernando VII y la reacción del Manifiesto de los Persas, un documento suscrito el 12 de abril de 1814, en Madrid, por 69 diputados de tendencia absolutista, publicado como Real Orden, se volvió a interrumpir toda la actividad periodística. El manifiesto toma su nombre de la costumbre de los persas de tener cinco días de anarquía tras la muerte del rey, lo que los absolutistas compararon con el periodo de liberalismo gaditano, como de si de una opresión se tratara, entrando en un periodo oscuro. El 25 de abril de 1815 se prohibió cualquier publicación no oficial. A partir de entonces se suceden alternativamente las etapas de represión y libertad de imprenta coincidiendo con los periodos absolutistas y liberales, respectivamente. El periódico El Clamor Público original de 1846 es buen ejemplo de esto, siendo “periódico liberal” del 12 de abril al 3 de octubre de ese mismo año, unos pocos meses.
Al llegar la revolución de 1868 y la Constitución de 1869, menos famosa que su prima de 1812, la libertad de prensa vuelve a resurgir a través de la libertad de expresión, y con ella y la Ley de Imprenta del gobierno liberal de Sagasta los periódicos liberales vuelven a tener una época dorada, con El Liberal o La Vanguardia como ejemplos nacionales y en la entonces provincia de Murcia con hasta 11 periódicos nada menos. Es lo que Javier Fernández Sebastián llama “El liberalismo triunfante”.
La accidentada vida de la Segunda República española no le permitió ser un ejemplo de libertad de expresión inmaculada, y de hecho la censura siguió funcionando –quizás conviene mencionar que una cosa buena trajo: el derecho de réplica-, con pródigo de medidas de carácter represivo y con parlamentarios luchando frente a esta situación como nuestro famoso Benito Pérez Galdós. La contribución al liberalismo desde su escaño de diputado ha sido ensombrecida por su faceta escritora de novelas, pero Galdós era conocido en el exterior como “Spanish Liberal Crusader”, lean a Juan José Bellón o a Hyman Chono al respecto. Al llegar el dictador Franco la situación siguió empeorando para el liberalismo, y ya en 1939 se incautó de los pocos periódicos liberales que permanecían activos. Los extremos, como tantas otras veces, se tocaban.
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Abundan ejemplos de la travesía ideológica liberal en prensa. El caso de El Liberal en Murcia, fundado en 1902 por los dueños de El Liberal de Madrid, es especialmente significativo. Comenzó como un periódico de izquierda liberal, enfrentado a La Verdad y El Tiempo, de corte más conservador, pero fue evolucionando hacia el liberalismo monárquico, el radicalismo y el republicanismo hasta ser incautado por Franco en 1939. En La Paz de Murcia, con el lema “libertad con orden y moralidad”, escribía Rafael Almazán, venido de Granada, trabajos como “¿Podemos ser liberales sin ser herejes?”, y en el periodo 1704-1982, vean la imagen de Antonio de los Reyes, tras las literarias el mayor número de publicaciones murcianas eran liberales. El País, por ejemplo, es otro ejemplo interesante, pasando de ser un periódico del “régimen” –nos indica Jesús Gago que ahondemos en esto leyendo el capítulo XXIV de “El Cura y los mandarines” de Gregorio Morán- a ser el periódico del “régimen”, pero con regímenes y transversalmente opuestos desde un punto de vista ideológico. Qué les voy a contar que no sepan ya.
No cabe por tanto hoy duda que el liberalismo nació en España, en la España ibérica y la atlántica, y que la búsqueda de la libertad y las reformas para una vida mejor desde la política no existían antes de La Pepa. Hoy esas ideas que el pueblo abrazaba con fragor cada vez que se les permitía están ahogadas por un matrix de relato, por una polarización exacerbante y una ideología de cuchillo. Se necesita altavoces que puedan escucharse por aquel que quiera acceder a ellos, libre y voluntariamente, y que digan al mundo que sí, que otra forma de hacer las cosas es posible, y que quizás, solo quizás, poco a poco, vaya calando entre la gente que es mejor dialogar que pelearse, consensuar que confrontar, y reformar a perecer. Bienvenidos a El Remedio Liberal.
Pretende esta sección actuar de altavoz de ideas liberales desde un punto de vista personal sin las imposiciones por tanto propias de la correcta política, pues serán todas ellas opiniones personales de sus autores que no podrán colectivizarse, manteniendo las principales líneas liberales, a saber, la innata crítica vigilante al poder político del liberalismo, acoger opiniones no mayoritarias fuera del mainstream mediático y evitar la propaganda o mera publicidad típica de la cuadra cultural. La participación de voces discordantes con el sendero pre-trazado y la argumentación intelectual que estas voces puedan hacer no es habitual hoy día, de hecho apenas quedan lienzos liberales, y por tanto este pequeño rincón que se establece como speakers’ corner del liberalismo murciano se nutrirá de la propia sociedad civil y permitirá recibir los remedios que personajes liberales de nuestro entorno ofrecen a los problemas cotidianos que nos afligen, en la medida en que estos problemas sean abordables.
No podemos esperar una cura milagrosa, pero sí un remedio alternativo, una luz en el horizonte y un argumentado enemigo del estereotipo social, que espero cale en los lectores de MurciaEconomía a los que les interese más el palo que la zanahoria y que sepan ver las sombras en los laterales del camino a recorrer hacia el prometido maná. Au plus tarde.

