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ENTRE TÚ Y YO

Una grieta en la creación

Javier Escolano Miércoles, 04 de Noviembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

“La ciencia no sabe todo lo que le debe a la imaginación” Ralph Waldo Emerson (Boston, 1803).

 

Durante miles de millones de años, la vida discurrió de acuerdo con la teoría de la evolución de Darwin: los organismos (incluida, nuestra especie) se desarrollaron mediante variaciones genéticas aleatorias, algunas de la cuales confirieron ventajas para la supervivencia, competencia y reproducción. Hasta ahora.

 

Hoy, los científicos, usando poderosas herramientas biotecnológicas para hacer pequeños ajustes en el ADN de la célula, pueden modificar racionalmente el código genético que define cualquier especie del planeta, incluida la nuestra.

 

Precisamente, JENNIFER ANNE DOUDNA (Washington, 1964), Catedrática de Química y Biología celular y molecular en la Universidad de California (Berkeley) y EMMANUELLE CHARPENTIER (Juvisy-sur-Orge, 1968), directora del Instituto Max Planck de Biología de la Infección, han sido galardonadas con el Premio Nobel de Química de 2020 y anteriormente recibieron el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2015, por el desarrollo de un método para la edición del genoma. 

 

Es el conocido procedimiento llamado CRISPR”, acrónimo en inglés de clustered regularly interspaced short palindromic repeats (repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente espaciadas). Como dice JENNIFER A. DOUDNA,  “la mas novedosa y, posiblemente, la más eficiente herramienta de ingeniería genética para editar, como si fuera un simple fragmento de texto, el genoma (el contenido completo de ADN de un organismo, que incluye todos sus genes)”.

 

Es sin duda un hito en la ingeniería genética y dominio biológico, que abren una era revolucionaria, pues, “con tal de que sea conocido el código genético de algún rasgo en particular, los científicos pueden usar CRISPR para insertar, editar o borrar el gen asociado en cualquier genoma de una planta o de un animal.

 

En el libro UNA GRIETA EN LA CREACIÓN (Editorial Alianza, 2020), JENNIFER ANNE DOUDNA y SAMUEL H. STERNBERG, nos facilitan, desde el interior de la investigación científica, la descripción de la herramienta, sus posibilidades terapéuticas y el reto ético que implica, estar en condiciones de “cambiar para siempre la composición genética de la humanidad”.

 

[Img #76170]

 

 

1º. Descripción de la herramienta:

 

Este método podría resumirse, en palabras de JENNIFER A. DOUDNA: “CRISPR está basado en el sistema inmunitario de las bacterias, en la forma en la que estos microorganismos pueden encontrar y cortar el ADN del virus para defenderse de la infección”. “Lo que hemos hecho es aprovechar esa actividad fundamental y utilizarla como si fueran unas tijeras moleculares con un objetivo diferente: cortar ADN en células humanas, de animales, plantas, etcétera”. Esto permitiría reparar el ADN en un lugar preciso y hacer cambios en el código genético.

 

En otras palabras: CRISPR transformó la caja de herramientas que usaban los biólogos concediéndoles el poder de reescribir el genoma, prácticamente, como quisieran. En lugar de seguir siendo un documento inmanejable e incomprensible, el genoma se convertiría en maleable, como un fragmento en prosa a merced de un bolígrafo rojo del editor o un software. Teniendo en cuenta que los genes, después de todo, no son más que los portadores de la información, como los planos de una casa; la meta de la edición génica no es solamente alterar los planos, sino cambiar la forma de la estructura que se construye”.

 

2º. Aplicaciones:  

 

La mejora genética de vegetales (soja, plátanos, etcétera; y su importancia en la alimentación humana) y de animales (eliminación de patógenos, vacas sin cuernos, perros más musculosos, cerdos generadores de órganos susceptibles de trasplantarse a humanos, mosquitos no trasmisores de infecciones, etcétera), abren, sin duda, interesantes perspectivas.

 

En cuanto a la utilización en el ser humano, es importante distinguir según afecte a un tipo u otro de células, a saber:

 

Las células germinales son aquellas cuyo genoma puede ser heredado por las siguientes generaciones y, por tanto, contribuyen a la línea germinal del organismo (la corriente de material genético que pasa de una generación a la siguiente).

 

La edición en la línea germinal ha sido útil como herramienta de investigación, pero su uso en seres humanos plantea retos de seguridad y éticos. Por cuanto todas las versiones de CRISPR tendrán inevitablemente efectos no deseados impredecibles y, si bien es cierto que toda terapia médica o fármaco tiene efectos secundarios, en la edición génica, cualquier cambio imprevisto en la secuencia del ADN es irreversible. Por eso CRISPR ofrece la mayor esperanza para tratar enfermedades monogénicas  (aquellas causadas por un único gen mutado).

 

Las células somáticas son prácticamente el resto de las células del organismo: corazón, músculo, cerebro, piel, hígado, etcétera. Cualquier célula cuyo ADN no se transmita a la descendencia. La edición de células somáticas para tratar enfermedades genéticas es mucho menos conflictiva que editar células germinales, ya que los cambios no pueden transmitirse a los descendientes de los pacientes. Sin embargo, en la práctica es mas complejo.

 

3º. El reto:

 

Nuestro dominio sobre el código de la vida conlleva un nivel de responsabilidad para el que nosotros, como individuos y como especie, estamos escasamente preparados.  Se trata de una nueva era en la historia de la vida sobre la Tierra, una era en la que los seres humanos ejercerán un nivel de control sin precedentes sobre la composición genética de las especies junto a las que habitamos nuestro planeta. Cuando este deseo se dirige hacia algo constructivo, el resultado puede ser fantástico, pero podrá también tener consecuencias indeseadas o incluso calamitosas.

 

“Creo que deberíamos evitar usar la tecnología CRISPR para alterar permanentemente el genoma de las futuras generaciones de seres humanos, al menos hasta que hayamos meditado en profundidad las cuestiones que planteará la edición de células germinales. Hasta que no tengamos mejor conocimiento de todos los problemas éticos y de seguridad concomitantes y hasta que no hayamos dado a todas las partes interesadas la oportunidad de participar en el debate, los científicos harían bien en dejar la línea germinal en paz.

 

En mi opinión: la búsqueda de la perfección parece casi intrínseca a la naturaleza humana, pero si nos lanzamos a esta aventura con las herramientas biotecnológicas, es preciso un debate histórico acerca del futuro de nuestro mundo y, en particular, de la humanidad. Pues, si nuestro mundo es desigual, no es difícil predecir los efectos que la edición génica podría tener en la estructura de nuestras sociedades; en el sentido que las desigualdades económicas podrían pasar a nuestros genomas y a los de nuestros descendientes.

 

Quizás, como expresó el Director del Proyecto Genoma Humano, FRANCIS COLLINS (Staunton, 1950): “la evolución ha estado actuando para optimizar el genoma humano durante tres mil ochocientos millones de años. ¿De verdad creemos que un pequeño grupo de aficionados artesanos del genoma humano va a poder hacerlo mejor sin ocasionar todo tipo de consecuencias inesperadas?

 

En cualquier caso, es un tema que está presente con el diseño de algunas de las vacunas experimentales en fase avanzada, frente al COVID-19, que, según la información publicada, se han diseñado a partir del ARN mensajero (mRNA-1273) combinado con el código genético del virus.

 

En una sociedad, como la nuestra, devastada por el miedo (a enfermar, morir, perder el empleo, arruinarse o quedar empobrecido), en la cual la mentira es el vehículo diario de la manipulación política e ideológica, la desinformación la manta que pretende ocultar la responsabilidad y la desvergonzada dejación de funciones por algunos notables titulares y responsables de instituciones y servicios; el resultado es la indefensión y el desamparo individual y colectivo de ciudadanos, a quienes, además,  se les restringe o eliminan derechos económicos y libertades publicas, con una desigualdad inaceptable.

 

Cuando los avances tecnológicos y computacionales (inteligencia artificial y herramientas digitales), de un lado; y, los métodos de ingeniería genética, por otro, tendrían que hacer más intensa la comunicación Ciencia – Ciudadanos, para engendrar un fructífero debate en la opinión pública, que culminara en una toma de decisiones trasparentes por nuestras instituciones democráticas como garantía de un destino compartido; asistimos a todo lo contrario.

 

Queridos lectores, quince días, hoy en nuestras vidas, es una unidad extensa de tiempo e intensa en cambios, que no me permite anticiparles otra cosa que mi apuesta por “superar la indiferencia”, confiar en la ciencia e investigación técnica, la necesaria comunicación con ciudadanos que no súbditos y la adecuada exigencia de responsabilidad a nuestras instituciones.   Y, por supuesto, mi compromiso con ustedes, en el hallazgo de opiniones e historias que atesoran los libros.

 

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