
La voz es como una huella dactilar, es única en cada persona y nos distingue de los demás. La voz es nuestra manera de estar en el mundo y se construye como resultado de la fisiología de nuestro aparato fonador, de nuestra postura corporal y de nuestras emociones.
El uso de la voz se remonta al inicio de los tiempos. Antiguamente no existía el lenguaje hablado, por lo que nuestros antepasados se comunicaban emitiendo sonidos que hacían posible la supervivencia. Con el paso del tiempo, el cráneo fue cambiando de forma, la lengua se desplazó hacia atrás, la laringe se alargó y bajó haciendo más espaciosa la cavidad bucal, lo que facilitó la producción de nuevos sonidos que fueron dando lugar al lenguaje.
La voz humana es producida en la laringe, siendo la glotis el verdadero órgano de fonación humano. Cuando nuestras cuerdas vocales vibran, crean una onda sonora que cambia su forma a medida que va pasando por la laringe y por los resonadores. El rango vocal lo determina la flexibilidad y la longitud de las cuerdas vocales. Así podemos distinguir la tesitura aguda de mujer y de hombre llamadas soprano y tenor respectivamente, la tesitura media donde se encuentran la mezzosoprano y el barítono, y la tesitura más grave que son la contralto en mujer y el bajo en el hombre. Hasta los 12 años se llaman voces blancas, ya que todavía no se han producido los cambios fisiológicos que determinan la altura de la voz.
Sin embargo, no debemos confundir la altura con el timbre. La voz de cada persona se mueve en un rango de altura en la que se siente cómodo, pero hable o cante más agudo o grave siempre la distinguiremos por su TIMBRE de voz. Para explicar esa cualidad que nos distingue de los demás siempre pido a mis alumnos que se tapen los ojos, y entonces pido en secreto a uno de ellos que diga algo. Inmediatamente todos corean su nombre, todos adivinan quién ha hablado. Y lo reconocen por su timbre, por su color de voz.
Es una obviedad, pero hay que recordar que la voz está en el cuerpo. Por lo tanto, según cómo esté nuestro cuerpo así sonará nuestra voz. No podemos disociarlo. Podemos engañar con la palabra, pero no con la voz. Como el sonido sale de nuestro cuerpo, la postura que adoptemos repercutirá en la emisión del sonido. No tiene la misma proyección sonora la voz de una persona encogida que una persona con el pecho abierto.
Pero además de la diferencia en los aspectos fisiológicos y posturales, existen aspectos psicológicos que modifican nuestra voz, como el estado de ánimo, el momento del día, el contexto en que estamos, la persona con la que hablamos… La explicación es que la emoción afecta a los movimientos musculares del aparato respiratorio y ello modifica el tono de voz de la persona. Cuando hablamos, las palabras no las emitimos desnudas, sino que van acompañadas de nuestras emociones. La emoción afecta a los movimientos musculares del aparato respiratorio y a la laringe, y ello modifica el tono de voz de la persona. Si a un bebé le reñimos con un tono dulce y agradable sonreirá, por el contrario, si le decimos cosas bonitas con un tono enfadado llorará. El tono emocional que empleamos comunica más que las palabras que empleamos.
El sonido es una poderosa herramienta de sanación y de transformación, y es mucho más poderosa y efectiva cuando usamos nuestra propia voz. Cuando utilizamos nuestra voz estamos accediendo a nuestra fuente de energía, a nuestras emociones reprimidas. Nuestra voz refleja todas las partes de nuestro ser incluyendo nuestro inconsciente. Existen terapias que emplean la voz para acceder a lugares recónditos de nuestro cerebro, para tener acceso a información que quedó sepultada y que bloquea nuestro presente sin que nosotros seamos conscientes.
Dicen que CANTAR libera el alma, y tiene mucho sentido porque es una apertura al mundo. Somos en la voz, somos en el canto. Cantar influye en la bioquímica de nuestro cerebro, ya que al cantar se segregan endorfinas, hormonas que producen sensación de placer. Cantar aumenta los niveles de cortisol y de oxitocina, hormonas que ayudan a reforzar la autoconfianza y el bienestar. Cantar es una gimnasia neuronal. Si además cantamos en grupo, reforzamos los vínculos, la cohesión social, la comunicación y la cooperación entre las personas que lo integran. Para cantar en un grupo hay que respirar al unísono y eso crea un latido común.
Además, existe una VOZ INTERIOR que hace audible nuestra intuición y responde a un saber interior no mediatizado por la razón. En un mundo como el actual, tan mediatizado por las opiniones de todos, debemos cuidar la llama de nuestra voz interior para que no se apague.
Hoy quiero alzar mi voz para reivindicar la función del maestro en la sociedad. Todo cambio, toda transformación, pasa por la educación. En la situación actual, con todos los elementos en contra, estamos consiguiendo crear un espacio seguro gracias a la responsabilidad de los docentes y de los alumnos. No han cambiado los recursos, que siguen siendo los de siempre, ya que no hemos recibido ninguna ayuda de las prometidas, pero nuestro sentido de la responsabilidad y nuestra pasión por la labor que desempeñamos hace que no perdamos el ánimo y nos levantemos cada día para afrontar lo que nos ha tocado.
Desde aquí y con “mi voz virtual”, quiero pedir un fuerte aplauso para profesores y alumnos.
Un abrazo sonoro
Soledad Hernando

