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ENTRE TÚ Y YO

Piso pisotón

Esther Egea Miércoles, 11 de Noviembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

Bachata, Lambada, Salsa. Cada baile tiene su ritmo y su coreografía. No sé si habéis tenido la experiencia de asistir a clases de baile pero hasta que le coges el tranquillo hay que memorizar pasos y coordinarse con uno mismo y con la pareja. Práctica que se va interiorizando y automatizando por ensayo y error.

 

Al igual que el baile hay otras habilidades que podemos aprender pero no todas son necesarias en la vida. Reconozco que aprender bachata me ha animado en alguna fiesta pero la necesito tanto como saber montar a caballo, dar volteretas  laterales o escalar montañas. Pero lo que sí necesitamos todos es saber relacionarnos con los demás.

 

Las habilidades sociales son necesarias en la vida para comunicarnos. Depende cómo lo hagamos o lo enseñemos las relaciones serán de mejor o peor calidad. Y ahí, como en un baile, empezamos descoordinados y con pisotones. Incluso me atrevo a decir que hay personas que tienen dos pies izquierdos para relacionarse con los demás.

 

Las situaciones que relato a continuación sólo le pasan al vecino y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia pero lo que sí es real es que los hijos están observando e imitando. Por ejemplo, mamá hablando por teléfono y le dice a su amiga que van a quedar a tomar café a pesar que no le apetece. Cuelga y su hijo atento y para nada ajeno a la situación copia el mensaje “aunque no te apetezca hacer algo, hazlo”. Suena a sumiso o pasivo y a poco respeto a las necesidades personales. A lo mejor cuando esté en el parque y otros le digan de tirar piedras al árbol, lo haga, aunque no le apetezca.

 

Otra situación, papá en la puerta del colegio recogiendo a sus hijos  y para el coche en la misma carretera porque le es más cómodo, dificultando el paso del resto. Su hijo copia el mensaje “piensa en ti y da igual si molesta a los demás”. Suena a agresivo y a poco respeto a las necesidades de los demás. Posible que su hijo cuando lleve el balón al cole no quiera compartirlo con nadie y sólo se pueda jugar a lo que él quiera.

 

Ambas son situaciones cotidianas que aunque no le damos importancia llevan implícito el respeto hacia uno mismo y hacia los demás. Es lo que en habilidades sociales se conoce como asertividad, “la capacidad para relacionarnos de manera adecuada y educada con los demás”.

 

Hay habilidades básicas de cortesía, donde los adultos nos esforzamos en enseñar a los hijos el buenos días, gracias y por favor para que haya un mundo mejor. Luego hay habilidades más avanzadas como unirse y participar en grupo; iniciar mantener y despedirse de una conversación; tomar decisiones, autocontrol. Y hay habilidades que tiene que ver con la asertividad, el respeto en los derechos humanos básicos, como tener mi propia opinión; pedir lo que necesito; decir que no; expresar una crítica; y en este punto cada uno tenemos un estilo de conducta.

 

Para entender estos estilos utilizo a mis animales sociales, tres amigos que ayudan a ver de manera menos amenazante las consecuencias sociales. Tenemos a Manolo, un gorila fuerte y agresivo que tiene muchas iniciativas pero siempre quiere tener la razón, manda en los demás y desprecia las otras ideas. Otro animal es Tortu, una tortuga tierna pero con un  caparazón duro para esconderse con facilidad ante situaciones donde tiene que participar, dar su opinión o poner límites. Y, por último, está Loli, un loro amable y libre para expresar lo que siente y para escuchar lo que opinan los demás.

 

Recuerdo a mi amiga Olivia que después de experiencias de bullying y esconderse como una tortuga ha decidido empezar a respetarse como el loro Loli. Pero como cualquier aprendizaje necesita de muchos ensayos y  de momento su necesidad de defender sus ideas le puede llevar a ser un poco intolerante con las ideas de los demás, como Manolo, pero tengo la certeza que encontrará el equilibrio para no pisotear ni pisotearse. Aprenderá a bailar al ritmo de la música. Y tú, ¿aprendes a bailar sin pisotón?

 

Nos vemos la semana que viene. Un abrazo. Esther.

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