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ENTRE TÚ Y YO

Un techo de cristal

Ángeles Hernández-Gil Jueves, 12 de Noviembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

En la soledad femenina hay encuentros que solo son patrimonio de ella, conseguidos con mucho esfuerzo, escogidos con toda la naturalidad con la que se ha desenvuelto, en situaciones y ambientes poco propicios a pesar de todo. Aún así la mujer está consiguiendo, si es que no lo ha conseguido ya, su propósito en la vida, situarse en la misma categoría que al varón. Una valentía constante, una ardua tarea en un mundo estrechamente masculino, desde el principio de los tiempos. Ahora la manipulación viene de muy cerca, a veces de la propia mujer que busca una alienación universal que, en algunos aspectos puede causarle dificultades.

 

Virginia Wolf quiso romper los cánones tradicionales tanto en la sociedad en la que vivía como en su literatura. A final del siglo XIX sus novelas son novedosas, rompedoras, la sitúan en la novela experimental inglesa de la época. “Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir. Y es esto lo que deja sin resolver el problema de la naturaleza de la mujer y la verdadera esencia de la novela”. Su ensayo “Una habitación propia” pone de manifiesto sus inquietudes feministas, defiende a la mujer intelectual para que consiga su espacio, que le haga aislarse, sin sentirse observada. Virginia Wolf acierta con una frase sencilla y liberadora que puede reconciliar a la mujer con su entorno doméstico y social, un pequeño salto que la ayudará a romper barreras. Un lugar donde refugiarse fuera de miradas intimidatorias, que nadie puede arrebatárselo, elegido por ella misma.

 

Las mujeres en el siglo XVII tenían que optar por situaciones degradantes, como el concubinato; un estado intermedio entre el casamiento y la soltería. Pero en público se iba imponiendo una moral más estricta. Los talentos no estaban reservados a la mujer, pero en raras ocasiones podían dar a conocer sus aptitudes para las artes mediante algún protector con influencia, que las ayudaba, las daba a conocer, y algunas pudieron pasar a la historia.

 

En el espléndido ensayo “Armonía y suaves cantos” (una joya de libro) Anna Beer habla de mujeres de distintas épocas que se dedicaron a la música rompiendo las reglas más rígidas de su sociedad, y que en la mayoría de los casos quedaron en el anonimato. Muchas mujeres estaban anuladas por sus maridos, incluso por sus padres; veían una locura que las chicas insinuaran competir con los hombres en temas que les estaban vetados por su condición femenina.

 

Robert Schumann adoraba y necesitaba la energía de Clara: “Ámame mucho, ¿me oyes? Pido mucho porque yo doy mucho”. Y le pide todo: que críe a sus ocho hijos, administre la casa, que no deje de ser una mujer dulce, alegre y espontánea, que sea una maravillosa pianista… también compositora… Ah, eso es otra cosa. Es demasiado para la mente complicada de Robert. No. A veces él incorpora música de Clara Wieck (su apellido de soltera) a sus propias obras. Ella duda de las ideas de su marido respecto a su futuro artístico. Y le escribe una carta diciéndole que no podrá ser feliz si no puede sumergirse en su obra. “¿Debo enterrar mi obra? El amor es maravilloso, pero, pero…” la lucha de Robert Schumann que libra contra sí mismo le hace utilizar un egoísmo no exento de amor y necesidad.

 

La compleja dualidad hombre mujer estará de actualidad en todo momento, presente y futuro. Coloquial o dramático se necesita el equilibrio que proporciona la pareja; aparecerán otros modelos novedosos surgidos por la paradoja de consolidar una responsabilidad con consecuencias similares, pero originales en este terreno. ¿Es el amor un mito en realidad? Algunas mujeres al observar cómo la vida se desarrolla al margen de los convencionalismos anteriores se llenan de temor; no están preparadas para el gran cambio que ya está en vigor; adaptarse a las circunstancias más vanguardistas pueden hacer desaparecer, y no sin razón, perspectivas en las que se habían apoyado, sintiéndose paralizadas, inmóviles, o, por el contrario, dejando que aparezca alguna sorpresa en la cuerda floja. Mujeres que escapan de su rol se afanan por ir en busca de nuevos horizontes; en tanto que el papel de la mujer batalla, por una liberación y un cambio radical en la sociedad.

 

Situarme en un tema tan serio, detenerme, hoy, cuando metida en una soleada mañana de otoño, la esperanza roza más el divertimento que la gravedad del tema, me apetece aislarme en el recuerdo del paisaje mediterráneo, como si fuera un refugio, y al pasar mis apuntes no puedo ir más lejos de esta modesta divagación sobre la mujer, no sobre el feminismo, aunque es probable que siempre lo haya sido, sin poner etiquetas, para no resbalar en terreno pantanoso donde, es cierto que: un machismo consentido y aplaudido, existía.  

 

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