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Opinión |
Viernes, 06 de Julio de 2012

La Bankia de Ban Ki-Moon

Puede ser un cuento chino, pero tal vez esté escrito en coreano. Como la de la ONU, costosísima e inoperante invención, la historia de nuestras cajas está repleta de líderes de cartón piedra, algunos sorprendentemente dotados de una irreprochable cara de cemento armado. Nuestra CAM era lo peor de lo peor para un señor llamado MAFO, acrónimo misterioso de un gobernador que nunca gobernó aquel banco que en otro tiempo fuera el de España. Empero, sus apreciaciones se quedaron una vez más tan cortas como su entendimiento. Allí estaba Bankia para batir el récord de la ineptitud, la negligencia y el despropósito, y dejar a los camaleones de la caja alicantino-murciana como simples aprendices.

En mayo, tarde como nunca, la Fiscalía Anticorrupción abría diligencias de investigación para desentrañar uno de los más inextricables eventos que nuestro sistema financiero ha sido capaz de generar: la fusión de las siete cajas siete que engendraron el engendro de Bankia, así como su salida a Bolsa y su ulterior nacionalización. Y ahora con los calores de julio, la Audiencia Nacional salta a la palestra, e imputa a Rato y 32 ex consejeros de BFA y Bankia por presunta estafa y falsificación de cuentas. A partir de ahora empieza a reescribirse la historia, ya se vará en qué idioma, de la que fuera cuarta entidad bancaria de nuestra España del bienestar.

Bankias, bancajas, Cams -y otras que buenas las harán- nos demuestran fehacientemente que el sistema no funciona. Y si no funciona, no basta con reformarlo: hay que regenerarlo. No podemos exigir sacrificios por doquier, recortar de aquí y de allá, obligar al ciudadano a una austeridad límite, e inyectar simultáneamente cifras billonarias en entidades como nuestra ONU bankiana, para que luego todo siga igual. E ironía de ironías, los inefables irresponsables de tantos desaguisados intentan marcharse a su casa tan ricamente (nunca mejor dicho... ricamente pertrechados hasta la náusea). ¿O no dulce Amorós que de amor me hieres? ¿O tal vez exagero, querido ex directivo bankiano, Aurelio Izquierdo, que pretendías jubilarte con apenas 13,8 millones, y renunciaste a 6 milloncejos por el qué dirán?

Sin embargo, tanto izquierdos como derechos, se muestran como seres miríficos: hagan lo que hagan son irresponsables, porque su responsabilidad no es de este mundo. Y ante tal muralla, ya veremos como se emplea el juez de la Audiencia Nacional, Fernando Andreu, en un caso tan arduo como el de Rato y su prepotente Consejo de Administración. Además de don Rodrigo, están citados como imputados  personalidades tan significadas como José Luis Olivas, ex presidente de Bancaja, el ex ministro Ángel Acebes  y Francisco Verdú, que aún permanecía como consejero delegado, y que se vio obligado a dimitir al conocer la imputación. Asimismo, figuran en la prolija lista representantes de partidos de izquierda, como Jorge Gómez y José María de la Riva, (ambos del PSOE) o José Antonio Moral Santín (IU), o el que fuera alcalde socialista de Castellón,  Antonio Tirado. Aun pidiendo que se respete escrupulosamente la presunción de inocencia de todos los imputados, hay que exigir al mismo tiempo la máxima celeridad a la Justicia.

La querella de UpyD, que es la que ha propiciado el proceso, fue apoyada por la Fiscalía Anticorrupción, que estaba dando palos de ciego desde mediados de la última y maldita primavera, que vivimos en medio de una confusión creciente. Los presuntos delitos cometidos, que por fin se investigan, erigen un monumento singular a la era de la abundancia y del dinero fácil: estafa, apropiación indebida, falsificación de cuentas anuales, administración fraudulenta y maquinación para alterar el precio de las cosas. Puro oropel: virtudes públicas, vicios privados.

En su épico testamento, que escribió a los pocos días de desencadenarse el desastre de Bankia, Rato lamentó que el reflote de la entidad fuera «a costa» del Estado, en torno a un 2% del PIB. Llamaba la atención su acto de contrición sin arrepentimiento alguno; precisaba que "cualquier exceso" inversor inmobiliario se produjo antes de mediados de 2007, cuando estalló la crisis de las hipotecas 'subprime'. "Lógicamente el consejo de administración de Bankia es muy posterior a esta fecha", explicitaba don Rodrigo, para difuminar toda responsabilidad sobre la situación que había conducido al rescate bankiano. Y ya apuntaba entonces a una cifra aun más escalofriante; según su docto criterio, la ayuda sería de 22.000 millones y no de 19.000 como se venía insinuando. Si le sumáramos los 4.500 millones ya evaporados en el primer envite, estaríamos hablando de más de 26.500 millones.

Al final los justos contribuyentes acabarán pagando por los rutilantes pecadores de la cultura del 'dolce far niente'; hasta el último céntimo, hasta el último aliento... “¿Qué podría hacerse socialmente con 23.500 millones de euros?”, se preguntaba con amargura José L. Leante, director de Cáritas de la Diócesis de Cartagena, en alusión a la célebre millonada que se destinará a los huérfanos bankianos. "Desgraciadamente" el rescate de Bankia se hará a cargo del Tesoro Público y "a costa" de sus actuales accionistas, "pudiendo provocar unas consecuencias negativas para el resto del sector financiero con coberturas muy inferiores", advertía sin pestañear Rato, y ya se sabe que el que advierte no es traidor... Y a fe que las ha provocado... Todo un cataclismo.

El ex presidente de Bankia, a modo de última voluntad, en su farragosa misiva de tres páginas de renglones torcidos, como sólo puede escribir el Sumo Hacedor, incidía asimismo en los 300 millones de beneficios de 2011, qué mágicamente se habían trocado en 3.000 millones de pérdidas. Un simple cero a la derecha, que nada cambiaba: "Es sólo consecuencia -decía- de unas provisiones adicionales para el ejercicio 2011”. Sólo una nimiedad contable, apenas una ilusión quijotesca... O la razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura bankiana... Lo admito: yo también necesito un rescate. Que alguien me ayude.

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