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ENTRE TÚ Y YO

"¿La digitalización mejora el aprendizaje escolar?"

Javier Escolano Miércoles, 18 de Noviembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

“Cada uno de tus pasos de hoy, es tu vida de mañana” Wilhelm Reich (Dobryanychi, 1897).

 

Tras varias décadas de digitalización de nuestra sociedad, hay un debate abierto sobre, cómo la extensión e intensidad del uso, por nuestros niños y jóvenes, de los dispositivos digitales (terminales telefónicas, tabletas, ordenadores, etcétera) está afectando a su desarrollo intelectual y la adquisición de las necesarias habilidades lectoras, aritméticas y de comprensión.

 

Los alegatos a favor de digitalización giran, muy resumidamente, en torno a tres grandes planteamientos:

 

1º. La omnipresencia de las pantallas ha dado lugar a una nueva generación de seres humanos, completamente diferentes de las anteriores.

 

2º. Los miembros de esta generación son expertos en el manejo y la comprensión de las herramientas digitales.

 

3. Si el sistema escolar quiere conservar algo de su eficacia y de su credibilidad tiene que adaptarse necesariamente a esta revolución.

 

Pero, es un hecho que numerosos directivos de las industrias digitales, ponen mucho cuidado en mantener a sus hijos lejos de las diferentes herramientas digitales, que ellos mismos venden y desarrollan. No hace mucho tiempo, en New York Times, un directivo del Departamento de Comunicación de Google, explicaba que había decidido matricular a sus hijos en un colegio de primaria en el que no había pantallas (Waldorf School, Los Altos, California).

 

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En el libro LA FÁBRICA DE CRETINOS DIGITALES” (Ediciones Península, 2020), MICHEL DESMURGET, (Francia, 1965), doctor en neurociencia y director de investigación en el Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica de Francia, describe “los peligros de las pantallas para nuestros hijos”; y, tras realizar un minucioso recorrido sobre los cuentos y leyendas de la digitalización, los falsos expertos y los estudios poco rigurosos; transita por un escenario que describe el uso abusivo de los dispositivos digitales, los resultados negativos en el rendimiento escolar, desarrollo de la inteligencia y salud de nuestro niños y jóvenes; para concluir:

 

1º) La información que se proporciona a la ciudadanía adolece de rigor y fiabilidad. No siempre en los medios de comunicación se diferencia entre expertos cualificados y fuentes incompetentes o corruptas; en particular, al no informar sobre los conflictos de intereses de algunos expertos.

 

En el fondo, se repite la historia de la llamada “doctrina de la imparcialidad” descrita por NAOMI ORESKES y ERIK M. CONWAY, en su interesante libro “LOS MERCADERES DE LA DUDA” (Editorial Capitán Swing, 2018); la cual se refiere, a cómo un grupo de científicos y asesores de alto nivel, con profundas conexiones en el mundo de la política y de la industria, realizaron campañas efectivas para desinformar y negar verdades científicas, ocultando la verdad sobre evidencias empíricas, tales como tabaquismo y cáncer, el humo del carbón y la lluvia ácida, etcétera. Y esto parece estar pasando, hoy, con la digitalización escolar.

 

2º) El consumo lúdico de los dispositivos digitales por parte de las nuevas generaciones no solo es “excesivo” o “exagerado”, sino verdaderamente exorbitante y fuera de control. Entre las principales víctimas de esta orgía consumidora de tiempo se encuentran actividades esenciales para el desarrollo, como el sueño, la lectura, el diálogo intrafamiliar, los deberes, el deporte, el arte, etcétera.

 

3º) Este voraz frenesí digital perjudica gravemente la correcta evolución del intelecto, de las emociones y de la salud de nuestros niños.

 

4º) Si el efecto de las pantallas lúdicas es tan negativo se debe, en buena medida, a que nuestro cerebro no está adaptado a la furia digital que lo está atacando. Para estructurarse, necesita mesura sensorial y presencia humana, pero lo que brinda la ubicuidad digital es justo lo contrario: un mundo construido a base de un constante bombardeo de estímulos y una terrible pauperización de las relaciones interpersonales. Lo cual es dramático, si se tiene en cuenta que los grandes períodos de plasticidad cerebral de la infancia y de la adolescencia no son eternos.

 

5º) Hasta la fecha, solo hay un factor que haya demostrado ejercer una influencia verdaderamente positiva y profunda en el futuro de los estudiantes: el profesor cualificado con una correcta formación. Este es el único elemento que tienen en común los sistemas escolares de mayor excelencia del planeta. Los jóvenes de hoy son la primera generación de la historia con un coeficiente intelectual más bajo que la anterior.

 

En concreto, el autor indica: “países donde los factores socioeconómicos se han mantenido bastante estables durante décadas, los “nativos digitales” son los primeros niños que tienen un coeficiente intelectual más bajo que sus padres. Es una tendencia que se ha documentado en Noruega, Dinamarca, Finlandia, Holanda, Francia, etcétera”.

 

Resumiendo: “la tecnología digital está emergiendo, no como el progreso pedagógico que se nos describe, sino como una necesidad presupuestaria inevitable”. De este modo, el profesor cualificado es sustituido por un mero “mediador” o “director” de conocimientos impartidos por los programas informáticos preinstalados. Con ello la creación de aulas digitales sin docentes, supondría un doble ahorro: el cualitativo y el cuantitativo (menos profesores, ahora meros facilitadores y menor sueldo).

 

Sin embargo, todos los estudios a gran escala que se encuentran disponibles (incluidos los estudios PISA) muestran, sin la menor ambigüedad, que la digitalización de la enseñanza aumenta las desigualdades sociales y, en general, empeora el rendimiento educativo. En otras palabras, aquí también son los niños menos favorecidos los que pagan por las restricciones económicas que “estrangulan” nuestros sistemas escolares.

 

Es importante recordar como los MOOC o Massive Open Online Course (cursos en línea masivos y abiertos), permite realizar un ahorro significativo, pues por el mismo precio por el que los profesores imparten clases magistrales en enormes aulas, hoy pueden impartir esas mismas clases a un numero potencialmente infinito de alumnos. Lo cual les hace ser una importante herramienta de aprendizaje. Pero los informes realizados sobre los cursos más prestigiosos nos dicen que “son excelentes para el 5% de los estudiantes (los mejores), pero no para el 95% restante. Así en un estudio que abarcó 68 cursos de este tipo, organizados la Universidad de Harvard y el M.I.T. demostró que la probabilidad de conseguir el diploma final, en el caso de adolescentes que tenían al menos un progenitor titulado universitario era casi dos veces superior a las de los estudiantes cuyos padres no eran titulados.

 

MICHEL DESMURGET, va más allá de la mera descripción y propone un plan de acción que pasa: primero, por no resignarse; y, segundo, por establecer, los padres, normas concretas de consumo. Como son:

 

1ª.- Antes de los seis años, nada de pantallas. Para crecer adecuadamente los niños pequeños, necesitan que se les hable, les lean cuentos, se les regalen libros; necesitan aburrirse, armar puzles, correr, saltar, jugar, cantar, etcétera.

 

2ª.- A partir de los seis años, entre treinta y sesenta minutos al día, en total.

 

3ª.- Nunca en el dormitorio. El dormitorio deberá ser un santuario libre de cualquier presencia digital.

 

4ª.- Nada de contenidos inadecuados, ya que éstos tienen un profundo impacto en la manera en que los niños y los adolescentes perciben el mundo.

 

5ª.- Nunca por la mañana antes de ir al colegio. Escúchele, háblele … Verá como el rendimiento escolar mejora enormemente.

 

6ª.- Nunca por las noches antes de acostarse. Las pantallas “nocturnas” alteran en buena medida la duración y la calidad del sueño.

 

7ª.- Una cosa cada vez. Las pantallas deben utilizarse por separado y mantenerse fuera del alcance de los niños mientras están comiendo, haciendo los deberes o hablando con el resto de la familia.

 

En mi opinión: los dispositivos, aplicaciones y herramientas digitales forman parte de nuestro entorno y no es posible ni oportuno renunciar a ellos. No obstante, creo importante diferenciar entre:

 

La utilización lúdica de los soportes digitales, en la que parece prudente seguir las recomendaciones del autor, basadas en estudios científicos y recomendaciones de organismos internacionales.

 

La utilización educativa de las herramientas digitales. En la que a su vez hay que distinguir entre “aprender a utilizar los dispositivos y aplicaciones”, tarea básica e imprescindible, entre otros extremos, para ampliar la inserción en el mercado laboral; y “aprender mediante dispositivos y herramientas digitales”; en cuyo ámbito estimo importante valorar cómo estos medios contribuyen a la mejora del aprendizaje escolar.

 

Es decir, nadie puede discutir que el empleo de herramientas digitales es adecuado para desarrollar un determinado proyecto formativo, si cuenta con profesores cualificados; y la mejora de estas aplicaciones digitales en unión de la tarea presencial del profesor competente es la mejor forma de alcanzar la excelencia educativa. Pero tienen que ser adecuadas al proceso educativo (infantil, primaria, secundaria, universitaria, etcétera) y complementarias de otras herramientas pedagógicas (lápiz, papel, etcétera); y no llegar a sustituir a los profesores por meras aulas digitales con soportes y programas preinstalados.

 

Entiendo que “enseñar” no es solo “facilitar conocimientos o alcanzar habilidades”, sino aportar empatía y emoción, como solo saben hacer los buenos docentes.

 

¿Quién no recuerda al maestro o maestra que tanto influyó en nuestro desarrollo, aprendizaje y en la forma correcta de enfrentarnos a la vida?

 

Queridos lectores, en estos tiempos de pandemia y restricciones, la utilización de dispositivos y aplicaciones digitales con un vehículo imprescindible; pero no pueden, distraernos de que un profesor competente, es también estímulo, acompañamiento, empatía, emoción, guía y consuelo. Y todo ello, es fundamental para el despertar del deseo de aprender; en especial para aquellos niños o adolescentes con familias y entornos menor favorecidos.  En quince días espero poder inquietarles con nuevos retos, debates, eventuales amenazas y, por qué no, yacimientos de confianza.

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