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ENTRE TÚ Y YO

Botijón, desenbotijónate

Esther Egea Miércoles, 25 de Noviembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

Intentar decir el título del artículo no es fácil, “botijón, desenbotijónate” y os aseguro que me encantaría escucharos porque como buen trabalenguas es divertido ver el enredo bucal al pronunciarlo. Pero bueno, me lo pierdo!

 

Recuerdo otro como éste que también me enseñó mi madre y ensayé varias veces hasta aprender a decir bien que “el cielo está encarabincunquinado, quien lo desencarabincuquinará…”. ¡También me pierdo escucharos!

 

Lo que no me pierdo es hablaros de otros juegos no tan divertidos pero que todos jugamos e incluso varias veces al día. Son los juegos psicológicos, que pretenden más que pasar el rato, cubrir una necesidad. Es una comunicación disfuncional disfrazada de apoyo emocional.

 

El otro día intenté ayudar a un amigo y aunque eran obvias las soluciones que le daba se empeñó en buscar un “Sí pero” a cada solución. Es lo que se llama buscar problemas a las soluciones porque realmente no quería ser ayudado, sólo quería ser tranquilizado. Es como la persona que le dices que se levante antes para ir más tranquilo pero te dice que por las mañanas le cuesta madrugar; o le dices que se vaya andando porque necesita hacer ejercicio pero te dice que le duelen los pies; son los que le dices tal y te contesta Pascual. Es inútil y frustrante ayudar a la persona que juega a ser víctima de una situación y que cree que no puede resolver las cosas  y manipula con problemas que no tiene intención de cambiar porque busca desde el victimismo que se le quiera.

 

Idem de lo mismo para mi amiga Juana que se mete en situaciones complicadas para ser salvada y encuentra gente que quiere jugar de manera complementaria al mismo juego en el rol de enfermero, buscándole y ofreciéndole recetas milagrosas que terminan siendo un fracaso porque realmente no está enferma, está necesitada de atención.

 

Otras personas juegan a “mira lo que me has obligado a hacer” y te hacen responsables de sus actos y te expresan abiertamente que lo han hecho por tu culpa y obligadas por la situación. Es el caso de Gloria que dice que llegó tarde a la reunión porque tenía que ocuparse de su padre; o que se ha saltado la dieta porque tuvo que ir a tal sitio y terminó en casa de… ¡rollos patateros!

 

Otros juegan a ganar y buscan competir diciendo “lo es mío es mejor que lo tuyo”. Se convierten en auténticos perseguidores que buscan el reconocimiento a través de la infravaloración del otro.

 

Es frustrante y agotador jugar siempre a lo mismo donde ya sabes cuál es el final del juego; seguir igual. Pero para dejar de jugar tienes que ser consciente del juego y decidir si seguir jugando y manipular a los demás o empezar a protegerte a ti mismo, cuidarte a ti mismo o encargarte de ti mismo.

 

Cuando entendamos que sólo nosotros somos los únicos que podemos darnos lo que intentamos buscar en los demás, seremos más felices y menos dependientes de la atención, valoración y reconocimiento externo.

 

Y lo realmente poco divertido es que los hijos aprenden de nosotros esta forma disfuncional y negativa de relacionarse con los demás. Ya no es tan divertido, ¿verdad?

 

Nos vemos el próximo miércoles. Un abrazo. Esther.

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