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ENTRE TÚ Y YO

El silencio

Soledad Hernando Miércoles, 25 de Noviembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

La música es la combinación de sonidos y silencios. Es el resultado de la relación que se establece entre ellos.  Así, los silencios son necesarios para que los sonidos sean sonidos. Ambos se necesitan para existir. Sin la existencia del silencio la música sería un estado acústico perpetuo en el que las vibraciones se producirían sin descanso, un flujo de ondas que o pasaría desapercibido por saturación o sería un infierno sonoro.

 

 

 

En nuestra cultura occidental donde destaca la figura sobre el fondo ponemos más atención a los sonidos que al silencio, pero, al igual que en un cuadro, sin el fondo perdemos la perspectiva global. Un pentagrama es el conjunto de 5 líneas y 4 espacios. Nuestro cerebro se fija antes en las líneas que en los espacios, pero las notas musicales se escriben tanto sobre las líneas como sobre los espacios. No podemos interpretar la música si no vemos los espacios. En la escritura musical existen signos para representar gráficamente los silencios que corresponden a cada una de  las figuras rítmicas. Por lo tanto, el silencio tiene un valor, una duración. Si no respeto ese tiempo el sonido invade el espacio del silencio y la música pierde su sentido.

 

 

 

Una obra musical establece un diálogo entre los sonidos y los silencios. Ambos elementos se potencian creando sensaciones expresivas de gran riqueza.

 

 

En la educación musical la adquisición de la noción de silencio y su posterior automatismo llegan como una consecuencia normal de las vivencias del sonido. Los estímulos naturales del medio ambiente tales como el ruido de los coches, el silbar del viento... son muy útiles para lograr una actitud de atención, necesaria a cualquier experiencia auditiva. Es importante cultivar que los niños sean sensibles al silencio. La vivencia del mismo nos aleja de los ruidos del entorno conduciendo al despertar de la audición interior, al  desarrollo de la capacidad de concentración, la adquisición del sentido del orden.... Cultivar el silencio es respetar el espacio del otro. Ahora suenas tú y yo te escucho, ahora sueno yo y tú me escuchas. Educar en el respeto del sonido y del silencio del otro.

 

 

¿Existe el silencio?

 

 

NO existe el silencio total. En 1951 el compositor norteamericano John Cage se metió en una cámara acústica, la cámara aneótica de la Universidad de Harvard, con la intención de hallar el silencio total. Sin embargo, una vez en la cámara, se dio cuenta de que percibía dos sonidos: uno agudo procedente de su sistema nervioso  y otro grave que era su sangre circulando por sus venas. Tras vivir esta experiencia, Cage realizó un experimento. Compuso una obra llamada 4.33 en la que no sonaba ningún instrumento. Los músicos subían al escenario y no tocaban nada. Simplemente estaban en silencio. Cage compuso una partitura de silencio para que el espectador tuviera forzosamente que escucharse así mismo. Esto, en un mundo como el nuestro, nos confronta con el vacío. Vivimos inmersos en un mundo ruidoso que impide la escucha del otro y la propia. Padecemos una contaminación acústica física y psicológica. El ruido llena nuestros vacíos y anestesia nuestra consciencia. El silencio nos pone frente a frente con nosotros mismos.

 

 

En nuestra sociedad cada vez existen más propuestas de técnicas o terapias que buscan la escucha interior. Tradicionalmente, los métodos para acallar la mente han buscado agotar el intelecto mediante un acto repetitivo como un mantra o una oración. Una de  las claves para hallar el silencio es hacerse consciente de la experiencia actual, del aquí y el ahora. Cuando nos paramos un instante a observar lo que sucede en el momento presente, empezamos a atisbar el silencio. Si fuéramos capaces de aceptar el instante tal y como se muestra, evitando el deseo de que sea de otra manera, podríamos entrar en el silencio. Atención y aceptación son puertas al silencio. Ese silencio donde me escucho.

 

 

Un abrazo silencioso

 

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