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ENTRE TÚ Y YO

"Raíces renacentistas del buen gobierno"

Javier Escolano Miércoles, 02 de Diciembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

“El derecho fue un invento revolucionario, precisamente porque permitió regular las relaciones sociales de manera eficiente y efectiva” Scott J. Shapiro.

 

Solemos decir y oír que el siglo XXI es “de la imagen”; en el cual, los soportes y aplicaciones digitales, llenos de imágenes y movimiento, constituyen el medio y, en ocasiones, el propio “mensaje”. Pero, nos bastaría levantar la vista de nuestro dispositivo, para reconocer en la arquitectura, la pintura y la escultura que pueblan los museos, palacios y templos de nuestras ciudades, los mensajes perdurables de nuestros antepasados, que vivieron, soñaron, creyeron, lucharon, proyectaron y murieron con similares anhelos de justicia, libertad e igualdad.

 

Es por ello, que hoy, me van a permitir que no les hable solo de “libros”, sino de una “imagen artística” que, a mi juicio, atesora un mensaje con imponente fuerza política.

 

Me refiero a los frescos pintados por AMBROGIO LORENZETTI en 1340 en el Palazzo Pubblico di Siena. La obra recubre la totalidad de las paredes de la sala de juntas del gobierno renacentista de la Ciudad:

 

En el lateral derecho se representa el buen gobierno, en el centro un mandatario anciano, recibiendo el consejo de seis virtudes laicas: Justicia, Templanza, Magnanimidad, Prudencia, Fortaleza y Paz; por encima, la inspiración de tres ángeles que simbolizan, las virtudes teologales: Esperanza, Caridad y Fe; y a la misma altura, en la izquierda, la virtud de la Sabiduría. La alegoría sigue, pues de cada uno de los platillos de la balanza de la justicia terrenal, sale una cinta hasta la mano izquierda de la Concordia; y, ésta anuda ambas cintas para formar un cordel que llega a la mano del último de los veinticuatro ciudadanos, que lentamente se dirigen en dos columnas al gobernante, todos unen sus manos al cordel, de modo que el primero de ellos hace llegar la cinta de la Justicia hasta la mano del mandatario anciano, que sostiene el cetro de mando. De este modo se cierra el círculo. El buen gobierno se extiende sobre la armonía de la ciudad y el campo, que resultan hermanos por la Seguridad.

 

En el lateral izquierdo se representa el mal gobierno, protagonizado por una figura masculina con cuernos sentada en su trono y pisando a un carnero, como alegoría de la Tiranía. Al tirano y mal gobernante le acompañan las pérfidas cualidades: Crueldad, Traición, Fraude, Ira, Discordia y Perfidia; y sobre su cabeza revolotean la Avaricia, el Orgullo y la Vanidad; y, de manera destacada, la Soberbia (por cuanto en la época se la consideraba el origen de todos defectos del mal mandatario). Consecuentemente, yace a los pies del tirano, la Justicia, maniatada y torturada por los ayudantes del verdugo. El efecto del mal gobierno se refleja en el campo y ciudad, donde se extiende el Temor absoluto.  (ALOIS RIKLIN (San Galo, 1935: “Etica repubblicana nel Palazzo Pubblico di Siena (1315-1535)” y La summa politica di Ambrogio Lorenzetti”). 

 

[Img #77060]

 

Sin duda en cuatro imágenes se compendia todo un tratado de ética política, cuya fuerza la percibimos en nuestros días. Es sabido que el Renacimiento, en especial el ubicado en el suelo italiano, fue una respuesta compleja que se extendió al arte, la filosofía y la ciencia, cuyos ecos son plenamente audibles siete siglos después. Sus raíces no pueden ser citadas con brevedad, pero no me resisto a recordarles algunas que, entiendo completan, la fuerza de la alegoría pictórica de AMBROGIO LORENZETTI y pueden ser “un yacimiento de confianza en la humanidad”; a saber:

 

DONATO GIANNOTTI (Florencia, 1492), teorizó con claridad sobre la necesidad de la “división del poder”, de manera muy certera y previamente, quien pasaría a la historia como el inventor de la “división de poderes” (MONTESQUIEU); por cuanto describe que el poder sometido a la ley ha de ser troceado, limitado y gobernado. En su libro LA REPUBLICA DE FLORENCIA”, define al hombre como malvado sujeto a todo tipo de pasiones y dado a la arbitrariedad; y por eso es preciso identificar los máximos poderes del estado y someterlos a recíproca vigilancia:  Gran Consejo (electivo), Senado (aristocrático), Mandatario (Gonfalonier) vitalicio y doce procuradores; unido a una milicia ciudadana para fortalecer la defensa de la ciudad frente al ejército imperial.

 

ERASMO DE ROTERDAM (Róterdam, 1466),  en su libro EDUCACIÓN DEL PRÍNCIPE CRISTIANO”, señala el camino a seguir para la instrucción de un príncipe, desde las cualidades del preceptor o maestro (moral impecable y sólidos conocimientos), hasta la consideración del estudiante como “individuo”, sin castigos corporales y una educación en todas las artes liberales; como también las cualidades y objetivos del gobernante católico:  honesto, portador de valores humanos y cristianos, con los conocimientos y sabiduría necesarias, cuyo objetivo sea el bien público y la salvación del Estado: “La salvación del Estado y de la sociedad es una cuestión de moral individual y de educación intelectual”; “el rey no es dueño de los bienes particulares de sus vasallos ni del bien común del propio estado, sino en cierta medida. El príncipe reina para servir al pueblo, no para servirse de él. En definitiva, se propone la instrucción como medio para obtener “que el príncipe sea sabio”.

 

NICOLÁS MAQUIAVELO (Florencia, 1439), en su conocido libro EL PRÍNCIPE”, describe como es el ejercicio de poder, no como debería ser. Lo cual, como dice ALOIS RIKLIN (San Galo, 1935), en su libro “NICCOLÓ MACHIAVELLI. LA DOTTRINA DI GOVERNO” (Armando Dadó editore, 2000): “se ha entendido como una planificación egoísta de la carrera profesional, mientras que Maquiavelo impartía los consejos amorales siempre y exclusivamente en el superior interés de la razón de Estado”. Su pensamiento pesimista y amoral, fue fruto de una dilatada observación y experiencia política de cómo el ejercicio del poder, con frecuencia, se apartaba de razones morales como la lealtad o la ética; y, en especial, tendría muy presente el recuerdo de cómo había sufrido por confiar en la palabra dada por otros.

 

En mi opinión: Desde la más remota antigüedad, filósofos, pensadores e intelectuales, han intentado definir cuáles son las virtudes de un buen gobernante (rey o mandatario) y las características de las instituciones que permiten un buen gobierno. La “ética política” es por ello un campo abierto a un debate extenso e inacabado. Más aún en nuestros días, en los cuales, contemplar las cualidades de las élites políticas que ostentan el poder en los diversos países del mundo y escuchar los chirridos que provocan las grietas de las instituciones democráticas, nos llenan de preocupación por el futuro próximo y nostalgia de estadistas de antaño.

 

Es por ello que hoy les propongo, introducir en el debate de “herramientas” y “yacimientos de confianza”:

 

[Img #77061]

 

1º. Ética política de las personas: Recuperar la técnica renacentista del “espejo de políticos”; esto es, obras en las que se describe la imagen y cualidades de los hombres de Estado, desde la necesaria exigencia a nuestros líderes y representantes públicos, de unas mínimas cualidades, que hoy, me atrevo a formular, aludiendo a cuatro obligaciones, cuales son:

 

1ª. Renuncia a la violencia a fin de preservar la vida.

 

2ª. Renuncia a la mentira: actúa y habla con veracidad.

 

3ª. Renuncia a la injustica: construye un sistema económico y social equitativo.

 

4ª. Renuncia a la desigualdad entre hombre y mujer.

 

2º Ética política de las instituciones: La exigencia ética en el diseño de las instituciones, como base para una adecuada organización del Estado. La pregunta que resuena desde la Antigüedad y, en especial, tras el Renacimiento, es: ¿Cómo podemos configurar nuestras instituciones políticas para que políticos incompetentes o deshonestos no puedan hacer grandes daños?

 

3º Ética política de la responsabilidad: Eficacia en la obtención de los recursos públicos y la utilización adecuada de los mismos, como premisa para la obtención de un resultado ético. No podemos aceptar, hoy, un resultado disparatado, despilfarrador o ineficiente de los impuestos recaudados. El gobernante debe ser responsable de los resultados de sus políticas y decisiones; al menos, en igual medida que lo son los directivos del sector privado.

 

Queridos lectores: En el fondo, no hay originalidad en estos cuatro imperativos éticos del humanismo (no matar, no mentir, no robar y no ser deshonesto) que, pese a sus diferencias de credo, se encuentran en todas las grandes tradiciones religiosas de la humanidad: “en Patanjali, el fundador del yoga; en el Bhagavadgita y en el canon budista y, naturalmente, en la Biblia hebraica, en el Nuevo Testamento y en el Corán” (“CIENCIA Y ÉTICA MUNDIAL”, Editorial Trotta, 2006, HANS KÜNG y KARL-JOSEF KUSCHEL).

 

Contemplar el pasado no nos exime de comprometernos en el presente e imaginar el futuro no nos redime de la inacción indiferente que nos paraliza ahora.  Quince días no trasforman el mundo, pero si pueden hacernos cambiar de opinión.

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