
Me llamo Alma y hasta hace dos días
formaba parte de los humanos vivos, pero
eso ha cambiado…Ahora lo veo todo
desde otra dimensión.
¿Cómo avisarías a una persona de que está en peligro si estás en otra dimensión? Hoy tengo que descubrirlo. Si me acompañáis en esta aventura lo descubriremos juntos.
A veces me gusta darme una vuelta cerca de los míos, comprobar que están bien y que nada les falta. Voy a visitarlos y suelo quedarme un rato respirando el mismo aire que consumen, aunque yo no lo necesite, es una forma de compartir vida con ellos.
La madrugada era fría y oscura. Mi hermana se había mudado a su casa nueva y tenía muchas cosas que colocar y montar.
- Miguel, ¿han llegado todas las cajas? Es que echo en falta algunas cosas. No sé si se ha quedado en la otra casa la caja fuerte. Tengo algo muy valioso dentro y si se pierde me llevaría un gran disgusto.
- Pues no lo sé Ángela, esto es una locura - dijo Miguel pensativo - Pero exactamente ¿qué buscas?
- Es una llavecita que abre la urnita donde están las cenizas de mi hermana.
Su hermana... se refería a mí.
No tenía ni idea de lo que estaba diciendo, ni de dónde se encontraban mis pertenencias ni mi propio yo, pero sentí confort, pensé que estaba en buenas manos. La llave aparecería y si no a mí me daba igual, aun estando cerrada estaba con ella.
- Voy a bajar al sótano a ver si está allí con los últimos paquetes.
Ella bajó confiando en que allí iba a encontrar lo que buscaba y yo fui detrás. Realmente me hacía ilusión ver donde me guardaba mi hermana.
Hacía mucho viento fuera y los árboles bamboleaban con mucha fuerza. La ventana que tenía el sótano no encajaba bien y pude visualizar en décimas de segundo que al abrirse de golpe iba a darle a Ángela en la cabeza.
Intenté concentrarme tanto como la quería y pararla contrarrestando el peligro que supondría que aquello ocurriera. Me acerqué con decisión y empujé los cristales para que mientras ella buscaba en las cajas situadas junto a la ventana, no pudieran dañarla.
- ¡Aquí está Miguel! - gritó Ángela a su compañero - ¡he encontrado la llave! Subo.
Comenzó a subir las escaleras y yo pude dejar de hacer fuerza con mi mente y al hacerlo, la ventana se abrió de par en par, haciéndose añicos y cayendo sobre la caja donde segundos antes había estado Ángela buscando la llave que abriría los recuerdos de mí.
Al escuchar el estruendo ella se volvió y al ver el desastre que se había montado respiró hondo y dijo: ¡madre mía!¡menos mal que no ha pasado un poquito antes! Y llevándose las manos a la cabeza comentó: parece cosa de mi ángel de la guarda.
Miguel bajó corriendo y al verla allí parada le preguntó que qué había pasado y que qué había sido aquel ruido tan enorme.
Ella con lágrimas en los ojos le contestó:
- He bajado a buscar una llave para poder sentir más cerca a mi hermana y te aseguro que me he sentido acompañada en la búsqueda, acompañada por ella y no me refiero a su recuerdo, hablo de compañía protectora - dijo pensativa y continuó exponiéndole a Miguel:
- No sé muy bien cómo explicártelo. Ha sido encontrar la llave, subir el primer escalón y abrirse de par en par esa ventana que está justo detrás de la caja donde yo estaba buscando.
- Pero Ángela es que hace mucho viento.
- Ya, pero viento ya hacía cuando he bajado... bueno, subamos que voy a dejar la llave junto a la urna.
Me fui detrás de ellos. Tenía curiosidad por ver donde me tenían.
Allí estaba, sobre la chimenea. Una especie de cajita repleta de estrellas con un pequeño candado y un mensaje que me acerqué a leer: “Te quiero hermana. Siempre juntas”.
Ya me podía marchar, mi visita, aunque fugaz me había hecho sentirme aún más eterna, más querida y más feliz. Y había aprendido algo nuevo: que cuando la mente proyecta el ímpetu del corazón, no existen barreras, ninguna, ni siquiera las de otra dimensión.
¡Hasta el próximo viernes de adviento maravillosos lectores!

