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ENTRE TÚ Y YO

La danza de la vida

Soledad Hernando Miércoles, 09 de Diciembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

La música y la danza son dos hermanas que comparten un mismo origen humano y anhelan alcanzar lo divino. Hablan el mismo idioma, aunque lo pronuncien de diferente manera. Se parecen físicamente pero cada una tiene su carácter. Se necesitan, pero también pueden vivir separadas. Juntas son grandiosas.

 

El mismo principio que hace nacer la música en los orígenes de la humanidad, hace también nacer la danza, y es el ritmo, el latido primigenio. Su funcionamiento orgánico, como vemos en la respiración o en el latido cardíaco, son una muestra de ello. Por tanto, desde un comienzo, bailar es una necesidad. Es una necesidad vital de expresión, de comunicación, de volar por tierra y aire a través del movimiento, de alcanzar instantes de belleza. ¿Por qué bailamos? para expresar sentimientos, para relacionarnos con los demás, por un sentido estético de belleza y para celebrar la vida.

 

En nuestra cultura occidental, existe un juicio interno convertido en un prejuicio de que la mayoría no sabe bailar. Y yo me pregunto, ¿qué es saber bailar? Todos escribimos y no por ello vamos a ser escritores. Escribimos porque es un instrumento de expresión y un medio de comunicación con el mundo. De igual manera, necesitamos bailar porque somos un cuerpo en movimiento, no tenemos un cuerpo, SOMOS UN CUERPO. Todos podemos bailar sin necesidad de ser bailarines profesionales.  Por eso no tiene sentido pensar que bailo mal y que por eso no bailo. Ese juicio de bien y mal ha sido introyectado en nuestra mente en comparación con un esquema formal culturalmente establecido. Desterremos esas falsas certezas y permitamos que nuestro cuerpo se mueva sintiendo el placer de dejarse sentir en libertad sin juicios comparativos. SOY YO EN MOVIMIENTO, sin más. Nada más y nada menos...

 

Existe una conexión instintiva entre el hecho sonoro y el movimiento corporal, de manera que las impresiones musicales despiertan imágenes motrices y un sutil movimiento corporal puede dar pie a un motivo sonoro. Estableciendo un paralelismo entre la construcción de una estructura musical y una estructura coreográfica podemos encontrar que un motivo musical equivale a una unidad de movimiento; una frase musical equivale a una frase coreográfica; una sección musical equivale a una sección de movimiento; una composición musical es el equivalente a una coreografía de danza.

 

En el estudio de la relación entre estas artes quiero destacar al compositor y educador suizo Émile Jaques-Dalcroze. Dalcroze desarrolló un método de aprendizaje y de experimentar la música a través del movimiento. Este método llamado "Rítmica Dalcroze" se utiliza para aprender a entender la música y para expresar corporalmente la música. Curiosamente no es la danza la principal herramienta de su método. Para entender el por qué debemos contextualizar el hecho de que, en su época, segunda mitad del S. XIX y primera mitad del S. XX, la danza era vista como un espectáculo forzado y estereotipado. Mientras que Dalcroze buscaba la espontaneidad del movimiento en relación con el estímulo sonoro. Hoy en día, con el conocimiento extenso de repertorios de danza tradicional de todo el mundo, junto con la evolución de la danza clásica a la contemporánea, resulta lógico incluir aspectos coreográficos propios del legado de tantas culturas del mundo. Dalcroze se maravillaría de la riqueza y conocimiento que tenemos hoy en día de las tradiciones coreográficas de todo el mundo.

 

La danza reúne la música y el cuerpo en un punto del tiempo y del espacio irrepetible. Lo que sucede es un momento único al que solo asiste quien está presente. Aunque se grabe a través de medios audiovisuales la esencia ya no está allí. Es un arte efímero que queda registrado para siempre en nuestra alma.

 

En todas las artes hay personas que desarrollan una tradición y otras que revolucionan esa expresión artística, bien reinventando el pasado bien innovando con una visión original de futuro. Isadora Duncan fue una revolucionaria de la danza que adoraba las túnicas griegas, las cuales dotaban a sus movimientos de liviandad. Nació en San Francisco en 1877 y recorrió el mundo hasta que un etéreo pañuelo, como su arte, la estranguló. Su estilo de danza era completamente nuevo y rompía con la rigidez del ballet clásico. Debido a su rechazo por las técnicas formales y a la utilización de los movimientos naturales, la danza de Duncan parecía una constante improvisación. Poseía una profunda visión de la danza a la cual nutría de poesía, filosofía, música e historia. Creadora de la danza moderna, su influencia se sentirá en la danza clásica, en las nuevas formas de expresión corporal y en el teatro moderno.

 

Es probable que al hablar de danza mucho pensemos directamente en el ballet. Pero la danza es mucho más que el ballet cásico. El ballet es tan solo una muestra formal del arte de bailar. Existe una amplia variedad de estilos dancísticos. Y además existe un movimiento libre y espontáneo que no tiene por qué ser estructurado ni organizado. Es el hecho natural de moverse. Es la danza de la vida.

 

Para Nietzsche la danza es la máxima afirmación de la vida. Danzar es un acto de conexión con la vida. ¿Cómo accedo a mi ser si no es a través de mi cuerpo?  Todo lo que me sucede me sucede en el cuerpo. Por eso el cuerpo es el gran instrumento para expresar los que sentimos y lo que pensamos.

 

Un abrazo sonoro y bailado

 

Soledad Hernando

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