
La Real Academia define la solidaridad como la adhesión circunstancial a la causa o las empresas de otros.
En lo político, la solidaridad se asocia al objetivo o fin del poder político ejercido a través del Estado que es servir.
Las dos definiciones anteriores se presumen insuficientes para todo lo que la palabra conlleva dentro de sí.
Hablamos de una corriente virtuosa que surge de manera espontánea con el afán de querer ayudar a personas sumidas en estados de pobreza y necesidad extrema, a víctimas de persecuciones y exclusión social, a l@s injustamente tratados por su género, sexo o raza, entre muchas otras circunstancias. No puede convertirse solo en una competencia política de quién da más o quién es más "altruista" a la hora de enfrentarse a estas situaciones deleznables.
Tanto los políticos, como la sociedad y las asociaciones con fines benéficos y humanitarios, deben asistir y atender la solidaridad como un deber ético y social, sin buscar el eco mediático del objetivo que se persigue.
La mas pura solidaridad muestra rechazo hacia la exhibición y la ostentación. Quiénes lo hacen con estos últimos propósitos, actúan falsa e hipócritamente, aún cuando materialmente cumplen con su propósito.
El paradigma de la solidaridad se resume en tener la misma actitud y dar el mismo trato que nos gustaría que tuviesen con nosotros.
Somos la sociedad que aún está a tiempo de mejorar el mundo, ¿hasta dónde queremos llegar?, ¿qué ata a nuestras conciencias para reconocer el valor de la solidaridad en la sociedad que anhelamos?

