
“Si las matemáticas son el arte de lo perfecto y la física de lo óptimo, la biología no es más que el arte de lo satisfactorio, debido a la evolución” Sydney Brenner (Sudáfrica, 1927).
Se habla de “árbol de la vida”, para destacar que la vida en la Tierra pertenece a un ecosistema que comprende a todos los organismos vivos, interconectados y que comparten genéticamente unas mismas raíces evolutivas. Y, ello es así, por cuanto, los organismos vivos que ocupan las diversas ramas, tienen grandes diferencias (desde una bacteria a un mamífero), pero todos están conectamos por “el linaje”.
Pero, realmente, ¿Qué es la vida?
A lo largo de los milenios en los que el ser humano puebla la Tierra, la pregunta ¿qué es la vida? ha ocupado a intelectuales de muy diversas disciplinas, pero orillando otras definiciones distintas a la biología, recuerdo de mi época escolar el concepto de ser vivo: todo organismo que nace, crece, se reproduce y muere.
ERWIN SCHRÖDINGER, (Viena, 1887) en 1944, en su libro “¿QUÉ ES LA VIDA? hace hincapié en la herencia y la información; es decir, cómo son los genes y cómo consigue cada generación transmitirlos fielmente a la siguiente (“la vida no es ajena, ni se opone a las leyes de la termodinámica, sino que los sistemas biológicos conservan o amplían su complejidad exportando la entropía que producen sus procesos”).
JOHN B. S. HALDANE (Oxfort,1892) en otro libro de 1947, igualmente titulado “QUÉ ES LA VIDA”, se daba por vencido, al decir: “… dudo que alguna vez se pueda dar una respuesta completa”; pero, respecto al origen de la vida, fue el introductor de la metáfora del “caldo primordial”.
HERMAN JOSEPH MULLER (Nueva York, 1890) en sus “ESTUDIOS SOBRE GENÉTICA”, del año 1962, lo tenía mucho más claro, al afirmar que vida “es aquello que tiene capacidad de evolucionar”.
Hoy, quiero darles cuenta del reciente libro de PAUL NURSE (Norwich, 1949), genetista y biólogo celular, Director del Instituto Francis Crick en Londres y Premio Nobel de Medicina en 2001, titulado “¿QUÉ ES LA VIDA? (Editorial Planeta, 2020); en el cual, de modo magistral y ameno, nos enseña:
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Primero: Los tres principios que definen la vida; a saber:
1º. Las entidades vivas evolucionan. Y para ello, han de cumplir tres características: reproducirse, tener un sistema hereditario y que éste muestre variabilidad. Cualquier ser con estos rasgos puede evolucionar, y así lo hará.
2º Las formas de vida son entidades físicas: Es decir, están separadas del ambiente, aunque se comunican con él. Así la célula, es la entidad más pequeña que tiene las tres citadas características: “Es la unidad estructural básica de todos los organismos vivos y, también, la unidad funcional básica de la vida. Esto excluye del concepto de vida a los programas informáticos y a los entes culturales”.
3º Las entidades vivas son máquinas químicas, físicas y de información: construyen su propio metabolismo, con el que se mantienen, crecen y se reproducen; y, además, se coordinan y regulan manejando información que les permite operar como un todo y con un propósito.
Segundo: “Como estamos conectados tú, yo y todos los seres vivos de este planeta”, en cinco pasos que comprenden:
a) La célula, como el átomo de la biología. La célula es, además de la unidad estructural básica de la vida, en sí misma un mundo vivo, completo y sofisticado, en cuanto está compuesta por una serie de módulos individuales que trabajan unidos para cumplir las características más complejas de la vida. La división celular es la base de la reproducción y desarrollo de todos los organismos vivos.
b) El gen, la prueba del tiempo: Cada gen es un tramo definido del código ADN que contiene un mensaje para la célula (puede tratarse de una instrucción sobre el color de los ojos o para determinar que una bacteria sea más virulenta). El ADN debe copiarse con precisión para que toda la información de los genes se transmita fielmente de una generación de células u organismos a la siguiente. El número de errores es muy bajo, de aproximadamente 1 por cada 1.000 millones de letras de ADN copiadas. Pero una vez que aparecen mutaciones, pueden dar lugar a distintas formas de genes que alteran la biología de las células que los heredan. Algunas mutaciones aportan novedades y cambios útiles; pero otros no. El cambio de una sola letra de ADN, puede tener un gran efecto (por ejemplo, hacer que el pigmento de la hemoglobina no funcione bien y dar lugar a la anemia de células falciformes).
c) La evolución, azar y necesidad. La selección natural es el proceso extraordinariamente creativo responsable de la asombrosa diversidad de formas de vida que nos rodean. La vida, experimenta, innova y se adapta constantemente a medida que modifica el mundo a su alrededor y éste, a su vez, cambia. Para que esto sea posible, los genes deben encontrar un equilibrio entre la necesidad de preservar la información manteniéndola contante y la capacidad de cambiar, a veces, sustancialmente. Esto significa que la tasa de error, en sí, también está sujeta a la selección natural. A largo plazo, las especies con más éxito son aquellas capaces de mantener el equilibrio correcto entre constancia y cambio.
d) La química de la vida, orden a partir del caos. Las reacciones químicas son una expresión de la vida de la célula. El conjunto de las distintas reacciones químicas que se producen en los organismos vivos se denomina “metabolismo” o lo que es igual: “la química de la vida”. Para hacer posible todas las reacciones químicas necesarias para mantener los billones de células del cuerpo humano, se necesita energía; y de ello se encargan las mitocondrias (parte de la célula) que producen a diario una cantidad de ATP (trifosfato de adnosina) equivalente al peso corporal. De modo que el calor de la piel, el movimiento del pecho mientras respiramos, son acciones alimentadas por el ATP, “el impulso de la vida”.
Tercero: Entre otras interesantes conclusiones, las siguientes:
1ª) Todas las formas de vida conocidas en la Tierra dependen de los polímeros de carbono. Es decir, es esencial para la vida en la Tierra y, probablemente, en cualquier otro lugar del universo donde pueda existir, la forma de combinar la química compleja de los polímeros de carbono con el almacenamiento lineal de información. Así la información contenida establemente en el ADN se introduce en las proteínas (moléculas químicamente activas, que son polímeros de carbono), los cuales crean dispositivos de almacenamiento de información químicamente estables que interactúan con el mundo.
Para que nos hagamos una idea de la dimensión de la información contenida en nuestro ADN: “si pudiéramos unir y luego estirar en un solo hilo todo el ADN que hay enrollado dentro de los billones de células del cuerpo humano, su longitud sería de unos veinte mil millones de kilómetros; es decir, igual a 65 veces la distancia entre la Tierra y el Sol”.
2º) La vida tal y como la conocemos hoy en la Tierra comenzó de una sola vez. Lo que los científicos ignoran es como se origino en nuestro planeta. La hipótesis más verosímil es: Los átomos de metal incrustados en las rocas que rodean las fuentes hidrotermales en las profundidades del océano, con un flujo constante de energía y materias primas químicas, debieron de actuar como catalizadores químicos, permitiendo la formación de maquinas de ARN vivas, autónomas y auto-replicantes, que más tarde crearon las primeras células auténticas.
3ª) Al hablar de los logros de la vida, debemos recordar que “el cambio evolutivo solo se da eficientemente cuando algún miembro de una población fracasa en su intento de sobrevivir y reproducirse” y otros si lo consiguen por su mejor adaptación. Parece que solo puede haber vida gracias a la muerte.
4ª) Identidad humana: La secuencia de ADN de la inmensa mayoría de los 22.000 genes que controlan las células de cada uno de nosotros es casi idéntica a la de todas las personas de este planeta. En conjunto, “las mutaciones que diferencian tus características innatas de las mías, y las nuestras de las de nuestros ancestros prehistóricos, suman una mínima parte, menos del uno por ciento (1%) de tu complemento total de código de ADN.” He ahí uno de los grandes descubrimientos de la genética del siglo XXI: “nuestros genomas, los 3000 millones de “letras” de ADN, son muy similares, con independencia del sexo, la etnia, la religión o la clase social. Es un hecho importante porque nos iguala, de ahí la necesidad de que las sociedades del mundo lo valoren”.
5º) Aún tenemos mucho que aprender: Hemos comprendido como funciona la vida, lo que ya constituye un gran progreso, pero solo la entendemos en parte, aunque algunos aspectos sepamos mucho de ella. Si queremos modificar los sistemas vivos de forma constructiva y segura, con el fin de lograr algunos de nuestros objetivos prácticos más ambiciosos, aún tenemos mucho que aprender.
En mi opinión: Los avances en la investigación científica protagonizada por los biólogos, nos han acercado a la “definición de qué es la vida”, al “origen único de la misma en la Tierra”, a que formamos parte del “árbol de la vida”, interrelacionados con los demás seres vivos (biosfera) con los que compartimos “linaje” y, lo que es más importante, de la “identidad humana” que biológicamente nos hace iguales a todos los seres humanos. Y, ante estas evidencias científicas, no debemos desdeñar nuestra responsabilidad con la biosfera ni con las generaciones venideras. En el fondo, se impone una nueva conciencia de la igualdad completa, que, sobre la evidencia biológica, haga efectiva la igualdad jurídica (derechos y deberes) y la idéntica dignidad del ser humano, a quien hay que proveer desde el Estado Democrático, de un mínimo soporte que le responsabilice de su presente y futuro.
Queridos lectores, se aproxima el final del año, entramos en la Navidad, fiesta de regocijo que se nutre, desde hace al menos dos milenios, del Mensaje de esperanza, salvación y compromiso de Jesús de Nazaret. Y a pesar del dolor y luto que nos envuelve y de las graves deficiencias y grietas de nuestra sociedad, sigue intacta nuestra responsabilidad de intentar mejorar un Mundo imperfecto; y, aunque nuestra “caja de herramientas” no esté completa, quince días son suficientes para “regalar alguna a quien más la precise”.

