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ENTRE TÚ Y YO

Salvavidas

Mariate Almela Viernes, 18 de Diciembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

Me llamo Alma y hasta hace dos días

formaba parte de los humanos vivos, pero

 eso ha cambiado…Ahora lo veo todo

 desde otra dimensión.      






La gran puerta se abrió, y al hacerlo chirriaron lentamente todas las bisagras oxidadas que la sostenían.



Me asomé con temor, con ese respeto que nos impregna hasta los huesos cuando lo que esperamos encontrar no nos va a gustar. 



Había perros de todos los tamaños y razas, algunos ladraban, otros dormían y la mayoría recostados alzaban los ojos ante cualquier movimiento fuera de lo normal que les intranquilizara.



- Sebas, tienes que sacar a este, bañarlo, limpiarle los ojitos y prepararlo - dijo Lourdes en tono entre cariñoso y triste.



- De acuerdo jefa, voy a ello.



Aquel chico obedeció y sin más preámbulos sacó de su jaula a Orión, un hermoso perro de pelo largo, negro, de figura esbelta y con una mirada penetrante.



- Venga chico, que te ha llegado la hora, nos vamos...



No teníamos claro ninguno (ni Orión ni yo) dónde lo llevaban, ni qué iban a hacer con él. Fui detrás de ellos y sentí que era el momento de acompañar a aquel animal y no despegarme de él. Si algo malo iba a ocurrirle, intentaría por todos los medios a mi alcance impedirlo. Aún no sabía cómo, pero lo haría.



Los dos avanzaron hacia una especie de sala donde comenzaron a bañarlo. Me senté a ver su gran belleza, sobre todo la de sus ojos que desprendían nobleza. Sebas lo trataba con mucho cariño y le limpiaba los ojitos como si fuera una persona. Orión permanecía erguido, majestuoso y de vez en cuando miraba hacia donde yo estaba como si pudiera verme. Me intuía, sentía mi presencia. Lo tuve claro.



- Sebas, ¿Has terminado? - preguntó Lourdes impaciente.   



-  Estoy a punto, la verdad es que no me ha costado nada. Orión es muy bueno - dijo dirigiéndose al perro, y continuó diciendo:



- Por eso aún me cuesta más lo que vamos a hacer.



Al escuchar aquello me levanté de golpe, con esa rabia que algunas veces nos hace reaccionar olvidando las buenas formas y sin más dilación y por primera vez desde que dejé el mundo de los vivos, me hice visible, aparecí en aquel lugar. Pregunté por un perro de las características de Orión y expresé mi deseo de llevarme en adopción a un animal que cumpliera aquellas características. Lourdes que atendía a la entrada echó a correr y llamando a Sebas le dijo:

 

- ¡Compañero! ¡Trae a Orión! Han venido a por él.



Sebas con lágrimas en los ojos se despidió de su fiel amigo, después de un año venían a por él ya que nadie lo había adoptado.



Cuando Sebas llegó a la entrada y Lourdes le dijo que se había dado el milagro y una persona había venido a llevárselo en el último momento para adoptarlo, él rompió a llorar y me abrazó, un abrazo fuerte, cálido y de agradecimiento.



¡Cuánto tiempo sin sentir una demostración de cariño en mi cuerpo ya inexistente! De hecho, no era mi cuerpo, era otro que cogí prestado o quién sabe si el mío nuevo.



Aquello era un paso más, una respuesta nueva a las incógnitas de mi permanencia en este mundo y una señal de cómo mi energía quedó suspendida en esta dimensión donde me encuentro y hoy fluye de manera diferente en una persona que aparece para comportarse como un salvavidas.



- Me lo llevo, muchas gracias - y despidiéndome del personal me marché con mi nuevo amigo Orión y mi nueva presencia.



¡Feliz Navidad y Año Nuevo! Qué los Reyes Magos os concedan todos vuestros deseos. Nos vemos tras estas fiestas que debemos disfrutar con la mayor prudencia y mucho amor por los nuestros. Mariate.

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