
“Las muñecas de Famosa se dirigen al portal, para hacer llegar al Niño su alegría y su amistad…”
Si no has podido evitar añadirle la musiquilla, seguro que ya sabes quiénes son los Reyes Magos.
Yo también lo sé desde hace mucho tiempo, pero no he podido evitar recordar aquel anuncio que nos llevaba directamente a las fechas más deseadas del año.
Cuando solo tenías que preocuparte de reencontrarte con tus primos en casa de tus abuelos, volver a compartir juegos y mesa, coger a escondidas algún polvorón, abrigarte para pasear por las calles iluminadas con centenares de bombillas, visitar todos aquellos puestos callejeros eventuales llenos de juguetes, recorrer los belenes que ocupaban plazas enteras y para rematar la tarde, ver el último estreno cinematográfico infantil tan esperado de Walt Disney Pictures.
Cuando cantar villancicos era un concurso entre colegios, las jugueterías eran lugares de culto donde pegabas tu nariz para ver más de cerca tu juguete preferido, las cartas a los Magos de Oriente era una declaración de principios y entregársela a un paje, un acto de fe.
Cuando aún Papá Noel no nos visitaba y todas nuestras esperanzas las depositábamos en “nuestro rey mago” confiando recibir lo que habíamos pedido, asegurándole un comportamiento ejemplar y esperando que no se enterase de ninguna trastada. No habría fracaso mayor que recibir carbón.
Cuando postulábamos por las casas para recibir el aguinaldo, comprábamos castañas en su correspondiente cucurucho de papel de periódico aprovechando el calor que desprendían para guardarlas en los bolsillos y calentarnos las manos.
Cuando la cabalgata era el mayor “espectáculo del mundo” y buscabas tu regalo camuflado en la carroza de tu rey preferido, deseando volver a casa a colocar agua a los camellos e intentar no conciliar el sueño para espiar cada uno de sus movimientos.
La inocencia y la ilusión se aliaban de tal manera que es la única forma de entender el espíritu de la Navidad.
Pero de la ilusión a la nostalgia solo hay un paso (y algunos años) y de repente nos hacemos Reyes Magos...
Disfrutemos con la familia, aunque sea en petit comité, pues lo que más pesa en estas fechas son las bajas en la mesa y en el corazón.
“Nochebuena de amor, Navidad jubilosa... es el mensaje feliz de las muñecas famosas”
... y el mío.

