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ENTRE TÚ Y YO

Un paseo en barca

Esther Egea Miércoles, 23 de Diciembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

Ser familia o hacer familia no es tan sencillo como parece. Pero como muchos aprendizajes vitales no hay un entrenamiento formal para formar una familia.

 

Imaginemos la familia como una barca donde cada miembro ocupa un lugar para mantener el equilibrio y no caerse. Y aunque cada uno puede ocupar un lugar distinto dentro de la barca, no todos los puestos son funcionales y crean desequilibrios que hacen tambalear la barca. Crean desórdenes en el amor y “con amor, sólo con amor, no basta. Tiene que estar el orden”, como  dijo Bert Hellinger.

 

El amor es como el agua, que sin un cauce o un recipiente que lo contenga, se desparrama. En la familia hay tres leyes que le dan ese orden, ese cauce, esa contención al amor, para que fluya en vez de perderse.

 

La primera ley es la pertenencia. Todos al nacer pertenecemos a una familia y el ser excluídos desequilibra. Me viene a la cabeza el padre divorciado que es negado a ver a sus hijos por desavenencias con la madre. O el padre alcohólico o el hijo delincuente que es rechazado por la familia por sus comportamientos. No importa si eres buena o mala persona, todos merecemos un puesto en el sistema familiar. El problema es que, si se excluye a alguien, otro ocupará de manera inconsciente su lugar, repitiendo su destino.

 

La segunda ley es la prevalencia, que invita a cada miembro a estar en el lugar que le corresponde. Los padres deben ocupar el lugar de los padres y los hijos el de los hijos, siendo los padres los grandes frente a los hijos; y siendo la pareja iguales, hombro con hombro.  Qué ocurre cuando los hijos deciden sobre normas y límites que deben liderar los padres? El caos está asegurado porque no ocupan el lugar adecuado de verticalidad, y qué ocurre cuando uno de la pareja está por encima o debajo del otro? Tampoco se respeta el orden establecido, en este caso de horizontalidad.

 

Y la tercera ley es el equilibrio entre dar y recibir. Los padres dan y los hijos reciben. Los padres son los responsables de cubrir las necesidades de los hijos y no al revés. Atiendo a familias que demandan que sus hijos sean responsables de más obligaciones y que demanden menos atención, sobre todo, si los padres llegan a casa agotados y necesitan descansar. No están preparados para atender y cuidar de sus hijos.

 

Volviendo a la imagen de la barca, cualquier movimiento dentro de ella va a general un movimiento general. Es decir, si yo como pareja pongo límites y decido ser tratado con respeto y se me tengan en cuenta mis opiniones y decisiones; si como padres unificamos criterios y mandamos sobre nuestros hijos para que ocupen el lugar de hijos, es evidente que hay cambios en la barca. Y ante los cambios suele haber también resistencias porque, aunque la nueva posición fuera más funcional, se rompe el equilibrio, la barca se tambalea y por "miedos" queremos seguir ocupando los mismos lugares. Mantener el cambio es obligar al resto a "mover el culo" y no es fácil. O vencemos las resistencias y nos movemos o volvemos al mismo sitio, pero la barca necesita su equilibrio.

 

Invito al lector a que visualice su barca como pareja, como padre o como hermano y que valore sus cambios para estar mejor; recordando que el único subsistema que puede desaparecer de la barca es la pareja, a nivel conyugal, no parental.

 

Respetando estas tres leyes sistémicas, cada miembro de la familia podrá estar en su sitio disfrutando del paseo en barca, sin la amenaza de perder el equilibrio.

 

Nos vemos el miércoles próximo. Feliz Navidad. Esther.

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