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ENTRE TÚ Y YO

"Las razones del mal"

Javier Escolano Miércoles, 30 de Diciembre de 2020 Tiempo de lectura:

 

“Solo una humanidad a la que la muerte le resulta tan indiferente como sus propios miembros, una humanidad que ya ha muerto para sí misma, puede decretar administrativamente la muerte sobre innumerables personas.”  Jürgen Habermas (Düsseldorf, 1929).

 

Suele decirse que, en la evolución del ser humano, el reconocimiento de que “el mal existe en el mundo, constituye el momento de abandono de la “inocencia de la infancia” para adentrarse en la “realidad de la vida”, propia de la madurez.

 

En cualquier caso, como vengo sosteniendo desde esta tribuna, un rasgo que a mi juicio si es propio de personas y sociedades adultas, no irrigadas por el infantilismo estéril, es la capacidad para “trabajar el pasado” como herramienta para vivir el presente y construir el futuro.

 

Preguntarse sobre el “mal” e, incluso sobre la presencia,  “del mal absoluto” en la historia de la  humanidad, nos lleva en nuestros tiempos al Holocausto.

 

Sin duda, “un tema desbordado de dolor: dolor por la separación y el exilio, por la persecución y la tortura, por la degradación y el asesinato, por las cicatrices y las pesadillas de los supervivientes. Al adentrarnos en el Holocausto nos arriesgamos a sufrir una desilusión colosal con el ser humano y angustiarnos con la idea de que, en este mundo, las cosas pueden torcerse hasta un extremo terrorífico”.

 

En estos términos se pronuncia PETER HAYES (Boston, 1946),  Catedrático de Historia en Northwestern University,  en su magnífico y documentado libro LAS RAZONES DEL MAL” (Editorial Planeta, 2018); en el cual, con “cuidado y sobriedad” da respuesta al reto de comprender qué fue realmente el Holocausto y las razones del mal. Tenemos el reflejo de calificar el Holocausto de “increíble” o de “inexplicable” como forma de distanciarnos y expresar el disgusto ante lo ocurrido. Sin embargo, como bien dice el autor:“… es comprensible de la misma manera en que lo es toda experiencia vital o humana de carácter catastrófico, con dificultad, paciencia y aplicación. Afirmar que el tema es impenetrable es perder la esperanza, abandonar, admitir que somos demasiado perezosos para una labor tan ardua y, lo peor de todo: rendirnos porque dirigir la mirada a este abismo supone todo un desafío para nuestras ilusiones más preciadas sobre nosotros mismos y los demás seres humanos”.

 

Desde esta convicción de que el Holocausto se puede explicar históricamente tanto como cualquier otra experiencia humana, PETER HAYES, argumenta que fue fruto de un lugar y un tiempo específico: Europa, en los años posteriores a la revolución industrial, la agitación de la primera guerra mundial y la revolución bolchevique. Y, en este contexto, la vieja hostilidad contra los judíos y el judaísmo, se transformó en la obsesión por eliminar a los judíos de la sociedad civil, como solución mágica de todos los problemas sociales.

 

A lo largo del libro, el autor rebate o, al menos, pone en duda una serie de mitos, formula preguntas, fija respuestas y extrae lecciones. De todo ello, que es mucho, me atrevo a destacar lo siguiente:

 

[Img #77843]

 

1ª. ¿Por qué los judíos?

 

“Porque su emancipación, en el siglo XIX, después de siglos de confinamiento residencial y laboral despertó una reacción que dio nuevo impulso y forma a un odio quimérico, es decir, a la creencia de que constituían la única causa de todo lo que a otros les provocaba repulsa o terror”. No hay que olvidar un párrafo de MEIN KAMPF en el cual, Hitler afirma: “tan solo con que doce mil o quince mil judíos más hubieran tenido el coraje de sucumbir ante los gases venenosos del frente, Alemania habría vencido en la primera guerra mundial”

 

2ª. ¿Por qué los alemanes?

 

Porque una crisis nacional muy grave y de múltiples dimensiones, de agitación económica, política, cultural y social, posibilitó que quienes creían en ese odio alcanzaran el poder en Alemania y adoctrinaran a los demás o reforzaran su hostilidad”.  

 

Desde 1918 se instaló  entre los alemanes una especie de mentalidad de asedio, una actitud vital de “estamos solos frente a un mundo cruel e injusto”. ¿Y de quien era la culpa? De los Aliados, por su humillación en el Tratado de Versalles; los marxistas, por sus falsas ilusiones; y los judíos, por debilitar la nación. Sin la Gran Depresión y sin la connivencia de los líderes conservadores que esperaban utilizar a Hitler para sus propios fines éste no habría alcanzado el poder.

 

3ª. ¿Por qué asesinar, y con aquellos medios?

 

“Por un proceso de progresiva búsqueda de soluciones, cada vez más radicales, dado que los intentos de “expulsar” a los judíos del territorio alemán resultaban insuficientes o de imposible aplicación, por lo que se optó por métodos de “aniquilación” cada vez más extremos”.

 

El régimen nazi se embarcó en un proceso de “aprendizaje en el mal” desde 1933 a 1941, que atravesó tres estadios: 1º) desde que Hitler subió al poder hasta la anexión de Austria (marzo de 1938) aprendió que estaba en sus manos perseguir a los judíos alemanes sin resistencia interna y ni de otros países; 2º) hasta la invasión de la Unión Soviética (junio de 1941) aprendió que no estaba en su mano “expulsar por completo” a los judíos de su territorio; y, 3º) hasta otoño de 1941, Hitler reconoció que tenía los medios y la oportunidad para asesinar a los judíos, en toda Europa.

 

4ª. ¿Por qué la erradicación de los judíos estuvo cerca de ser total y acarreó la muerte de dos tercios de los judíos de Europa y al menos tres cuartas partes de los que estuvieron al alcance de los nazis?

 

“Porque la indiferencia y el egoísmo, primero de Alemania y luego, durante la segunda guerra mundial, en los estados ocupados, despejó el camino; porque la logística del asesinato demostró ser sencilla y se financiaba por sí sola; porque la fase de mayor ferocidad coincidió con los grandes éxitos militares de Alemania; y porque la mayor parte de la masacre se produjo cuando los países aliados contra el régimen nazi, no estaban en condiciones ni de observarla ni menos impedirla”.

 

En mi opinión: el libro que hoy les recomiendo, describe como la conjunción de lideres malvados sin escrúpulo moral alguno, en un escenario de profunda crisis económica, social y de identidad colectiva nacional, pueden “romper la fina piel de la civilización”; entendida como imperio de la ley (que es garantía de la igualdad de derechos de los ciudadanos) y arrastrar a personas individuales, asociaciones y colectivos por la degradación más completa y exhaustiva, hasta hacer eficientemente el mal más absoluto.

 

Por eso, son de obligado aprendizaje lecciones como PETER HAYES apunta: “estén alertas pero sin miedo;  sean independientes pero no se aíslen en grupos o minorías; tengan cuidado con palabras como “memoria” e “identidad”;  conserven la distinción ética entre fines y medios; la primera responsabilidad como ciudadanos -sea cual sea nuestra posición en la sociedad- es no hacer daño, y  es de importancia esencial el valor personal (coraje, astucia, persistencia y creatividad) para enfrentarse al mal”.

 

Queridos lectores, de nuevo “trabajemos el pasado”, “superemos la indiferencia”, “asumamos nuestra responsabilidad individual de mantener la cordura, la seriedad, la prudencia, la generosidad y no hacer daño”; para vivir el presente y construir el futuro, que ha de ser compartido. Y sobre todo, recordemos las lecciones de los siglos XIX y XX, teñidos de ideologías nefastas que han cristalizado en verdaderas historias del mal: nacionalsocialismo, fascismo y comunismo; y, como, en todas ellas el camino autoritario sin retorno comienza cuando: “una minoría movida por el odio se apoya entonces en la autoridad del estado para, sin ataduras, impulsar los acontecimientos hostigando a los grupos elegidos como blanco para hacer su vida aún más difícil”  (página 109, obra citada).

 

En quince días, habrá concluido un año sin poesía ni prosa, sin cercanía que nos hace humanos, con muchos vacíos irremplazables de quienes no debieron dejarnos todavía, con verdadera hambre no simbólica, escasez no solo económica y desamparo casi pleno o colectivo; pero también de ciencia, entrega generosa, de recursos personal y familiarmente compartidos, de trabajo duro más allá de tiempo y nómina. En fin de inteligencia, esperanza y entereza propiamente humanas, donde reside, sin duda, nuestra natural fortaleza. Dejo mi “caja de herramientas” abierta, a la espera…de quienes de ustedes quieran venir a recogerla.

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