A los del 15-M
… Aunque a mí personalmente me gusta más su anterior definición, mucho más fiel y descriptiva, de movimiento DRY (Democracia Real Ya), pues lo otro es una moda alfanumérica en la que ya no sabemos cual es cual de las cada vez más que pululan por ahí. Por las iniciales podemos sacar el nombre, pero por la fecha hay que tener un almanaque de efemérides a mano, y como caigan dos eventos en la misma vamos aviaos, pasmaos…
Pues a lo que iba. Que muchos de mis adeptos más adictos me han dicho si no iba a escribir nada sobre los indignados. Es que he preferido dejar pasar un tiempo prudencial a fin de intentar analizar el fenómeno con un poquico de perspectiva, si es que ello es posible. Y tratar de ver en qué podía quedar la cosa en la distancia, aunque sea a distancia corta. Y lo cierto es que, al menos en su principio, tenían, y quiero creer que aún conservan, la simpatía, la adhesión, cercanía y defensa de casi todo el mundo. ¿Quién no quiere hipotecas justas, despolitización judicial, limpieza y claridad en la gestión pública, honradez en la gestión política, una ley electoral no pervertida, el fin del meritaje y maridaje con el mundo financiero, y un etcétera igual y más largo que un día sin pan?.. Pos tó quisque, leches… Si llevan más razón que todo el santoral junto, que nadie se engañe… Si es lo que yo vengo pregonando desde que aprendí a escribir…
La cuestión es que saben el qué, pero no saben el cómo. Se conoce el problema pero no se plantea la solución. Y las protestas sin propuestas se fagocitan a sí mismas en el tiempo. Y esto lo saben los políticos, a los que no les interesa en modo alguno unos cambios que atentan contra sus enquistados privilegios. Y juegan a hacerles guiños y sonreírles mientras les dejan freirse en su propia salsa. Una salsa que empieza a estar en su punto de ebullición, pues comienzan a verse como okupas callejeros, como asentamientos insanos, sucios, descuidados, donde los comerciantes y vecinos afectados ya protestan, y los ciudadanos de a pie a verlos como hippylandias, como campamentos muy estáticos pero poco estéticos, donde el aparquismo ofrece la apariencia contraria al dinamismo. Y es que una cosa es salir a la calle y otra es ocupar la calle, y provocar una costumbre donde el pretendido activismo puede acabar en excepticismo.
Y lo cierto es que sería una verdadera lástima que algo tan loable y deseable quedase en agua de borrajas. Porque nuestra sociedad está necesitada de un movimiento de regeneración como el que proponen los indignados, a fin de limpiar cuanto de podrido y viciado existe en un sistema democrático que, enfermo, se ha prostituido a sí mismo. Pero si la sola recuperación del espacio público físico común acaba con tales principios, es que todo ha sido un espejismo de fondo, aunque no de forma. Y tal desalojo se hará antes o después, no lo duden. Aunque solo sea por su aspecto cochambroso, por su imagen chabolista, o por la sola viabilidad urbana. Y no hablemos si invadimos televisiones e hipermercas…
Así que, ¿qué va a quedar cuando la limpieza viaria se lleve los últimos plásticos y cartones?.. ¿la persistencia en rehacer el nido, como las golondrinas?.. ¿solo eso?.. Eso es lo que espera la clase política, y en ello confía. Por tal motivo creo que el estatismo ha de convertirse en dinamismo. Y puesto que los vientos aún soplan en su favor, aprovecharlos y que se muevan, que visiten establecimientos y los sumen a la causa, que pidan su colaboración exponiendo carteles concienciatorios, recogiendo firmas, actuando… Que promuevan foros de opinión, que para eso vivimos en la era de las comunicaciones, que postulen fórmulas concretas, que fomenten el apoyo del, y muevan al, ciudadano. Que nos metan en la lucha, que apuntalen el movimiento social, que salgan a la calle sin apoltronarse en la calle, que busquen nuestra ayuda, nuestra complicidad y una estrategia conjunta, no sé…
… En fin, la pregunta sería en doble sentido: ¿cómo pueden los jóvenes indignados integrar su movimiento en una ciudadanía igual de indignada?... ¿y cómo puede el resto de la ciudadanía integrarse en tal movimiento de común indignación?.. It is the question, colegas…
Pues a lo que iba. Que muchos de mis adeptos más adictos me han dicho si no iba a escribir nada sobre los indignados. Es que he preferido dejar pasar un tiempo prudencial a fin de intentar analizar el fenómeno con un poquico de perspectiva, si es que ello es posible. Y tratar de ver en qué podía quedar la cosa en la distancia, aunque sea a distancia corta. Y lo cierto es que, al menos en su principio, tenían, y quiero creer que aún conservan, la simpatía, la adhesión, cercanía y defensa de casi todo el mundo. ¿Quién no quiere hipotecas justas, despolitización judicial, limpieza y claridad en la gestión pública, honradez en la gestión política, una ley electoral no pervertida, el fin del meritaje y maridaje con el mundo financiero, y un etcétera igual y más largo que un día sin pan?.. Pos tó quisque, leches… Si llevan más razón que todo el santoral junto, que nadie se engañe… Si es lo que yo vengo pregonando desde que aprendí a escribir…
La cuestión es que saben el qué, pero no saben el cómo. Se conoce el problema pero no se plantea la solución. Y las protestas sin propuestas se fagocitan a sí mismas en el tiempo. Y esto lo saben los políticos, a los que no les interesa en modo alguno unos cambios que atentan contra sus enquistados privilegios. Y juegan a hacerles guiños y sonreírles mientras les dejan freirse en su propia salsa. Una salsa que empieza a estar en su punto de ebullición, pues comienzan a verse como okupas callejeros, como asentamientos insanos, sucios, descuidados, donde los comerciantes y vecinos afectados ya protestan, y los ciudadanos de a pie a verlos como hippylandias, como campamentos muy estáticos pero poco estéticos, donde el aparquismo ofrece la apariencia contraria al dinamismo. Y es que una cosa es salir a la calle y otra es ocupar la calle, y provocar una costumbre donde el pretendido activismo puede acabar en excepticismo.
Y lo cierto es que sería una verdadera lástima que algo tan loable y deseable quedase en agua de borrajas. Porque nuestra sociedad está necesitada de un movimiento de regeneración como el que proponen los indignados, a fin de limpiar cuanto de podrido y viciado existe en un sistema democrático que, enfermo, se ha prostituido a sí mismo. Pero si la sola recuperación del espacio público físico común acaba con tales principios, es que todo ha sido un espejismo de fondo, aunque no de forma. Y tal desalojo se hará antes o después, no lo duden. Aunque solo sea por su aspecto cochambroso, por su imagen chabolista, o por la sola viabilidad urbana. Y no hablemos si invadimos televisiones e hipermercas…
Así que, ¿qué va a quedar cuando la limpieza viaria se lleve los últimos plásticos y cartones?.. ¿la persistencia en rehacer el nido, como las golondrinas?.. ¿solo eso?.. Eso es lo que espera la clase política, y en ello confía. Por tal motivo creo que el estatismo ha de convertirse en dinamismo. Y puesto que los vientos aún soplan en su favor, aprovecharlos y que se muevan, que visiten establecimientos y los sumen a la causa, que pidan su colaboración exponiendo carteles concienciatorios, recogiendo firmas, actuando… Que promuevan foros de opinión, que para eso vivimos en la era de las comunicaciones, que postulen fórmulas concretas, que fomenten el apoyo del, y muevan al, ciudadano. Que nos metan en la lucha, que apuntalen el movimiento social, que salgan a la calle sin apoltronarse en la calle, que busquen nuestra ayuda, nuestra complicidad y una estrategia conjunta, no sé…
… En fin, la pregunta sería en doble sentido: ¿cómo pueden los jóvenes indignados integrar su movimiento en una ciudadanía igual de indignada?... ¿y cómo puede el resto de la ciudadanía integrarse en tal movimiento de común indignación?.. It is the question, colegas…




















