
Con la entrada del año nuevo, llego a la decimoprimera letra de nuestro abecedario, escasa en nuestro diccionario, donde la generalidad de voces es de evidente procedencia extranjera, siendo mayoritariamente apellidos, ciudades, animales o accidentes geográficos.
Después de tantas fiestas, aunque hayan sido desleídas, la primera que me viene a la cabeza es la palabra kilos, esa que se acostumbra a mencionar con más asiduidad de la cuenta en el mes de enero, y la desecho por repetitiva.
Continuo mi búsqueda y cambio de contenido y continente para llegar a Kenia. Con esta entrada, solo quiero reivindicar las ganas de volver a organizar y realizar viajes, y poder poner este país en la lista de mis destinos.
Busco y rebusco alguna con un significado de más peso y enjundia para comenzar el 2021, “et voilà”, no puede ser otra que karma.
Esta palabra, que cada vez utilizamos más en la cultura occidental, despierta mi curiosidad básicamente por desconocida, y apenas logro alcanzar a comprender su definición: la interpretación energética de la ley física de causa y efecto, asegurando que cada individuo vive las consecuencias de sus propios actos, ya sean positivos o negativos.
Aprovecho la oportunidad para desarrollar y conocer un poco más esta voz sánscrita que en las filosofías Hindú y Budista significa “acción”, y es típicamente utilizada para referirse a las consecuencias de dicha acción. La rueda de la vida, conectada al concepto de karma, simboliza el ciclo de la vida que incluye nacimiento, vida y muerte.
Tanto en el budismo como en el hinduismo el ciclo, como la rueda, no tiene principio ni fin, y por tanto después de la muerte hay otro nacimiento y una nueva vida (una y otra vez). Esto es lo que llamamos reencarnación. Cuanto mejores sean nuestras acciones, más podemos avanzar en la rueda de la vida.
Existen obstáculos que son el origen del karma, y estos son el ego, la ignorancia, la ambición, el odio y el miedo a la muerte. Pero a través de acciones bondadosas, oración, meditación, yoga y otras prácticas espirituales, podemos resolver el karma y transformar el presente y futuro de nuestras vidas.
Pero la Ley del karma no ocurre por casualidad y en ella se encierran doce leyes que dictaminarán cómo responderemos por nuestras acciones, pensamientos y sentimientos.
1: La Gran ley. Tus acciones y pensamientos tienen consecuencias, aquello que sembramos es lo que cosecharemos.
2: Ley de la creación. Solo puedes cambiar tu vida en base a nuestras acciones.
3: Ley de la humildad. Hay que aceptar las cosas para poder cambiarlas.
4: Ley del crecimiento. Primero necesitas cambiar tú mismo para poder cambiar tu entorno.
5: Ley de la responsabilidad. Asume la responsabilidad de tus palabras, acciones y reacciones, sean buenas o malas.
6: Ley de la conexión. El pasado, presente y futuro están estrechamente relacionados.
7: Ley del enfoque. Enfócate completamente en la tarea en cuestión, para poder realizarla de la mejor manera posible. Enfocarse es mirar el mundo desde el corazón.
8: Ley de dar y la hospitalidad. Ofrecer y acoger son dos principios vitales en la humanidad, aquello que nos hace grandes y nobles.
9: Ley de aquí y ahora. Solo cuando aprendemos a entrenar nuestra atención en el momento presente, podemos apreciar mejor cada instante.
10: Ley del cambio. El pasado se repite hasta que aprendamos las lecciones necesarias para cambiar nuestro camino.
11: Ley de la paciencia y la recompensa. Las recompensas a largo plazo requieren paciencia y trabajo constante.
12: Ley de la importancia e inspiración. La recompensa es el resultado de la energía y el amor que has invertido en algo.
He sintetizado procurando no perder la esencia de una filosofía con unos principios y valores tan profundos e impecables.
Lo que somos hoy es la consecuencia de lo que fuimos ayer, de aquellas cosas que hicimos, de las personas que amamos y odiamos y de las decisiones que tomamos.
Probablemente la respuesta a muchas preguntas y a nuestra situación actual mundial.
Que nuestros actos sean dignos para merecer un mejor año nuevo.
Feliz 2021.

