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ENTRE TÚ Y YO

Que se apañen entre ellos

Juan Luis Pedreño Martes, 12 de Enero de 2021 Tiempo de lectura:

 

Hoy escribo desde la incertidumbre de estos días sobre la dichosa pandemia de la COVID-19 y de sus efectos de trabajo a distancia, bares y restaurantes cerrados, toque de queda y vete tú a saber si no recurrimos al confinamiento para paliar la situación sanitaria. Pues bien, como todo este desastre nos fuerza a estar más tiempo en casa y menos con los amigos, al menos ganamos tiempo para nosotros. Tiempo para pensar y reflexionar. Algo que viene muy bien en esta sociedad un tanto caótica.

 

Y aprovechando esta situación, voy a intentar convencerles de que, con un poco de imaginación, podemos crear algo muy grande. Sólo tenemos que buscar lo que la sociedad de hoy demanda. Pero no toda la sociedad en su conjunto, sino determinados grupos o sectores que pagarían por un servicio que aún no tienen y que ni siquiera conocen. Y es ahí, donde nos toca darle al cajón de las ideas.

 

Para los que no saben aún de lo que hablo, no hay problema. Porque seguro que les sonarán de algo aplicaciones como Airbnb, Blablacar, Uber, Trivago, Rastreator o Homeexchange. Plataformas que utilizamos a menudo y que no tenemos duda de que han generado grandes fortunas. Son empresas millonarias. Y para los más jóvenes también hay unas cuantas, desde Wallapop hasta Vinted, pasando por Milanuncios o por un clásico como ElRincondelVago.

 

La pregunta es sencilla. ¿Qué tienen en común todas estas aplicaciones? Porque si somos capaces de descubridlo, igual podemos aprovechar la pandemia para idear alguna que nos permita ser más felices. Porque junto al amor y la salud, el dinero también tiene su encanto. Y una de estas ideas, bien llevada, puede ser encantadora.

 

Pues bien, la respuesta es la siguiente. Todas estas aplicaciones son, simplemente, plataformas Web o Apps que ponen en contacto demandantes de un servicio con ofertantes del mismo. Y entre ellos se lo guisan todo. El que oferta se encarga de subir la foto, descripción y precio de la casa que intercambia, de la ropa que vende, del coche que alquila o del hotel que regenta. Y el que demanda, simplemente lo contrata y lo paga. Y a todo esto, ¿qué hay del dueño de la Web? ¿El que se está haciendo de oro juntando al que quiere con el que tiene? Pues ahí está, en su oficina contando los ingresos de su plataforma, bien sea por suscripción o por la publicidad o por un canon. Eso ya casi es lo de menos, cuando se ofrece a millones de usuarios.  Y lo más sorprendente es que no hace falta saber de informática ni de finanzas. Todo se externaliza de forma muy sencilla. El valor está en la idea y en las ganas de ponerla en marcha.

 

Rusos para esquiar en Granada; Valencianos para recolectar trufas en Piamonte; Japoneses para bailar sevillanas en el Rocío o Canadienses para jugar al fútbol en Cartagena, todo a través de una Web, y que se apañen entre ellos. No es ninguna broma. ¡Mucha suerte!

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