Mami, ¿qué será lo que quiere el negro?
Necesitaba enamorarme.
Necesitaba enamorarme de un amor de esos tan febrilmente apasionado y melodramático que me quitara el hambre, el sueño y las ganas de trabajar.
Era lo mejor que me podía pasar porque ya no iba a tener dinero para saciar mi hambre, ni lecho sobre el que reposar mi cuerpo, ni trabajo al que ir a fichar.
Necesitaba enamorarme de forma rabiosamente furiosa para que ese algodón de azúcar que es el amor, inundara mi cerebro con su esponjosa y rosa imbecilidad, para que nublara mis ojos con su estúpido rosicler y no me dejara ver tanto negro agorero como me rodeaba.
A falta de pan, necesitaba atiborrarme de rosa, de un rosa canalla que, con ademanes afeminados, plantara cara a los hombres de negro de Guindos, atragantara en la boca el negro bla, bla, bla de Mariano y entretuviera en una esquina, de forma acaramelada, el negro futuro que se cierne sobre España.
Pero, de repente, en medio de mi almibarado desquiciamiento, descubrí que no podía dejar en las manos pastel de un blando, lo que podía hacer perfectamente por mi sola y decidí personalmente ligarme al negro.
Como una sola hembra, encaminé mis pasos hacia las dos exposiciones que Jordi Teixidor tiene en Murcia, una en El Almudí y otra en La Aurora, que me habían dicho que allí había mucho negro y lo había, ¡vaya si lo había!
El negro campaba a sus anchas, en toda su oscura enormidad, como un reguero de gigantescas migas de carbón transgénicas que lo mismo podían marcar el camino de una travesía a ninguna parte que el de una marcha minera.
El negro se abría paso entre soles de verano y rodajas de sandía, colonizando el porvenir, ensuciando con su tizne mi esperanza. Y caí rendida a sus pies. Locamente enamorada.
Pero no llegué a saber qué era lo que quería el negro, porque me acordé de las últimas marianadas y pensé que, con tanto recorte, este negro la tendría pequeña. Y me marché dispuesta a morir matando.
![[Img #8468]](upload/img/periodico/img_8468.jpg)
Jordi Teixidor. Travesía. Palacio Almudí. Hasta el 15 de julio
Jordi Teixidor. Obra reciente. Galería La Aurora. Hasta el 31 de diciembre
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Necesitaba enamorarme de un amor de esos tan febrilmente apasionado y melodramático que me quitara el hambre, el sueño y las ganas de trabajar.
Era lo mejor que me podía pasar porque ya no iba a tener dinero para saciar mi hambre, ni lecho sobre el que reposar mi cuerpo, ni trabajo al que ir a fichar.
Necesitaba enamorarme de forma rabiosamente furiosa para que ese algodón de azúcar que es el amor, inundara mi cerebro con su esponjosa y rosa imbecilidad, para que nublara mis ojos con su estúpido rosicler y no me dejara ver tanto negro agorero como me rodeaba.
A falta de pan, necesitaba atiborrarme de rosa, de un rosa canalla que, con ademanes afeminados, plantara cara a los hombres de negro de Guindos, atragantara en la boca el negro bla, bla, bla de Mariano y entretuviera en una esquina, de forma acaramelada, el negro futuro que se cierne sobre España.
Pero, de repente, en medio de mi almibarado desquiciamiento, descubrí que no podía dejar en las manos pastel de un blando, lo que podía hacer perfectamente por mi sola y decidí personalmente ligarme al negro.
Como una sola hembra, encaminé mis pasos hacia las dos exposiciones que Jordi Teixidor tiene en Murcia, una en El Almudí y otra en La Aurora, que me habían dicho que allí había mucho negro y lo había, ¡vaya si lo había!
El negro campaba a sus anchas, en toda su oscura enormidad, como un reguero de gigantescas migas de carbón transgénicas que lo mismo podían marcar el camino de una travesía a ninguna parte que el de una marcha minera.
El negro se abría paso entre soles de verano y rodajas de sandía, colonizando el porvenir, ensuciando con su tizne mi esperanza. Y caí rendida a sus pies. Locamente enamorada.
Pero no llegué a saber qué era lo que quería el negro, porque me acordé de las últimas marianadas y pensé que, con tanto recorte, este negro la tendría pequeña. Y me marché dispuesta a morir matando.
![[Img #8468]](upload/img/periodico/img_8468.jpg)
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