
¿Empezará de nuevo otro confinamiento? Hago cábalas sobre la situación y creo que sí, de otra manera, con menos encierro, de una responsabilidad más personal, más libre, puesto que ya hemos agotado todas las formas posibles de evitar contagios, con órdenes, prohibiciones, multas. Se hizo en una primera fase, tuvo éxito, pero continuamos con mucho riesgo. Y mientras no seamos lo suficiente maduros de verdad, a nivel individual, asumamos con conciencia responsable la decisión de salir o no a la calle, de no entrar en lugares masivos, que los hay, continuaremos agrandando el círculo del virus. La gente se baja la mascarilla, fuma en la calle, no es capaz de alejarse, de dejar paso aun cuando va ocupando toda la acera. La vacuna parece muy complicada de administrar con eficacia, su puesta a punto es irregular… Demasiados factores a tener en cuenta.
Llegado este momento, prohibir para soltar la cuerda después, resulta atolondrado, porque lo que se recupera se vuelve en contra. Es lo que hemos tenido hasta ahora y la realidad no pinta bien. Hasta cierto punto existen muchas circunstancias adversas que forman parte de nuestra vida. La sociedad está planificada con argumentos muy cómodos. Lo queremos todo. Y entre ese todo entra una liberación poco fraternal: “Ande yo caliente y ríase la gente”.
Y es, por esa incógnita que se nos ha colocado encima, que se me ocurre dar un giro hacia otras cosas. Pensar en espacios abiertos, inocentes, alegres, que todos puedan disfrutar. Siempre me ha llamado la atención ver a una persona en un parque leyendo. Nunca lo he probado; demasiado tímida para sentarme a leer. Me sentiría observada. Sin embargo, admiro esa libertad en los demás. Los episodios solitarios cada vez son más largos, y es bueno huir de hábitos que nos arrinconan. Más que nunca necesitamos un cobijo mental, intelectual que nos haga evadirnos y podamos encontrar otro modo de relacionarnos, aprender y recrear nuestro propio criterio sin la necesidad de recurrir a la vorágine de las horas en la calle, porque sí.
Leer es una buena trinchera contra la realidad inmediata, sin vuelta atrás por el momento. Pierre Bayard, psicoanalista, nos dice en su ensayo “Cómo hablar de los libros que no se han leído”, a propósito de lo que significa el hecho de leer, y recomienda: “Por mucho que hayamos devorado libros siempre será menor que las lecturas pendientes. Más que leer a un autor en particular, es importante que toda lectura contenga una dimensión creativa, poniendo el lector algo de su parte”. David Foenkinos nos encandila con su prosa siempre delicada: “La biblioteca de los libros rechazados”, una breve novela donde se teje una trama casi policíaca, inteligente y divertida. Sus libros son sensibles, reales, hasta el drama se vuelve tierno, sin llegar a la tragedia. Cuando empezamos a leer las primeras páginas de un libro sopesamos de antemano un rechazo, o un deleite que nos induce a continuar. Y es verdad que imaginamos, sin darnos cuenta, algo paralelo a su lectura. Dicen que uno de los derechos del lector es abandonar un libro cuando no interesa. Algo que no siempre ponemos en práctica por falta de confianza.
¿Y qué decir de los jardines? Cada ciudad o pueblo tiene su demarcación verde, apacible, atractiva, y hasta salvaje. Monty Don, un gurú apasionante de los jardines más dispares, nos enseña en sus documentales a valorar esa riqueza vegetal diseñada con auténtico atrevimiento en la diversidad de las zonas abiertas por las que paseamos o tenemos en nuestra propia vivienda. En el centro de Manhattan, en lo que era una gran zanja desaprovechada y abandonada, de más de una hectárea, se concedió el permiso para hacer un huerto enorme, donde la gente acude a trabajar en la tierra; se plantan todo tipo de árboles frutales y hortalizas que se venden a un público que participa de este proyecto. También existen actividades para que los niños puedan jugar y hacer sus deberes al aire libre. Un trabajo de reciclaje paisajístico para una comunidad con pocos medios a la que se le reconoce un mérito colectivo.
Nuestro romántico jardinero, propone perder el miedo a la hora de planificar cualquier trocito de terreno, y me he dado cuenta de algo que siempre había imaginado: un jardín es un ámbito donde lo importante es que resuelva las características del lugar donde se encuentra. A las malas hierbas hay que sacarles partido; dentro de la belleza que generan, están de moda, y están en su hábitat. Todo es correcto siempre que el resultado tenga coherencia, armonía, encanto. La hierba puede lucir tan intensa como el elegante césped, junto a los montones de leña cortada, y las flores acompañan a los frutales, con un sentido profundo de la estética dentro del paisaje. Ahora que los sitios cerrados están vetados, los espacios al aire libre van a ser indispensables en invierno y en verano. Habrá que acondicionarlos; un reclamo que merece la pena tener en cuenta, en cualquier momento.
Caminando por el Paseo Fluvial del Río, me ha impresionado el resultado de la grandiosa planificación verde que se ha hecho en sus orillas, lo hermoso y extraño que resulta en estos días invernales, ver nuestra ciudad, oscura y lluviosa con cinco grados de temperatura. La ausencia de sol me ha provocado un sentimiento muy agradable. Porque estas sensaciones que nunca describiremos para nuestra tierra, también son importantes, y me hacen reflexionar sobre la pertenencia al mundo que debe ser completa, con todas sus consecuencias.
¡¡Cuidémonos mucho, y también a la naturaleza!! ¡¡Buena semana!!

