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ENTRE TÚ Y YO

“Bajo una estrella cruel”

Javier Escolano Miércoles, 20 de Enero de 2021 Tiempo de lectura:

 

“¡Cuántas veces hemos preferido el éxito antes que la verdad, nuestra reputación antes que la justicia!”  Joseph  Aloisius Ratzinger (Marktl, 1927).

 

Hace quince días me adentré con ustedes, en “las razones del mal” de la mano de Peter Hayes, al recordar el meticuloso y razonado esfuerzo del autor para analizar el Holocausto, arriesgándonos a sufrir una desilusión colosal con el ser humano; con el propósito, para mí, de evitar el olvido de las nefastas ideologías que asolaron el siglo XX (nacionalsocialismo, fascismo y comunismo). Y hoy, les traigo noticia y recomiendo, el libro de memorias sobre la vida de Heda  Margolius Kovály, bajo los totalitarismos nazi y comunista, titulado “Bajo una estrella cruel” (Editorial Libros del Asteroide, 2013).

 

Es un libro impactante que recorre, durante los años 1941 a 1969 la vida de Heda Bloch, nacida en Praga en 1919, en el seno de una familia de judíos acomodados; del cual me permito destacar:

 

[Img #78403]

 

 

1º.- Praga ocupada por los nazis: deportación, gueto y campo de exterminio.

 

Heda, con veintidós años, asiste al desmoronamiento del mundo cuando, en 1941 tras la ocupación nazi de Checoslovaquia, es deportada junto a su familia al gueto de Lódz (centro de Polonia) y posteriormente a Auschwitz, donde sus padres fueron asesinados en 1944.

 

De este período, les transcribo algunas reflexiones de la autora:

 

“No hay nada más absurdo, ni cruel que morirse antes de ser culpable de pecados que pudieran justificar la muerte”.

 

A un régimen totalitario no le resulta difícil mantener a la gente en la ignorancia. Una vez que has sacrificado tu libertad en nombre de la “conciencia de la necesidad” o de la disciplina del partido, la conformidad con el régimen, la grandeza y la gloria de la patria o cualquier otro concepto similar, de esos que se ofrecen tan fácilmente, ya has cedido el derecho a la verdad… Aquel hombre vivía en la Alemania nazi y tenía contacto a diario con un campo de concentración y sus internos, pero no sabía nada”.

 

“En cuanto me escapase de las bayonetas, me encontraría fuera del sistema. Ya no pertenecería a nadie ni a nada. Nadie sabría de mi existencia. Tal vez solo ganaría unos cuantos días o unas pocas horas, pero sería una libertad que millones de personas no podían imaginar”.

 

2º.- Escapada, regreso a Praga ocupada, clandestinidad y final de la guerra.

 

Heda consiguió escapar, junto a otras dos mujeres durante el traslado al campo de Bergen-Belsen. Tras sufrir casi la extenuación, en su viaje a píe hasta Praga ocupada por los nazis, descubrió el miedo y la indiferencia de viejos conocidos; y, finalmente, consiguió ocultarse con la ayuda de la Resistencia hasta el final de la guerra. Tras la paz se reúne con su novio Rudolf Margolius (también sobreviviente de los campos), con quien contrajo matrimonio y tuvieron un hijo.

 

Algunas frases impactantes, a mi juicio, de la autora durante esta época, son:

 

“Ahora buscaba un ser humano cuya humanidad fuera mayor que su miedo”.

 

“No le dejé seguir con sus explicaciones demasiado tiempo; las cosas estaban claras sin necesidad de palabras. Vi que se sentía avergonzado y culpable, pero su miedo era más fuerte que todo… Una vez más volví a salir a la calle. En las paredes había carteles de color rosa con largas columnas de nombres impresos, listas de personas ejecutadas por “crímenes contra el Reich” … familias enteras asesinadas por intentar ayudar a alguien como yo”.

 

“No hace falta que digas nada…no tengas miedo. Te ayudaremos. Todo va a salir bien (su amigo Ruda, de la Resistencia)”.

 

Al final de la guerra, durante la batalla de Praga, Heda como voluntaria de la Resistencia, se encarga de los heridos en un centro de la Cruz Roja; y, su jefe al ver que le daba un vaso de agua a un soldado alemán moribundo, le dijo: “Si no supiera que estuviste en un campo de concentración, me aseguraría de que pagases por esto. ¿No oíste lo que dijo el médico? ¡Que nos ocupemos de los checos y al infierno con los alemanes!

 

Aquella fue mi primera y espantosa experiencia de la devastación y la profunda corrosión que nos había provocado la guerra. Había dividido a la gente como el corte de un cuchillo, y haría falta mucho tiempo para que esa herida se curase… era una guerra a la cual nadie había sobrevivido del todo”.

 

3º.- Checoslovaquia comunista: ideales y purga estalinista.

 

Heda, tras el fin de la guerra y la instauración del régimen comunista en Checoslovaquia, se integra en el Partido Comunista junto a su ya esposo, quien llegaría a ser Secretario de Estado de Comercio Exterior del régimen comunista checoslovaco, hasta que, una de las purgas estalinistas, llevo a su esposo y diez miembros más del gobierno a la horca, tras una farsa de procedimiento penal, torturas y acusación falsa de traición. Después del ajusticiamiento de su esposo, Heda junto a su hijo malvivieron con una existencia absolutamente precaria que casi la lleva a la muerte, por el acoso de los dirigentes comunistas; pese a que éstos le prometieron a su esposo que si confesaba, tras la ejecución de la pena de muerte, ellos se ocuparían de su esposa e hijo. 

 

“A los dos meses de la Liberación, la gente ya había dejado de vitorear y abrazarse. Ya no se regalaba la ropa y la comida, sino que se vendía en el mercado negro… Los inocentes se convirtieron en un reproche viviente y una amenaza potencial para los culpables”.

 

“A menudo he pensado que mucha gente se acercó al comunismo no por rechazo al sistema político existente, sino por pura desesperación, al ver la naturaleza humana mostrar su peor cara tras la guerra… El marxismo proporciona respuesta a todas esas preguntas y ofrece soluciones a problemas que llevan atormentando a la humanidad desde los orígenes de la historia”.

 

“Es difícil que las personas que viven durante tantos años como esclavos, en contacto diario con fascistas y con el fascismo, no se vuelvan un tanto retorcidas, que no se les contagie un poco de esa podredumbre sin querer ni darse cuenta”.

 

“La afiliación al partido comunista determinaba nuestras vidas, parecido a la pertenencia a una orden religiosa. La disciplina de partido requería que nos analizásemos contantemente, tanto los pensamientos como los deseos y las inclinaciones”.

 

No se puede construir una vida privada feliz en una sociedad corrupta, del mismo modo que no se puede construir una casa sobre el fango, hay que poner antes los cimientos… Cuanto más crecía el poder que se tenía, más peligrosa era su pérdida, y mayor el miedo. Y que el poder repose sobre el miedo es una combinación infinitamente cruel y peligrosa”.

 

“En 1951, el ambiente en Praga era casi tan malo como durante la guerra. Nadie se atrevía a decir lo que pensaba, y apenas transcurría una semana sin noticias de una nueva detención… La mentira y el fingimiento se convirtieron en una forma de vida. Hasta los niños pequeños sabían que no debían repetir en el colegio lo que se había dicho en casa; aprendieron a no mostrar interés por nada, a no involucrarse en nada”.

 

En mi opinión: el libro que hoy les recomiendo, es “una herramienta imprescindible”  para “sentir” como fue de dura y precaria la vida bajo los regímenes totalitarios nazi y comunista, en especial para los judíos; y con ello, completar “el análisis histórico y racional” de las razones del mal, que han asolado y, desgraciadamente, todavía asola a una parte no desdeñable de la humanidad, que vive bajo la bota de regímenes autoritarios que, desgraciadamente, siguen practicando “técnicas perfeccionadas” por los nazis y comunistas.

 

Quizás la imagen con mayor simbolismo, para mí, sea la última que relata Heda, cuando, después de la invasión de Checoslovaquia por las tropas de la Unión Soviética y otros países del Pacto de Varsovia el 21 de agosto de 1968 (que puso fin al intento de apertura conocido como la “Primavera de Praga”), abandonó el país, y tras pasar el tren la frontera, se asomó por la ventanilla tanto como pudo, miró hacia atrás y lo último que vio fue: “un soldado ruso, haciendo guardia con la bayoneta calada”.  Si huyó de las bayonetas de los soldados alemanes para regresar a su ciudad natal, luego tuvo que salir de ésta para dejar atrás las bayonetas de los soldados rusos.

 

Queridos lectores, en quince días, espero interesarles con otra “historia u opinión que atesoran los libros”; desde el convencimiento que combatir la barbarie y, por tanto, el mal, supone adentrarse en las experiencias, ideas, investigaciones e ilusiones de otras muchas personas que nos han precedido en un pasado que no debemos olvidar, o comparten hoy nuestro mundo, y han buscado o intentan ahora, construir el bien, o al menos “no hacer daño” como nos recomendaba Peter Hayes.

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