Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

ENTRE TÚ Y YO

Solos en casa

Ángeles Hernández-Gil Jueves, 21 de Enero de 2021 Tiempo de lectura:

 

La vida natural, la que vivimos en casa, tan importante para nuestro desarrollo, nos hace ser como somos junto a la convivencia familiar. Es la que pone sobre la mesa las cuestiones que serán imprescindibles para madurar, la que se siente como un refugio absoluto, como testigo de nuestros secretos que nos ayudan a crecer, a descifrar los mensajes internos para  enfrentarnos con el mundo de fuera. Y tal vez, si se descubre en su momento, supone encontrar lo que cada uno busca antes de empezar la vida adulta. La que nos espera cuando estemos preparados para lanzarnos a ella. Quizá todo esto es lo que ocurre alrededor de la casa: un proceso de crecimiento personal, sutil y beneficioso, que hará de nosotros lo que seremos después.

 

Contar con el apoyo y la buena disposición de todos sería lo ideal. Tener espacio suficiente en la casa también, una cierta holgura para no sentirse atrapado en un espacio pequeño, comprimido, estrecho. Los niños necesitan acción, movimiento, vivir en armonía con los padres. Existe una gran preocupación en los mayores para que las relaciones funcionen desde el principio. Por muy apacible que parezca la casa, la serenidad que se respira, siempre existe la duda de que en cualquier momento puedan surgir inconvenientes.

 

Mientras los niños no tienen autonomía, se mueven al amparo de los padres, juegan con ellos, tienen una seguridad que les proporciona bienestar y confianza. Pero construir y mantener la relación con los hijos requiere un trabajo duro, de mucha paciencia. Aunque la armonía y el orden estén presentes, se demuestre un cariño palpable y los padres les dediquen mucho tiempo, pueden surgir problemas que se deben resolver cuanto antes. De esta manera parece que rodar en familia es fácil y sencillo; un núcleo humano que se quiere, con un proyecto común donde todos participan llevando a cabo una ocupación. Y es casi seguro que si los niños tienen unas relaciones estables con sus padres, se podrá consolidar una unidad familiar de forma pacífica.

 

Pensamos que el niño cuando se hace mayor pierde el interés por la familia, se acerca más a los amigos y se aleja de todo lo que le ha sustentado la infancia. La realidad es que esto sucede, pero la familia y la casa siempre serán el apoyo más consistente que tengan, aunque de otra manera. Creo que hablar con los hijos siempre da buen resultado. Dejar que ellos se expresen cuando necesiten hacerlo, sin demandarles demasiada atención. Ellos lo harán, seguro, encontrarán su momento, no antes, y la relación se volverá más igual, dejando que el resultado sea un entendimiento común.  

 

A partir de ahí, cuando llega la adolescencia, la soledad se hace visible. Ahora más que nunca los chicos están solos en casa. Un tema que sirve para ahondar en la situación que tenemos; con un gran desconcierto porque sus juegos son otros, una especie de confabulación los aísla, separados de los amigos y del deporte. Los chicos ven su cómodo bienestar alterado cuando empezaban a descubrir su interacción en la calle, sus citas masivas de los viernes, una movilización tan curiosa como real. De repente, hay que hacer una pausa demasiado larga. Unos días a la semana las clases son virtuales. Los padres se van a trabajar y los hijos se quedan, con un horario donde tienen que trabajar con el profesor que imparte sus lecciones desde una pantalla, hacer los deberes, y puede que tengan que prepararse la comida. Complicada solución para mantener el ritmo lectivo y las nuevas tareas que deben asumir.

 

Y es verdad que están poco entrenados, porque, en general, se han mantenido casi al margen de lo que ocurre dentro de su propia casa, y algunos padres que habían dado la batalla por perdida hace tiempo, ahora deben contar con su ayuda ¿Qué ha pasado? Y nuestros jóvenes están poco preparados para todo esto. Y continúan enganchados a cualquier cosa que venga de las redes, contestatarios, contrariados, poco participativos, perezosos, en posición defensiva, todavía exagerando algunos aspectos que exasperan a los padres. Entre la infancia y la pubertad hay tantos puntos dispares… Los padres se vuelven locos porque no saben cómo reconducir a ese “niño” que ya sobrepasa en muchos centímetros la cabeza de su padre.

 

Una de estas mañanas, muy temprano, al mirar por la ventana, todavía sin terminar de amanecer, en la solitaria calle, me llama la atención un joven con la mochila cargada a la espalda, con la sudadera apretada, la cabeza cubierta, mascarilla, encogido por el frío; enjuto, pensativo, con paso rápido, quizá un poco indiferente… Como la de tantos jóvenes, empezando a considerarse adultos. Pienso.    

 

 

¡¡FELIZ SEMANA!!

Publicidad

X
Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.