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ENTRE TÚ Y YO

Mi derecho a equivocarme

Francisco Martínez Sánchez Viernes, 22 de Enero de 2021 Tiempo de lectura:

 

Francisco Martínez Sánchez, doctor en Ciencias de la Educación y en la actualidad Presidente de la Asociación Internacional para el desarrollo de la Tecnología Educativa, EDUTEC, es una de esas personas que siempre ha sido libre para pensar y que quiere seguir siéndolo. Vamos, un librepensador en el sentido de persona con criterio propio. Rara avis en estos días. Disfruten.

 

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Hace unos días, una ministra del actual gobierno, ponía como ejemplo de una noticia falsa, lo que había dicho el Presidente de un país sobre las virtudes de la lejía. Sra. Ministra, la noticia era verdad, el tal Presidente había dicho lo que había dicho, lo que ocurre es que lo que decía, es decir, el contenido de su mensaje, no era verdad, cosa desgraciadamente frecuente en determinados ámbitos políticos. El que ciudadanos de su país, no sé en qué porcentaje, hiciesen caso al Presidente, lo único que pone de manifiesto es la formación de esos ciudadanos concretos, ya que a la inmensa mayoría de la población no le supuso ningún riesgo. Si esos pocos hubiesen dispuesto de un Gran Otro, del que Zuzek nos habla cuando nos recuerda que vivimos en una “sociedad de riesgo”, les habría ayudado a tomar decisiones, y les habría dicho que no tomasen lejía o simplemente habría eliminado la noticia. Casos así son los que parece ser que quiere evitar nuestro gobierno.

 

Si no somos mal pensados, lo que se pretende es que no cometamos errores, ayudándonos a escoger el camino adecuado, dado que no disponemos de la formación necesaria para diferenciar entre la verdad y lo falso, lo bueno y lo malo, lo fiable y lo no fiable. Se trata por tanto de cuidarnos y protegernos de las “malas compañías” de la información engañosa.

 

Estos planteamientos de censura parten de la creencia de la incapacidad de los ciudadanos para diferenciar y valorar la información que les llega, por lo que, según este criterio inicial, es aconsejable evitarles el acceso a alguna de esta información.

 

Si la justificación de este razonamiento es la creencia en la falta de preparación del ciudadano, mejore la enseñanza, actualícela, pero no cercene los derechos que como tales ciudadanos tienen. Claro que, mejorar la enseñanza llevaría a que estos estuviesen bien formados, y por ello con criterio, y eso es posible que ya no interesara. Es mucho mejor para el poder contar con súbditos dóciles, a los que se les diga lo que cada cosa significa, y no ciudadanos que puedan acceder libremente, a partir de su criterio, a las fuentes de información que decidan para, posteriormente, poder valorarlas en su fiabilidad, en lo que su contenido significa, su valor y sus consecuencias. Efectivamente con la mejora de la enseñanza se haría mucho más difícil la manipulación y el control de la información en una dirección determinada, pero habría ciudadanos con capacidad de pensar por sí mismos.

 

Creo que podría haber otra razón. Dificultar a los súbditos para que se enteren de determinados hechos, noticias, o cualquier otra cuestión que tenga que ver con sus intereses o con su entorno, unido a manipular la información adaptándola a los objetivos políticos del momento, ya sean éstos explícitos u ocultos. Si mis reflexiones son verdad, cosa que creo, estaríamos ante un “Ministerio de la Verdad”, guste más o guste menos la denominación, comenzando esto a oler a dictadura orwuelliana y hacer realidad “1984”, cuyas funciones serían ir, poco a poco, modificando la historia y escribirla de nuevo, a la par que controlar todo aquello que puede facilitar al ciudadano el acceso a una información no “filtrada” o no “adaptada”.

 

He tenido la posibilidad de ver en directo en algunos países el funcionamiento de estos organismos y sus consecuencias. Pensamiento único, empobrecimiento intelectual y social. Su mundo se contrae y se limita, quedando circunscrito a lo que se ha decidido que son sus fronteras, a lo que es correcto y a lo que no, lo que es de su interés y bueno para él, a lo que es verdad y a lo que es engaño interesado, presentando permanentemente a los “otros” como los malos, los que engañan.

 

A modo de anécdota y corroboración de lo anterior, recuerdo una ocasión en la que un alto dignatario político del gobierno de uno de estos países que controlan la información, tal como aquí se pretende, me decía que las imágenes que aparecen en algunas películas, mostrando frigoríficos llenos de comida, eran engañosas, porque los frigoríficos los habían llenado para la película, que era una forma de engañar a los espectadores, y que por ello había que evitar ese engaño informando “adecuadamente” a los ciudadanos. Pensé entonces -y sigo pensando hoy- que él lo creía así. El problema real era que sus frigoríficos, si es que podían funcionar, estaban casi vacíos.

 

Ante esta situación y sus consecuencias pediría algo a quienes pretenden instalar estos sistemas de “ayuda” social. Por favor, no siga tratando de ayudarme; si me equivoco, déjenme, quiero conservar mi derecho a equivocarme.

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