
Me llamo Alma y hasta hace dos días
formaba parte de los humanos vivos, pero
eso ha cambiado…Ahora lo veo todo
desde otra dimensión.
A través del cristal se intuían figuras humanas. La humedad de la mañana empañaba el vidrio de tal manera que no se distinguía bien lo que estaban haciendo en el interior. Mi curiosidad por descubrirlo, me hizo acercarme a los grandes ventanales. Esperé un poco antes de atravesarlos e introducirme dentro para descubrir lo que estaban haciendo.
- Alberto, tienes que envasar siempre con guantes, siguiendo el protocolo rigurosamente, centrado en lo que haces y sin tregua - comentó Jacinta con firmeza.
- Vale Jefa - contestó aquel muchacho de manera más distendida.
Observé grupos de seis personas en los que aprecié claramente varias cadenas de trabajo, en los que cada individuo ejercía su papel dando paso al siguiente tras hacer su cometido.
- ¡Qué bonitos son los botes!, ¿verdad? - comentó Eva a sus compañeros.
- Te toca ponerles la etiqueta y rematar la faena, es la parte más lucida - contestó Virginia.
Daba mucho gusto ver desde fuera, la capacidad que tiene el ser humano de organizarse, de trabajar con un fin común, de cumplir los objetivos y de hacer todo ello con buen talante y con una sonrisa en la boca. Ese aspecto de compañerismo es siempre inquebrantable, el que asegura el éxito y elimina debilidades, y el que permite que todas y cada una de las piezas encajen perfectamente como si de un puzzle perfecto se tratara.
- Hay que ver Jacinta que equipo más equilibrado has formado. Es curioso ver cómo el género humano puede rozar límites extremos y ser lo mejor o lo peor según las circunstancias, según quien los dirija o simplemente dependiendo del estado de ánimo que les prevalezca en cada momento - comentó la gerente Julia en la reunión de los viernes.
- Trabajar desde el conocimiento de las personas, de sus inquietudes, sus peculiaridades y atender sus peticiones dentro de un orden, los mantiene satisfechos y les da seguridad - le contestó Jacinta.
Y continuó diciendo:
- De hecho, me considero parte de estos equipos de trabajo al marcarles las pautas y al comprobar que todo encaja. La primera que está satisfecha de ellos, soy yo. ¡El equipo lo hacemos todos!
En aquel momento pensé en los distintos trabajos que había tenido en mi vida. Había pasado por todos los estatus, modalidades de empresas, más grandes, más pequeñas, privadas, públicas, por cuenta ajena, por cuenta propia como autónoma... y con una visión amplia y eterna en el tiempo, vi con claridad que lo más importante en todos ellos siempre han sido las personas. Desde quien dirige hasta el que menos rango tiene y no por ello menos importante.
- Jose, termina que nos vamos - le dijo Marina mientras se desprendía de la bata.
- Claro, estoy a punto, nos vemos donde siempre cada viernes. Ahora le digo a la Jefa, que debe estar ya ultimando su reunión con la gerente, que vamos adelantándonos al bar de siempre y cuando termine con Julia que vaya para allá.
Jose le pasó a Jacinta por debajo de la puerta una nota que recogió Julia para dársela mientras le decía:
- Aquel líder que tira del carro en vez de sentarse a esperar resultados, merece todos mis respetos.
Se marcharon contentos con la satisfacción que deja el trabajo bien hecho, sin hacer ruido, y Jacinta, con la que me identifiqué plenamente, leyó la nota, se levantó de su reunión, cogió su bolso y fue al encuentro de su equipo para compartir con ellos el final de la jornada hasta la semana siguiente en la que un nuevo comienzo les esperaba, y en el mientras tanto un brindis por todos ellos.
Nos vemos dentro de quince días mis lectores. Gracias por seguirme.
Mariate.


