Trump bien podría instalarse en Murcia (I)
¿Se imaginan la exclusiva de esta noticia? Afortunadamente, o no, se trata por el momento de una ficción, razón de más para hacernos una composición de lugar sobre cómo sería esto de que el Sr. Trump hubiera decidido cambiar su mansión de Florida por nuestra tierra, como último refugio.
Yo estoy seguro de que Trump encajaría bien con este carácter nuestro abierto y comercial, cartaginés y fenicio, romano y musulmán. Esa forma de ser de llamar 'al pan, pan y al vino, vino' siempre que no se trate de concretar mucho cuánto pan, y cuánto vino y que comisión o porcentaje de producto. Lo volveríamos loco, pero nos cogería el caire.
A tal efecto, supongo que se habría creado un comité de acogida para proporcionarle un adecuado soft landing y aconsejarlo en las decisiones básicas para su estancia. La primera, la vivienda. Yo lo instalaría en la Casa del Agua de la Confederación en Santomera.
Arquitectura severa, razonable aislamiento, buenas vistas, y también metros cuadrados y cierto aroma tecno-franquista que por aquí sabríamos que le puede gustar a nuestro nuevo e ilustre paisano.
Luego, como si del Conde de Barcelona en su exilio en Estoril se tratara, habría que buscarle también no un Consejo Privado, formato acusadamente fino para esta zona, sino un grupo de personas –no seres– que se convirtiera un poco en su círculo más cercano. Sus primera peña aquí, por ir al grano. Ahí habría que estar fino. Aquí en Murcia somos de Corte o cortijo, y lo mismo generamos, con poca frecuencia por otra parte, personalidades atildadas que le estarían contando al Sr. Trump todo el día los grandes retos de la Región, las afrentas históricas, los Grandes Temas pendientes, con entrega de dossier incluida, que también disponemos de un perfil más, digamos, levantino puro.
Gente más del ángulo comercial, de estos que se llevan bien una breve temporada con los directores de banco. Aquellos que hacen de la transacción y la mediación, religión. Con esa sabiduría natural que le recordará a nuestro hombre la América profunda. Pero que pueden formar parte –se me vienen a la cabeza algunos nombres– de esa peña de amigos inicial, porque también nos representan a los murcianos. Y sobre todo, porque no creo que vayan a sorprender a nuestro recién llegado, que también bailó en Belén.
Para adentrarlo un poco en nuestro idioma, el de aquí, me refiero, se le contrata un profesor suizo que ha vivido varios años en Los Nietos y ahora reside en El Puntal. Los del Comité creen que una mezcla así puede resultar la adecuada para los giros , velocidad y acento que se emplean por esta zona.
Llega el día de la primera comida, ya saben, nuestra gastronomía. Ahí es donde la peña puede lucirse. Langostinicos del Mar menor, una buena pata de cabrito, hueva y mojama, paparajotes y mucha cerveza y más vino. Trump creía tener buen saque. No estaba en lo cierto. Una comida clase especial en Murcia empieza a las tres y es comida, y merienda-cena. La parte comercial y más hecha de la peña aguanta bien, está acostumbrada.
Comienzan a gastarse las bromas del tenor de “El Trump este se bebe hasta el Mistol", ya saben, ese magreo que se desliza suavemente entre nosotros en un determinado momento de la ingesta y las cordiales sobremesas. Pero a Trump le gusta, está en su salsa. No le hace mucho caso a los atildados cronistas, los de los Grandes Temas, y ha conectado claramente con la parte militar, por decirlo así, de la peña.
Trump se piensa para sí: esto es lo mío. Esta gente me gusta. Había oído algunas cosas de aquí que, en fin... pero buena gente. La casa ésta del Agua, no sé, parezco Ciudadano Kane, pero bueno Melanie está contenta. Tengo que buscarle algunas amigas aquí. No sé, no va a ser tarea fácil. A ver a quién se lo digo. Los atildados me pueden colocar una experta en folclor regional y antropología, o alguna señora de alguna Asociación.
Lo mismo la meten a la Adoración Nocturna y… no parece que este perfil conecte mucho con ella. Y si se lo digo a los del ángulo comercial pues, directamente, no me fío de ellos. Aquí la gente es muy lanzá y lo mismo tenemos un problema de faldas, que no es por ná. Ya resolveré esto.
Los días pasaban felices, distendidos, soleados para Trump y Melanie (ella a las comidas no iba. No es costumbre, le dijeron). Y poco a poco se hicieron de querer por la gente. El aprendió a decir pijo, y casi también a su adecuada utilización y polisemia, en función de las circunstancias. Y le cuentan lo del olisque, que lo pilla rápido. La gente se reía mucho con él. Hasta los Directores de banco, y el grupo de mediadores.
Pero el quiere conocer a otra gente. Lleva ya un mes en Murcia y, aunque está agradecido a su comité – alguno de cuyos miembros le ha intentado colocar así, con maña, un millón de metros cuadrados de suelo industrial -, pues quiere ampliar horizontes.
Y ahí, en su emplazamiento de la Casa del Agua, con Melanie mirando hacia lo lejos desde los ventanales, comienza a darle vueltas a una idea. No sabe decir en murciano ideica, aún.
Su idea. Si Trump se instalara en Murcia
Dedicado a mi amigo TB





















