
Hasta que no consigamos que la RSE llegue a todo el mundo desde un punto de vista social no se impregnará en el día a día de nuestra actividad, no solo empresarial sino también personal.
En 2008 escribí un artículo “RSE para un mundo posible” que en una de sus partes decía “Lo peor de esta crisis no es ya la crisis en sí, sino la forma en que ha arraigado en lo más hondo de nosotros. La crisis financiera derivó primero en crisis económica, y de ahí nacieron el resto de crisis. Incluida la penúltima, la de las energías renovables. Digo penúltima porque, a mi juicio, la última en cristalizar ha sido la crisis de responsabilidad.
Responsabilidad porque si alguna enseñanza nos ha dejado la crisis es que hay que tener visión, ser innovador y acometer buenas prácticas empresariales. De ésta no salimos simplemente a base de golpes de creatividad, sino de la mano de la ética y la transparencia. Ahora se trata de restaurar la confianza en bancos, empresarios, mercados, supervisores y políticos. Pero, sobre todo, en la sociedad”
Las empresas acometen proyectos de distinta índole bajo el paraguas de la RSE que no siempre persigue mejorar el entorno en el que se desarrolla, sino más bien realizar una limpieza verde o Greenwashing de la marca.
RSE no es más que un CÓMO para conseguir un QUÉ.
Así, cada uno, puede ponerle el nombre que quiera al QUÉ y al CÓMO. Hasta que no sociabilicemos la RSE seguiremos navegando por el cielo con buenas ideas, pero no aterrizaremos con grandes cambios que es lo que tanto a nivel personal como empresarial necesitamos, y ahora más que nunca.
La sociedad es uno de los grupos de interés más importantes con los que se enfrenta una empresa, no solo como un ente independiente sino como un ámbito donde clientes, empleados, socios, competencia… desarrollamos nuestro día a día.
El Tercer Sector se ha ocupado, en una parte importante, de cuidar este entorno con sus proyectos globales de mejora de la vida de las personas, del civismo, de los necesitados, … Pero las empresas debemos poner el foco en la sociedad, pues puede llegar a ser la fuente de nuestra sostenibilidad.
Inicialmente, la crisis sanitaria tiró por tierra todos los proyectos de RSE que las compañías tenían puestos en marcha. Pero, poco después, se puso de manifiesto que la RSE era muy necesaria. La salud y la seguridad de los trabajadores se convirtió en un reto diario con el objetivo de mantener la actividad de las organizaciones.
La COVID19 ha demostrado que los temas medioambientales, apartados inicialmente, deben incluirse en la agenda de los estados y de las empresas como prioritario.
Según el barómetro DIRSE & EY publicado en diciembre del año pasado encontramos las siguientes conclusiones:
- Las empresas deberán ser más seguras, saludables y digitales;
- La agenda climática, que había bajado posiciones en el tiempo del confinamiento, gana relevancia con los fondos de reconstrucción de la UE;
- Se espera una mayor implicación de las empresas con la sociedad;
- Los temas asociados a Producto y Cadena de suministro bajan su relevancia en consonancia con los de Clientes;
- La función de RSC/Sostenibilidad sigue ganando relevancia dentro de las compañías desde que empezó la crisis de la COVID-19.
Ahora las empresas debemos comenzar a realizar proyectos más allá de nuestra actividad principal que sociabilicen la RSE, que lleguen de verdad a quien la necesita. Proyectos sociales y ambientales que se planifiquen y que cumplan el objetivo para el que fueron creados: mejorar el entorno.
Como decía Séneca “La mayor satisfacción de una buena acción es haberla hecho”. Solo es necesario creer en algo e ir a por ello.


