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ENTRE TÚ Y YO

Todo lo que pienso

Ángeles Hernández-Gil Jueves, 04 de Febrero de 2021 Tiempo de lectura:

 

Cambio el título, no veo la manera de enlazar lo que ya tenía escrito con lo que de repente altera mi ánimo: corto, borro, pego, inserto frases en medio de otras, doy por bueno, y cuando leo me llevo las manos a la cabeza, porque nada tiene sentido. Y es que hay tantas cosas que suceden, que se amontonan. Quería un artículo amable y es difícil cambiar el chip. Nuestro mundo más o menos organizado se ha revuelto. Nuestra confortable posición ha cambiado, pero nosotros seguimos aferrados a ella, necesitamos recuperarla como sea. El caos marca nuestro día a día en una duda permanente; temblar, enfadarse o mantenerse a la espera, no es una solución. Necesitamos dar el salto que nos aleje de la pobre actitud de protesta resignada, como única opción. Una nueva etapa está haciéndose un hueco en la forma de vida en el mundo ¡No hay más remedio que asumirlo! Y prepararnos nos concierne a cada uno. Es lo que me digo a mí misma para sobrevivir.

 

Ahora más que nunca. Nadie se salva de la quema. Cada día pasan más cosas, ya sé que la vida corre mientras suceden situaciones inesperadas, que nos golpean como si no tuviéramos bastante ya. Pero yo quería hablar de los recuerdos, los que vienen sin avisar, sin motivo. Algo bueno, ya que son mejores que esta realidad. Aunque en su momento parecieran difíciles, son instantes de la vida que ya pasaron y que sin ninguna condición nos acompañan en los momentos más solitarios. Acudo a ellos como pidiendo socorro, salida a esta inmovilidad. No se presentará otra oportunidad mejor, y sí, me apartará por un rato de lo que pasa. Las noticias van cargadas de brumas; la mente va y viene, libre y caprichosa, los días se ajustan en íntimas sensaciones dentro de la propia conciencia individual. El presente me aísla. Quedan esos recuerdos y también los pensamientos, que a través de la inercia que provocan, los asumo sin más. En estas reflexiones, mientras mantengo la sensación de no hacer nada, desciendo simplemente con los ojos cerrados y me transporto hacia los recuerdos que fueron, alguna vez.

 

A veces, echo de menos esas sobremesas con gente tan diversa, donde poníamos todo el gusto por la intensidad de nuestras propias conclusiones, que terminaban acercándose, puesto que la conclusión era verlo todo como un espacio común. Hablar de nuestros países era como hacer una tesis exhaustiva sobre la cultura, costumbres, reflexionando con provecho esos momentos. Estudiar nuestro idioma les resultaba complicado, diabólico memorizar los tiempos de los verbos, y había situaciones insalvables por sí mismas, incógnitas que había que explicarles porque no tenían traducción para ellos, como las diferencias entre el “por” y el “para”, el “ser” y el “estar”, una cuestión de interés. Aprendí a valorar lo que hacía. Me cambió la mirada. Mis entusiastas amigos lo daban todo por aprender. Llegaban recelosos, y yo los esperaba con la misma impresión. Solo unos segundos bastaron para entendernos. Echo de menos esa actividad dentro de casa. La recomiendo.

 

Compaginaba a mi familia, a mis nietos con ese desdoblamiento casero intenso para todos. Aprendíamos. De alguna manera rozaba la visión de un modo de vivir en el que yo encontraba lo que buscaba, porque mi casa estaba necesitada de darle un sentido diferente, al desierto que hubiera sido, si una persona como yo se hubiera negado a un cambio tan radical. Todo era una consecuencia para avanzar, encontrar sin moverme de casa lo que me interesaba: conocer otras formas de comportamiento, otras personas que pudieran formar parte de mi proyecto de vida familiar tan inédito y exótico.

 

Algunas de mis buenas amigas se sienten demasiado quietas, desde Estocolmo o Ciudad del Cabo o Bergen o Sicilia, pero siempre habrá senderos que recorrer y montañas que subir. Nos acompañamos en la distancia. Andrea desde Trieste, un chico fantástico, constantemente atento conmigo, como muchos otros. Esas etapas ya pasaron, si vuelven alguna vez serán distintas. Quiero pensar que existe un camino trazado en línea recta, que erradicará todo esto, y por fin se encontrará reposo. Es un deseo tan potente, universal, hecho con tanta necesidad, que si se pudiera hacer una quedada por megafonía, a todo el Planeta Tierra, para obtener un pensamiento mundial, podría producirse el milagro. Pero claro, solo son sueños hechos para fantasear.  

 

Y es que los problemas se producen dentro de la existencia de la vida, y no somos ángeles que podamos mantenernos en un permanente estado de versatilidad. Es obvio que estamos en una constante ebullición, una aparatosa turbina que gira a merced de demasiados elementos. Y hoy solo quería detenerme en sus rarezas… Termino con unas palabras de Lao Tsé: Se puede conocer el mundo sin salir de casa, sin mirar por la ventana. ¡Feliz semana!

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