
El cambio en las ciudades es una solución importante: sustituir el ruido, la estrechez, la masa, atender nuevas estructuras para que la comodidad, la libertad y la expansión se produzcan. Los planes de urbanismo bien pensados favorecen la convivencia. Vivir en un barrio, volver a las tiendas pequeñas, las compras de última hora aparecen como parches que intentan moderar las grandes superficies y también aliviar el espacio de los coches. Y es que el coche es el dios de esta era. Hay declaraciones como que la polución no mata, ¿quién se atreve a decir esto? Toda una manifestación de intereses y el proceso traumático de un caos que nos absorbe en la inmensidad de la urbe.
¿Barrios de gente rica y otros barrios de gente pobre? Siempre los ha habido. Ciudadano o peatón, la diferencia está clara entre ser guapa o ponerse maquillaje. Alguien dijo una vez cuando yo era muy joven: “En una ciudad grande hay muchos ambientes, y en una ciudad pequeña solo hay uno”. Traté de entenderlo entonces sin resultado, pero ahora sí he llegado a una conclusión con la que estoy de acuerdo. Y claro que hay diferencia entre bonitos edificios, fachadas limpias, donde la hierba sanea los organismos nocivos, y calles tomadas por la suciedad. La pandemia abre los ojos a estas situaciones; vemos que las calles se han silenciado, aligerado, y la gente se diluye en su aspecto irreconocible, en los saludos que pasan desapercibidos.
Los arquitectos se debaten en ofrecer proyectos, viviendas, barrios que favorezcan esa realidad en los suburbios de las grandes ciudades. Y sí, es verdad que todo está previsto para cubrir las necesidades: centros comerciales, supermercados, áreas de deportes, hasta colegios y guarderías; pero la necesidad de pisar la ciudad, de moverse de un lado a otro es lo que se ha aprendido. Estamos en la cultura moderna que motiva la movilidad.
¿Qué significa la España vacía? Se han escrito libros, ensayos, se habla constantemente de ella, como un mal que sufre las consecuencias de la despoblación de los pueblos y zonas rurales. Un tema que se ha puesto de moda, entre otras cosas porque las ciudades están saturadas, un hecho que ha provocado reacciones muy diversas, porque los centros urbanos han perdido seguridad, belleza, frescura… mientras que la mitad de los municipios están en peligro de extinción si no se pone remedio… si no se les favorece con iniciativas que la gente pueda sostener. Llegarán a ser fantasmas desperdigados por nuestra querida piel de toro.
La urbanización y la industrialización de los años 50 y 60 desplazaron parte de las zonas rurales hacia las zonas urbanas, con el lógico descenso de nacimientos por este motivo. Muchos inconvenientes para afrontar nuevos retos, buscar trabajo, alojamiento, abrirse camino en una ciudad en condiciones no favorables. Pero al contrario, como ocurre ahora, cuando se decide dejar la ciudad y marcharse a un pueblo siempre hay un proyecto para poner en marcha, por gente con experiencia de trabajo. Visto así, vivir en un pueblo es una circunstancia fundamental y casi vocacional; una decisión para recuperar la calidad de vida, un valor que se había perdido entre la bruma urbana. No es un paso atrás, ni mucho menos.
Hace ya bastantes años se puso en marcha el carril bici, una gran iniciativa con la intención de promover el uso de la bicicleta en la ciudad. Una apuesta lógica con muchas dificultades para hacerla real. Hasta hace poco, era como un signo de poderío ir en coche a todas partes, pero la bicicleta ha demostrado que colabora en mejorar el ambiente, y nos da cotidianidad. Ahora vemos cada vez con más satisfacción las vías hechas para este fin y no solo circulan bicicletas sino además patinetes que, en poco tiempo, se han incorporado con éxito.
La cultura del coche se ve favorecida por estos medios aunque se han necesitado años para asimilar algo tan necesario. Da gusto ver a mujeres elegantes y hombres con chaqueta y corbata, subidos a sus vehículos de dos ruedas para ir al trabajo, y padres con sus hijos yendo por las mañanas al colegio sin la gran presión del tráfico. Un buen reclamo ofrecido por la ciudad para evitar conciencias rebeldes; imaginando sentimientos que aparecen dando vida. Ahora, más que nunca.
Para terminar una frase que me encanta de Fernando Savater:
La estética hace la vida humanamente deseable.
La ética hace la vida humanamente aceptable.
¡Buena semana para todos!

