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Opinión | Consejero Editorial de MurciaEconomía
Martes, 23 de Febrero de 2021
Francisco Martínez Ruiz

El Cojo Manteca, un señor a su pesar

 

¿Recuerdan? Bueno, los lectores más jóvenes, que supongo tendré, seguro que no. Corría el curso 86/87 y en la España de los primeros años de PSOE, las revueltas estudiantiles sacudieron violentamente las calles. ¿Los motivos?

 

Un cóctel de gente a la que me da a mí que le importaba poco la reconversión industrial, suponiendo que supieran de que se trataba, junto a estudiantes con muchas horas libres a los que no les gustaba lo que se anunció ese año como novedad: la Selectividad.

 

Y complementando ese colectivo, un contingente enormemente variopinto y de muy mala pinta del que surgió un icono de ese movimiento: el Cojo Manteca. Literal. Así se hacía llamar el que encabezaba, representaba y dirigía técnica y tal vez doctrinalmente nuestro mayo del 68 en el 86.

 

[Img #79500]

 

Su imagen desde luego ofrecía una plasticidad a la que no estábamos acostumbrados. De hecho pensábamos que no existía ese digamos perfil, en la España de aquellos años.

 

Ahora estamos más acostumbrados al colectivo antisistema S.A. Pero si comparamos las imágenes de Jon Manteca Cabañes, que en paz descanse, con ese halo de héroe marginado, de solución vital imposible, de personaje fronterizo con lo irreal; de fracaso y rebelión con la calle por hogar. Si comparamos, digo, al pobre Cabañes, el Cojo Manteca, con los elementos que anoche mismo en Paseo de Gracia le gritaban a un vecino casi anciano que bajara a la calle si tenía de eso... que omito. O con la elementa que posaba en el escaparate de Versace, destrozado al efecto por otro elemento, se yergue claramente la figura de Jon.

 

Un ser auténtico, no un imitador malo de la movida de los chalecos amarillos de París. Marginado, tullido, sin saber siquiera contra qué protestaba, y sin poder correr delante de los grises, por razones obvias.

 

En aquellos tiempos todos pensamos que él y otros como él, suponían ya la máxima expresión de la violenta respuesta anticapitalista, si es que era eso. Qué lástima. Nos quedaba ver la edición 2021 en Barcelona para comprobar lo primaveras que podemos llegar a ser.

 

No me gustan ninguno de los dos formatos ni en su edición 1986 ni en la de ahora. Pero, sinceramente, si tengo que elegir no hay duda: me quedo con Jon, con el Cojo Manteca. Visto lo visto,

 

 Un señor, a su pesar.

 

 

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