
Una expresión típica en las relaciones con los demás es “¿esta persona de qué va?”. Surge sobre todo cuando su forma de comportarse es rara o disfuncional. Pero todos vamos de algo, todos llevamos un traje y algunos llevan varios, según la ocasión.
Algunos parecen bomberos que actúan de manera impulsiva apagando fuegos emocionales con mucha intensidad y bipolaridad. Otros van con vestimentas de luto, con mucha decepción, negatividad, poco ánimo y motivación en la vida. Otros van vestidos de científicos, analizando exageradamente las cosas y con dificultad para tomar decisiones. Otros van de enfermeros, ayudando a los demás, a veces, sin heridas. Otros de payasos, otros de guerrilleros y otros de deportistas, corriendo, estos últimos, la maratón de la vida con confianza, empuje y decisión.
Antes de meterme de lleno en el taller de costura, conozcamos al maniquí. Los niños sobre los 4 años pasan por la etapa del por qué. Están construyendo el mundo y nos vuelven locos con tantas preguntas. Mamá, ¿por qué llueve, cómo se hacen las casas, por qué se caen las hojas del árbol, por qué, por qué, por qué? Necesitan comprender y ordenar el mundo.
La adolescencia es otra etapa del por qué pero de destrucción para una nueva construcción. Es otra forma de comprender y ordenar su mundo. ¿Por qué tengo que hacer la cama, por qué tengo que ir a…? Aunque es difícil convivir con tanta protesta están en la búsqueda de su identidad, entendiendo qué hacen aquí y quiénes son; desarrollando sus propios valores, opiniones e intereses y no limitándose a repetir los de sus padres.
Pero la preocupación de los padres no debemos centrarla en esa búsqueda necesaria para encontrar su lugar en el mundo y en sí mismos, sino si la verdad que construyen es una verdad que le hacen felices o desgraciados. Lo importante es ver si las lentes con las que están mirando e interpretando la vida son de color gris, rosa o azul.
Y ahora es cuando los padres entramos al taller de costura a confeccionar y nos convertimos en patronistas para que el hijo se pueda hacer un buen traje a medida. Un traje propio, con un patrón estable que le favorezca y sea cómodo de llevar en la vida. Ese traje que deseamos todos los padres, sin defectos o taras, que le permita adaptarse a las situaciones, viviendo la vida de forma reflexiva, sin anticipar negativamente y de manera óptima.
Porque no es lo mismo que tu hijo se enfrente a un examen pensando” voy a suspender”, “el profesor me tiene manía”, “no me puedo concentrar porque es difícil”, “por culpa de los ruidos de mi casa no puedo estudiar”; que pensar “voy a ver cómo me planifico para sacar buena nota”. No es lo mismo. Las estrategias que utilicen nuestros hijos a la hora de resolver situaciones cotidianas son las que les llevarán a unos resultados emocionales distintos.
Y aunque ellos deben vestir su propio traje y enfrentarse a las costuras de la vida, los padres aportamos algo en esa confección y debemos apoyarles para que elijan bien el hilo de las estrategias cognitivas y emocionales más saludables para enfrentarse a las situaciones.
Sin darnos cuenta, podemos estar educando a nuestros hijos dando puntadas sin hilo, lo más inútil en la costura. Y doy esas puntadas sin hilo cuando ante la vida mis hijos ven que me quejo, postergo, hiperanalizo, anticipo de manera negativa, me decepciono por el devenir de la vida, dudo y vacilo o me preocupo de manera gratuita. Está claro que las mejores puntadas para el futuro traje de nuestros hijos son otras. Son las que me permiten centrarme en las ventajas con optimismo, actuar en vez de vacilar largamente, esperar lo máximo de las situaciones, animarme ante las dificultades y buscar el lado positivo de las cosas.
Espero que de este taller exprés, porque el artículo va con hilo, pueda salir un buen patrón que hará un traje de calidad. Un patrón, que refiriéndome a la personalidad, es una forma estable de pensar, sentir y actuar, como el agua cuando abre un cauce en la tierra. El agua volverá a transitar por dicho cauce y, a cada paso ahondará más en él y lo hará más pronunciado.
Todos los padres podemos hilvanar bien para que nuestros hijos tejan sus mejores galas. Os deseo una buena confección. Un abrazo. Esther.


