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ENTRE TÚ Y YO

Aburrimiento

Ángeles Hernández-Gil Jueves, 25 de Febrero de 2021 Tiempo de lectura:

 

“El aburrimiento es un estado reactivo de la emoción que interpreta la condición de su ambiente como tedioso debido a los estímulos repetitivos, inexistentes. El aburrimiento se deriva de la falta de cosas interesantes para ver, escuchar o hacer”. Y lo más fuerte es que procede del latín y se traduce como horror “La existencia desprovista de sentido, cuando ya no queda nada por perder, nada que temer”.

 

Hay historiadores que sitúan el aburrimiento en la sociedad moderna, y sugieren que el término aparece por primera vez en la novela de Dickens “Casa desolada” (1853). Una crítica a la pereza del sistema judicial inglés de la época, lento y anticuado; distracciones de salón, donde se debatían asuntos de suma importancia, mientras que el hastío social languidecía en un ambiente banal que lo empapaba todo.

 

Algunos psicólogos en sus estudios llegan a conclusiones y efectos que tienen su origen en el aburrimiento: problemas como el alcoholismo y las drogas; accionistas que pueden comprar o vender sin una razón, sin un objetivo, solo por el hecho de no tener otra cosa mejor que hacer, y también está relacionado con los niños que hacen travesuras y se portan mal cuando están aburridos. Mi nieto Mateo se refería al aburrimiento desde muy pequeño… Incluso mientras comía: “Me aburro” “¿Qué voy a hacer yo ahora?” Nos hacía sonreír, lo entendíamos porque siempre ha sido un niño muy inquieto, con poca paciencia, y necesitaba saber lo que haría a continuación, antes de acabar lo que estaba haciendo.

 

Es conveniente estar preparados, tener opciones aparte de los hábitos que rigen cada día nuestra vida, evitar el tedio, el hastío, la desgana. El cansancio, la falta de motivación están más extendidos que nunca en una sociedad donde la oferta de posibilidades para entretener las horas de ocio es extraordinaria. El científico y escritor Isaac Asimov (1920), profetizó que el aburrimiento se convertiría en la principal enfermedad de nuestro tiempo con consecuencias mentales, sociológicas y emocionales.

 

  Es posible que se esté creando la sociedad más aburrida que jamás haya existido ¿Por qué nos aburrimos? Una pregunta que nos hemos hecho infinidad de veces. La rutina es distinta y una especie de simpleza universal nos echa a perder la creatividad. Dejarse llevar sin parar por la pantalla del móvil, los juegos en solitario que oferta la tableta o jugar con amigos que están lejos. Actividades que se realizan sin esfuerzo, pero mantienen la atención y la concentración, produciendo un bajón físico que los más jóvenes no saben solucionar y caen en un atontamiento que parece mermarles la energía. Pero ellos se atrincheran, se tapan los oídos, no quieren problemas, apagan el tono. Y es verdad que nos sentimos abrumados cuando vemos que esa guerra la han ganado las redes sociales, y nuestras relaciones se han convertido en virtuales, más que físicas.

 

Y este desencanto está presente en cada uno de nosotros; la sociedad no tiene culpables porque todos hemos accedido voluntariamente, creyéndonos que había llegado un maravilloso cosmos que nos facilitaría las cosas… Observo perpleja ese gran cisma generacional que se ha instalado. Ahora miramos con inquietud los valores que abanderan esos… ¿jóvenes?, que hastiados y aburridos son carne de cañón en las quedadas para involucrarse en la destrucción de sus ciudades. Arde Madrid. Arde Barcelona… “La revolución devora a sus criaturas” dice el escritor David Torres. Pero, así y todo, está la quimera, el reto, la obligación de promocionar otro tipo de revolución, la individual; dando a los chicos recursos personales tan de moda en el mundo de hoy para salir airosos de la situación. 

 

Hace tiempo que guardo un pequeño escrito de Sam Shepard; que fue un escritor, actor y director de cine estadounidense. El vaquero rudo que obtuvo el Premio Pulitzer, y uno de los dramaturgos más considerados en su país. Su trazo sencillo, sin adornos y muy claro creo que es ideal en este momento para terminar:

 

“La soledad es la experiencia de la vida moderna. Todos luchamos contra la soledad. Hay quien la elude buscando la seguridad de una familia, otros se rodean de gente. Yo escribo porque es una compañía constante. Llevo mis cuadernos a todas partes. Cuando escribo no me siento solo y necesito esa soledad para escribir. Es un conflicto sin solución.” 

 

¡Nos vemos la semana que viene!

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