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Opinión | Consejero Editorial de MurciaEconomía
Lunes, 01 de Marzo de 2021
Francisco Martínez Ruiz

EL 23-f para lectores con prisa (o muy jóvenes)

 

Para conocer en verdad todas las claves de lo que llevó a que sucediera, lo que sucedió durante, y lo que pasó después ese día del 23-F en el Congreso de los Diputados en Madrid, sólo existen determinadas fuentes o vías, y ya adelanto que de las disponibles, ninguna ofrece respuestas a todas las preguntas. Si me apuran, ni siquiera a dos.

 

La primera es haber leído todo lo publicado al respecto. Esto te permite un conocimiento de antecedentes, el itinerario hacia esa situación, en la que casi todos los autores coinciden. Malestar militar desde la legalización del PCE, deriva del estado autonómico, crisis económica galopante, perdida de liderazgo de Suárez = progresiva pérdida de confianza del Rey en el presidente. Necesidad de cambio, de reconducción, de golpe de timón…asesinatos de militares y miembros de las FCSE, por parte de ETA y otros grupos, prácticamente cada semana. Los partidos políticos participando, contemplando, en esa necesidad de cambio sólo muy tibiamente constitucional.

 

Un clima irrespirable en donde un conjunto de vectores – los que tenían esa capacidad, esa necesidad, esa oportunidad – influyen para que se haga algo. Aunque no exactamente lo que se le ocurrió a Tejero, asaltar el Congreso.

 

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Todos estos libros no logran desentrañar con nitidez la participación de los servicios de inteligencia, el entonces CESID, bien en el diseño en el golpe, bien en su aceleración, bien en la aceleración para hacerlo fracasar. Hay para todos los gustos. Sobre el papel del Rey, es doctrina pacífica la de que en esa hora en que intervino, desactivó la intentona respecto a las regiones militares que continuaban dubitativas. Para la bibliografía y para la justicia, todo cayó sobre el General Milans del Bosch, que sacó los tanques a la calle en Valencia, y sobre el General Alfonso Armada, que de un modo u otro parece ser que había estado en todas las que podríamos llamar salsas del golpe, y desde luego en su placenta, en afortunado termino de Javier Cercas en su libro Anatomía de un instante, de obligada lectura.

 

Milans, Armada, y algún General más, varios jefes y oficiales. Las condenas llegaron hasta esa graduación. Y, bueno, esta es una de las formas de tener un mapa de estos sucesos.

 

También, posteriormente, algunos militares implicados en la intentona pero que no fueron llamados a juicio, hablaron. Bien a título póstumo, bien cuando sus posibles responsabilidades habían prescrito. Sus testimonios ahondan en la traición del General Armada que, invocando sibilinamente el nombre del Rey, llevó a los golpistas a la convicción de que actuaban en nombre del Rey y para salvar la democracia. Bien es cierto que a nadie se le ocurrió preguntarlo en Zarzuela.

 

Por lo que parece, Armada, aristócrata y hombre de una sólida formación militar y humanística amén de preceptor en su momento del Príncipe Juan Carlos cuando vino a España a finales de los años cuarenta, deseaba un golpe blando, una solución cuasi constitucional que recondujera la situación y acabara con el desgobierno de Suárez. Él lo había visto en París, con el formato impuesto por el General de Gaulle. Pero esto ya no es para lectores con prisa, o muy jóvenes.

 

Otra vía para intentar entender todo eso que pasó ese día y sobre todo la noche del 23 al 24 sería acceder a las grabaciones de las conversaciones mantenidas e intervenidas, no solo hacia y desde el Congreso, sino las que supongo operadas a determinados militares, políticos y empresarios. Pero esas cintas no se sabe dónde están. Bien pudieron destruirse para evitar males mayores, lo que dudo. Bien pueden estar custodiadas en Suiza, según se dijo; bien nadie quiere saber nada de ellas. O bien, de si están disponibles, puedan ser desclasificadas cuando la Ley de Secretos Oficiales permita, por el transcurso del tiempo, en los próximos años, desvelar su contenido. Aunque a lo mejor no es una buena idea, conociendo al personal.

 

El 23-F (de 1981, of course, para los muy jóvenes), es decir, la foto de Tejero con la pistola en mano y el tricornio zarandeando al General Gutiérrez Mellado, no era el verdadero Golpe, pero fue el golpe más verdadero, el más visible, fue el golpe televisivo. Imagen y audio, subfusiles abriendo fuego, según algún autor, por error de un miembro de la guardia civil que se tropezó, y los demás le siguieron.

 

Porque todos los golpes previstos para el Golpe no preveían una escena violenta en Congreso, y estaban orientados – en lo único que al final pudieron coincidir todas las líneas - precisamente a evitar un golpe duro: el que se desarticuló muy poco después, el 1 de Octubre de 1982 y que, preparado para el 27 de ese mismo mes, pretendía evitar la victoria del PSOE en las elecciones generales de aquel año. Este golpe era otra cosa, e incluía la marcha, u otras opciones,  del Rey.

 

Del 23-F se sabe bastante: el escenario socio político y militar que lo provoca. Pero no todos los socios políticos y militares que estaban en las distintas vías. Se sabe lo que pasó en el Congreso, pero no todo lo que se habló esa noche, allí y fuera.

 

Se sabe que fueron a la cárcel unos, y que otros no, y resultó sorprendente.

 

Se sabe, finalmente, que el golpe, o lo que fuera eso, no triunfó. Quedémonos con eso.

 

Sobre todo por síntesis, que confío en que se me disculpe, dado que  este artículo pretendía una visión express del 23-F Para lectores con prisa y/o muy jóvenes.

 

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