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Alejandro Garrigós Jiménez responsable de Hospitalización y Urgencias.
En el servicio de Urgencias y Hospitalización del Hospital Veterinario de la Universidad de Murcia disponemos de diversos servicios y entre ellos se encuentra el de Hospitalización y UCI, con el equipamiento necesario para atender a los pacientes más graves. Muchos de estos pacientes necesitan una transfusión de sangre. Los beneficios terapéuticos hacen de las transfusiones de sangre y sus derivados una herramienta muy útil en diversas situaciones, aunque hay que saber administrarlas adecuadamente ya que no están exentas de riesgos.
Tradicionalmente, la sangre completa era el único producto utilizado para transfusiones en perros y gatos. Actualmente, la sangre completa se puede separar en diferentes componentes, permitiendo transfundir a cada uno de nuestros pacientes, el producto más indicado en función de la patología que el presenten. Siempre seleccionamos el que aporta máximos beneficios y mínimos riesgos; por ejemplo, si hay un traumatismo con hemorragia activa utilizamos sangre entera, para enfermedades autoinmunes que producen anemia o disminución de las plaquetas reponemos sólo glóbulos rojos o plaquetas respectivamente, en alteraciones de la coagulación (como intoxicaciones, golpes de calor...) se utiliza plasma y por último, también se pueden realizar transfusiones de albúmina cuando ésta está disminuida de forma severa.
Una vez decidido el compuesto sanguíneo que se va a utilizar, lo primero es realizar el tipaje de la sangre, es decir la determinación del grupo sanguíneo. En la especie canina existen ocho grupos sanguíneos; de todos ellos, el que tiene mayor poder antigénico y por tanto, mayor riesgo de reacciones adversas es el DEA 1.1, que puede ser positivo o negativo. En base a esto, el donante ideal (“universal”) sería un perro DEA 1.1 negativo; sin embargo, a diferencia de las personas, los perros no tienen anticuerpos preformados (aloanticuerpos) contra otros grupos sanguíneos, por lo que a efectos prácticos, la primera vez que a un perro se le transfunde sangre ésta puede ser de cualquier grupo, sin necesidad de pruebas de compatibilidad, aunque siempre es más seguro realizarlas. Para futuras transfusiones sí se necesitarán, pues ya sí que se habrán creado anticuerpos.
En gatos hay tres grupos sanguíneos principales: A, B y AB. La frecuencia de presentación varía mucho con la raza y la zona geográfica, pero en general el grupo A es el más frecuente y el AB el menos frecuente. Al contrario de lo que sucede en perros, en gatos sí existen aloanticuerpos naturales contra otros grupos sanguíneos, incluso en animales que no han recibido nunca una transfusión sanguínea. Se pueden producir reacciones fatales transfundiendo menos de 1 ml de sangre incompatible, lo que implica que en gatos siempre es necesario comprobar si el donante y el receptor son compatibles mediante tipaje sanguíneo y pruebas de reactividad cruzada incluso en la primera transfusión.
Debido al riesgo de reacciones adversas, los pacientes sometidos a una transfusión deben ser vigilados estrechamente por nuestro personal de UCI, monitorizando las constantes vitales desde el inicio hasta dos horas después de la transfusión, para detectar rápidamente si hay alguna complicación y actuar en consecuencia.
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Paciente recibiendo una transfusión de concentrado de eritrocitos debido a una anemia causada por Leishmania.

