
Me llamo Alma y hasta hace dos días formaba parte de los humanos vivos, pero eso ha cambiado… Ahora lo veo todo desde otra dimensión
- ¿Existe el demonio? - dijo Manu mientras comía pipas sin cesar.
Tres amigos sentados en un banco del parque charlaban relajados.
El jardín donde se encontraban estaba frente a la iglesia del pueblo. Era domingo y había un gran bullicio de gente que se preparaba para entrar a misa. Me uní a la conversación de los chavales en modo “escucha”.
- Mirad hacia allá chicos, dijo señalando a todas aquellas personas que esperaban la hora de la misa, mi duda va más allá Manu. ¿Está entre ellos el demonio? - preguntó Isaac a sus acompañantes.
- Estoy convencido de ello - comentó Hugo. Y continuó diciendo: - El diablo es la envidia que siente aquella mujer que está lista para entrar a la iglesia ahora mismo y cada vez que sale a tender le desea algo malo a su vecina.
- Estoy de acuerdo - continuó Isaac. Es también la traición de aquel señor que mira hacia arriba, cuando se siente enfadado y habla mal de su amigo.
- Así es, también es la ira de aquel otro hombre que va del brazo de su mujer, que arremete contra ella cuando está insatisfecho - dijo Manu.
Los tres chavales pensaban que el mal estaba en muchas partes y desde luego no había que bajar al infierno para encontrar al diablo en cualquiera de sus manifestaciones.
- ¿Y cómo terminar con él? - preguntó Isaac.
- El mal es tan antigüo como el propio mundo. La misma historia está repleta de comportamientos que están impregnados por él. A veces de manera tan sutil que puede pasar desapercibido, en caras angelicales, en demostraciones hipócritas, en silencios indiferentes... pero ahí está, acechando, sin dar tregua, como una espada de filo helado y tacto suave - le contestó Hugo.
- ¡Acabar con él! - exclamó Manu. Una utopía grandiosa, queridos amigos.
Intereses encontrados que propician caldos de cultivo idóneos para machacar al de al lado. Grupos unidos con un fin común contra alguien en particular a quien hacen polvo. Actuaciones que van únicamente en una dirección equivocada pero aplaudida. Burlas infundadas e irracionales pero alabadas. .
No señores, no hace falta ver a la bestia vestida de rojo con un tridente para estar cien por cien seguro de que existe el demonio. Lo que hace falta es plantarse cuando lo veamos, mirarlo de frente al tenerlo delante, no flaquear al tenerlo al lado, mirarlo a los ojos y reconocerlo, no sucumbir a su jolgorio aparentemente inocente pero cargado de vacíos infinitos.
Así y únicamente así, comenzaríamos a cederle paso a la luz que despeja ese sin fin de comportamientos que son en sí el mismo diablo, que siempre ha existido pero que en el camino hacia la eternidad se puede ir disipando y desaparecer por completo, sin dejar rastro, sin hacer ruido, sin que nada nunca más perturbe la Paz.
Los tres amigos se fueron convencidos de que en cada persona existe el poder de cambiar el mundo y que cuando esto pase, la respuesta a las preguntas de Manu e Isaac será diferente por parte de Hugo y en vez de contestar que está en todas partes, responderá que no.
Pero para eso, amigos, aún quedan unas cuantas lunas... así sea.
Si lo tienes cerca, ladéate sin mirar atrás y si no puedes escapar a sus garras sostenle la mirada y no te dejes engatusar. Si te roza con su rabo esquívalo y si te lacera con sus pinchos cúrate las heridas, pero siempre ten en cuenta que el diablo disimula y si te descuidas te puede atrapar, y para acabar con él no hay que hacerle ni caso.
Hasta pronto mis queridos lectores. Mariate.

