
Coges el coche para iniciar el viaje que has programado casi al detalle, parece que todo está controlado pero al poco de iniciar el trayecto te encuentras con un atasco, tu hijo se hace pis, la botella de agua se te ha olvidado en la encimera de la cocina y la batería del móvil está a media carga. Esas dificultades son también parte del equipaje pero como no quieres llevarlas en la maleta, empiezas a estresarte. Y comienza la visión en túnel, y sólo ves pis, agua, cargador, y así no se puede disfrutar del viaje; sabes que estás cayendo en barrena pero no sabes hacia qué lado, dando volantazos personales mientras pierdes el control de la situación. Pero, ¿parar ahora, cambiar el itinerario después del dinero y la ilusión invertida? Muchos seguimos con el viaje, yendo en picado, ¡pase lo que pase!
O yo, sin ir más lejos, ayer en el hospital con mi hija, revisión de urgencia sin cita previa con el especialista. Me dicen que vaya a primera hora que me van a atender enseguida pero la realidad fueron dos horas de espera, con mis pacientes agendados en horario normal; empieza a caer la bola de nieve que me quiere aplastar “no llego, no es justo...” en plan desastre total, hasta que cojo el control y decido actuar ante la situación. Recalculo ruta y decido anular y retrasar citas, hacer llamadas pendientes, hablar con mi hija sobre lo que haremos en vacaciones. Ya tengo el control y disfruto del viaje sanitario que me toca vivir en ese momento.
La vida es igual, es otro viaje. Hacemos planes a diario e incluso planeamos de por vida aspectos que no podemos controlar. Idealizamos trabajos, hijos, parejas, amigos e incluso el día y esa brecha entre el deseo y la realidad nos jode literalmente el viaje. El discurso sería es que yo creía, yo pensaba, yo esperaba... Problema tuyo lo que esperas de la vida y de la gente porque lo que realmente deberías es disfrutar del viaje, con lo que tienes delante y no con lo que te gustaría tener.
Y es que aunque ir para adelante parece inteligente, podemos ser muy burros y perder mucho campo visual por las anteojeras que llevamos. En más de una ocasión vamos con la zanahoria delante sin ser conscientes de lo que nos rodea o de lo que se nos presenta por el camino. Y es que es fácil continuar por el mismo sendero a pesar de la evidencia en contra, centrándonos más en el esfuerzo y tiempo invertido del pasado que en la mejora de otro camino futuro. HAY QUE SER BURROS. Y lo somos. Pero es que después de tantos años juntos, cómo me voy a separar; o después de haber empezado este curso, cómo me lo voy a dejar; o después de tanto esfuerzo en mi negocio, cómo voy a cerrar,… de burros querer que las cosas cambien sólo por desearlas o mantenerlas.
Caemos en la falacia del cambio, esperar que los demás cambien para yo ser feliz. Mi consejo es que si te acoges a ese pensamiento, cojas una silla cómoda porque vas a estar mucho tiempo esperando, quizás toda la vida. Albert Ellis en su teoría del ABC, dice que entre A y C está B, nuestro sistema de creencias y que la perturbación emocional(C) no está provocada por la situación(A) sino por la interpretación que hacemos de ella (B). Mi estrés y frustración no era por el hospital sino por lo que yo estaba pensando sobre la espera y mi agenda.
Hay trampas que nos ciegan y que nos impiden recalcular ruta, sabiendo que es una calle sin salida. Pero es ciego para uno porque los demás sí lo ven y te lo dicen y te lo vuelven a decir pero no lo ves y desconfiamos del consejo y seguimos en el camino sin salida. Pero no seguimos esa ruta porque creamos de verdad que de pronto aparecerá un camino a la derecha, tan burros no somos, sino porque creemos que salir ahora de esa calle puede ser un fracaso y me lamentaré de no haberlo intentado lo suficiente, como si esta vez la calle hiciera obras y tuviera salida; a la espera como el adicto al juego que cree que al final le tocará. Si te toca algo es fracasar, lo único real de esa calle sin salida. Es cierto que hay un costo que no se recupera pero también es verdad que si me quedo allí el costo será mayor.
Cuando dicen que el hombre es el único animal que cae dos veces en la misma piedra, no es sólo un dicho. Nos encariñamos de la piedra, cada uno por un motivo distinto pero todos por el miedo a sentirnos fracasados. Salir de la zona de confort puede doler pero quedarse es sufrimiento gratuito, es como llevar unos zapatos con dos tallas menos sólo por el placer al quitártelos. Y no es lo mismo fracasar que ser un fracasado. Todos fracasamos y ninguno somos un fracaso. Pensar así, sería una burrada.
Si el pasado te muestra lo que no ha funcionado, ¿por qué te empeñas en repetir? Mira tu pasado, recalcula ruta y entonces acertarás, con un plan nuevo, en otra dirección, con nuevos objetivos.
Espero que todas las burradas que he dicho no hayan sido un fracaso para el lector.! Buen viaje, sin zanahoria y con otra ruta, ¡si quieres que las cosas cambien para ti!
Nos vemos pronto. Un abrazo. Esther.

