España vs Argentina en 2006
Se preguntará el lector a cuento de qué traer a colación aquí el partido amistoso que, para la inauguración del Estadio Nueva Condomina, enfrentó a estas dos selecciones el 11 de Octubre de ese año.
La razón es que me ha venido a la cabeza ese pensamiento que a veces nos viene de los buenos tiempos. Aquellos buenos tiempos que denominamos así porque no los acotamos bien, ni nos preocupamos de desmenuzar adecuadamente, por temor a que no fueran tan buenos tiempos. Preferimos quedarnos con el arcano. Más finamente expresado, optamos por un concepto deliberadamente abierto de la expresión.
Cantidades ingentes de gente, para lo que es nuestra cilindrada aquí en Murcia, acudieron al Estadio. Media Murcia y contingentes de provincias limítrofes. La sensación era de que ya entrábamos en una nueva era; que por fin se hacía justicia, que era nuestra forma de resumir que alguien había tenido una buena idea, y la había llevado a cabo.
Y los palcos. La invitación a uno de ellos constituía una prueba inequívoca, si bien provisional, de que eras alguien, y a sentido contrario, igual. En los palcos se producía una mezcla enormemente interesante de gente, cual Torre de Babel con su sentido interno. En primer lugar el titular o titulares del mismo que se deshacían en atenciones a sus invitados, orgullosos de proporcionarles acceso, ubicación y vistas VIP al partido. Era como un debut para la parroquia de aquí, de lo que ellos mismos habían visto como invitados cuando asistían al Bernabéu en tal condición.
Luego, perfectamente identificables, estaban proveedores, captadores, clientes e interlocutores, observados por la que podríamos llamar sección de financiadores. Y como complemento, siempre había alguien que nadie conocía, normalmente de la zona de Elche o Novelda, incluso Alicante que, por lo que se iba descubriendo, era un poco la interface de todos los que estaban allí. Todo eran sonrisas, un ambiente de camaradería de indiscutible aroma castrense y de razonables modales, al estilo de aquí.
En el intermedio del partido unas buenas tandas de morcón y blanco, pastelicos de carne y sobrasada a prueba de estómagos vikingos. Y muchos quinticos. Más sonrisas y primeros corrillos, agrupados por CNAE`s, dentro de las posibilidades que ofrecía las dimensiones del palco. Alguna mirada, presentaciones, interés por conocer y ser conocido. Algunos se quedaban un poco en off y miraban alrededor, dando buena cuenta de una bandeja de magra con tomate. Debían ser del tercio de proveedores, y tal vez no repitieran ya en la próxima cita. Siempre emergía la figura del cohesionador, el hombre de aquí que tendía puentes, describía horizontes comunes, despojaba a los temas de cualquier peso que supusiera, como decirlo, ralentización. Dibujaba claramente el escenario, siempre que el escenario lo incluyera a él.
Concluida la cita, todos esperaban ser convocados a la próxima. Pero no. El sistema de asignación de plazas era inobjetable en cuanto a eficacia y coherencia interna. Nunca se desvelaban sus criterios, pero todo el mundo los entendía. Incluidos los proveedores, por supuesto.
Buenos tiempos que hoy se evocan con melancolía por algunos, sabedores de su contribución al espejismo. Conocedores de que la gloria, como una nube, desaparece si miras otra vez.
Ah, y además ese día ganó España. Y ya fue el copín.





















