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ENTRE TÚ Y YO

Movida, poesía y recuerdos

Ángeles Hernández-Gil Jueves, 25 de Marzo de 2021 Tiempo de lectura:

 

La movida madrileña surgió desafiante en 1980 en los primeros años de la transición. Otras ciudades como Barcelona, Valencia, Vigo y Torremolinos la tomaron como modelo para hacer de la noche la reina de movimientos culturales: grupos musicales, cantautores que encontraron un medio de promocionar una cultura nueva, dando salida a una creatividad pintoresca, descreída y necesaria, en esos momentos en los que las corrientes de apertura y libertad necesitaban hacerse un hueco. Fue como una iniciación al mundo de los sentidos, con la noche como protagonista de esta historia.

 

Este fenómeno coincidió con la despenalización de la homosexualidad, la venta de anticonceptivos, el resurgimiento del feminismo y el laicismo en la sociedad. La movida dio lugar a la aparición de la persona “progre”, una figura que se le podía reconocer con cierta facilidad por su atuendo de pana, el pelo largo, a veces barba en el caso de los hombres, y el complemento de gafas redondas. Aparecieron cantautores de canción protesta y del rock más ruidoso. Lecturas y películas comprometidas, con temas sociales y de denuncia. Es en ese momento cuando se pone de moda ser político porque se lleva, y porque las aspiraciones son políticas.

 

Una tribu urbana, joven, pasó a asumir un protagonismo que rompía los roles en una situación de cambio. Precisamente personas de clase media o alta, de izquierdas, con reivindicaciones de la clase obrera, con inquietudes intelectuales en sintonía con el Mayo Francés. Un sueño para conseguir un mundo mejor, aunque sus figuras iconos fueran el Che Guevara y Fidel Castro entre otros. Está claro que su enemigo era la derecha pura y dura. Conversaciones interminables en bares, en unas tertulias casi clandestinas y sus arranques de rebeldía, que no venían de la pobreza sino de la aspiración de cambiar el mundo. Quien no sucumbió a la movida perdió algún tren importante en su vida, parecía decir un invisible eslogan.   

 

De esta manera la vida ha ido evolucionando hacia la noche. A lo largo de los años los hábitos han cambiado el ocio, las diversiones, las salidas nocturnas de fin de semana. Un sentimiento unánime de concebir la vida, se ve alterado por una fiebre callejera, por la fiesta. Y la noche sigue ofreciendo las posibilidades a grupos que descargan su adrenalina en el alcohol, las drogas, el movimiento y las relaciones esporádicas, dudosas, sin consistencia. La noche devalúa los valores conseguidos durante las horas empleadas en el trabajo y actividades de otra índole. Y ya no existe movida con pretensiones más o menos culturales, es una idea fija, algo cotidiano que afecta en gran medida un modo de comportamiento. Un fenómeno asociado a la pandemia, al sol y la playa, nos convierte en el paraíso, del “todo vale”, de Europa. Por supuesto no es mi intención hacer una crítica social de todo esto, es como hablar de un hecho que está presente, y que observo.

 

Pero concebir la vida de otra manera también tiene una buena lectura para los que hemos llegado a un cansancio existencial, por suerte muchas veces renovado.

 

La poesía está de celebración esta semana. El día de la poesía es ideal para apoyar la diversidad lingüística; representa y hace referencia a la cantidad de lenguas que existen. Una manera de concebir lo que ocurre, lo que se percibe a través de una sensibilidad enmarcada en la estética y el vanguardismo del momento que se vive. Me permito para cerrar hoy el artículo, elegir un poema de un joven escritor extraordinario, que nos dejó un esplendor de palabras maravillosas enlazadas con la valentía de quien las siente seguras de su belleza NACHO ALBERT BORDALLO:

            El grito de Munch es la nieve olvidada,

            eternidad verde de Joyce,

            notas discordantes que trascienden

            de páginas paradisíacas.

            No hay primeras luces.

            Ni segundas siquiera.

            Si las hubiesen

            los relojes sordos retumbarían

            Como buitres al amanecer,

            como bombas de neutrones

             en el pecho.

            El silencio:

            Bostezo con un anónimo empedernido.

            No es ninguna realidad.

            Ni un milagro ni una presunción.

             Ni un vago recuerdo siquiera.

                                                                       ¡¡Disfrutemos de la poesía!!

 

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