
La comunicación y, más concretamente, la comunicación interna lleva años siendo un objetivo estratégico de las empresas.
El fundamento de esta situación no está en una moda recientemente instaurada, sino que nace en los orígenes del ser humano.
Unos de los factores que han hecho que el ser humano evolucione como lo ha hecho ha sido su capacidad de comunicación establecida por sistemas complejos. Esto ha hecho que se sitúen en lo alto de la pirámide.
En la prehistoria, los humanos necesitaban transmitir entre ellos información valiosa para su subsistencia: dónde estaba la caza, el agua, un refugio.
Más tarde, sintió que debía dejar legado de su paso por la Tierra y comenzó a transmitir a las nuevas generaciones su modelo de vida y su sabiduría.
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En todas las edades del hombre si algo hay en común es la necesidad de comunicar el pasado, el presente y la predicción del futuro. Profetas, líderes, dictadores; buenos y malos, en definitiva.
Si bien cada uno de ellos ha tenido que salvar una dificultad mayúscula en el proceso de comunicación y es que no existe proceso de comunicación si el receptor no ha sido capaz de captar el mensaje. Eso de que la culpa de que no se entienda un mensaje es siempre culpa del emisor y no del receptor. Sobre esto último hay diferentes opiniones que no entraré a valorar.
Este marcaje genético que acompaña al ser humano (necesidad de comunicarse) tiene un impacto en el desarrollo del ser humano. Haciendo una regla de tres sencilla, si las empresas están formadas por personas y las personas necesitan comunicarse, en consecuencia, las empresas necesitan comunicarse.
Ahí es donde las compañías han establecido una de sus prioridades. Si preguntamos a varios directores de RRHH o CEOs sobre la comunicación interna un porcentaje alto indicará que es un proceso de continua mejora dentro de su organización y que desarrollan actuaciones específicas para conseguir cumplir el objetivo de que todo lo que la empresa quiera transmitir les llega a todos los empleados y, que ese proceso no es solo descendente sino ascendente y horizontal.
Debemos reconocer que tenemos un amplio campo de actuación en este ámbito, donde tenemos que corregir esas comunicaciones informales, que tanto daño le hacen a la empresa, y que yo lo llamo "cotilleo de la máquina de café".
Las empresas que consiguen establecer canales de comunicación fluidos y transparentes tienen altos ratios de productividad y, en consecuencia, de rentabilidad.
El "santo grial" de la comunicación interna está en encontrar la fórmula que garantice que tu mensaje, seas empresa o empleado, llega al 100% del público para el que se ha diseñado.
Recursos Humanos tiene una apasionante tarea por delante en este tema. Desde la creatividad hay que poner en marcha todos los canales necesarios para conseguir cumplir con nuestro objetivo: intranet, redes sociales corporativas, herramientas 3.0, herramientas tradicionales (tablón de anuncios, correo, folleto), …
Lo que no vamos a cambiar es la marca genética que tienen las personas en la necesidad de comunicarse continuamente. Solo tengamos una cosa presente Haz lo que debas, di lo que haces.

