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ENTRE TÚ Y YO

Conexiones mágicas

Mariate Almela Viernes, 16 de Abril de 2021 Tiempo de lectura:

 

 

Me llamo Alma y hasta hace dos días

formaba parte de los humanos vivos, pero

 eso ha cambiado…Ahora lo veo todo

 desde otra dimensión.      

 

 

Te daría mi experiencia, sabiduría y conocimientos para que nunca te ocurriera nada malo, pero no puedo, todo en este mundo debes vivirlo en primera persona.



Así comenzaba el tema que se trataba en la charla de la sala de al lado. Tras la puesta en común sobre el tema de la felicidad en el que me colé hace unas semanas, me había quedado por allí para ir empapándome de las experiencias y conocimientos de aquellas personas.

 

- Desde el primer momento en el que intuimos que llevamos en nuestras entrañas un nuevo ser, se abre un nuevo camino hacia la vida en el que ya no eres un cuerpo con un alma, eres dos. Y eres tantas veces como ellos son - comentó Encarna mientras daba paso a su compañera Reme.

 

- Sentimientos de protección despiertan de manera involuntaria en nosotras y nos acompañan para siempre. En forma de velo transparente que cubre hasta donde llegan nuestras alas, extendiéndose tanto como la distancia nos separa cuando ellos crecen y se van de nuestro lado - siguió Reme abriendo su corazón.

 

- Nada malo quisiéramos que les pasara. El vínculo que nos une con ellos se genera en décimas de segundo, en el momento en el que una sabe que dentro lleva una nueva vida que late tan fuerte como el sentimiento que nos invade - continuó expresando Natalia.

 


Absolutamente nada se puede comparar al nexo entre madre e hijo. La existencia es efímera y fugaz, lo sé por experiencia propia. Y somos capaces de dar vida y volverla a dar. Ir creando millones de latidos en cuerpos diminutos que nos dan felicidad. Latidos que son compartidos involuntariamente, pero que se desean desde el primer momento en el que los sentimos.


Y deseé decirles a todos y cada uno de mis hijos estas palabras:



“Eso sois para mí, vidas en mi vida, cuerpos en mi cuerpo, corazones en mi corazón.

Principio que todo el tiempo es principio, inicio que lo es desde que existes, hijo mío. La luz que alumbre tu camino que yo te la pueda dar y tú la recibas y la lleves siempre contigo.

Sabiendo todo esto entenderás porque el amor sí puede ser infinito y nuestra conexión será mágica para siempre.”



En la sala se hizo un silencio, como si hubieran podido percibir mis palabras, como cuando pasa un ángel fugazmente y con el sigilo al que estoy acostumbrada, me marché recordando que el amor que se siente por un hijo es lo más grande que puede sentir un ser humano y no puede compararse con nada; son conexiones mágicas que, a modo de red, se tejen durante toda nuestra existencia y aunque uno muera nos acompañan por siempre.

 



Abrazo fuerte mis lectores y esta semana en especial a mis hijos, a quienes quiero infinito. Mariate.

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